Superestrella 60. CAPÍTULO 60
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60. CAPÍTULO 60

Mientras Enrique y yo nos aseguramos de que Jesús paga realmente, Lía habla con Olivia y le da un abrazo. Una vez que la tarjeta de Jesús pasa por el datáfono, Enrique y yo le damos dos palmadas en la espalda a Jesús y salimos del restaurante.

—Me lo he pasado genial, tenemos que repetir —digo mientras voy dando dos besos de despedida a Olivia y Violeta.

—Sí, yo también —dice Enrique haciendo lo mismo.

—Vi, ¿te llevamos? —dice Amelia mientras le doy las llaves de mi coche a Enrique.

—Si no os viene muy mal, sí —dice Violeta mientras se aleja con Amelia y Enrique hacia el coche.

—Nosotros nos vamos a tomar la última a Pacífico, ¿os venís? —dice Jesús.

—Qué va —digo mirando a Lía—, nosotros preferimos aprovechar la noche de otra manera.

—Muy bien —dice Olivia acercándose a Lía para despedirse—, a por la tercera —consigo oír que dice.

—Hasta luego —digo cogiendo la mano de Lía, arrastrándola en dirección contraria.

—¿A dónde me llevas? —me pregunta riendo.

—Déjate llevar, aunque antes de nada… —freno en seco y con mi mano sostengo su barbilla—, necesito besarte.

Y eso hago, la beso con pasión, con todo el deseo que llevo intentando controlar durante la cena.

Mis manos bajan a su trasero y con una de ellas empiezo a explorar, subiendo por debajo de la americana.

Exploro poco a poco y no encuentro ningún rastro de tela en el interior.

Cuando casi llego a su sexo, la mano de Lía frena la mía con agilidad.

—Aquí no —me dice conteniendo su deseo.

—Es verdad que no llevas nada —digo con perversión.

—Ya te había avisado —dice con sensualidad.

¡Uf!, me va a matar. Ya noto cómo el calor sube por mis venas encendiendo cada centímetro de mi piel y nublando mi juicio.

—Ven, vamos —digo haciendo un esfuerzo por controlarme.

Andamos hasta la esquina del restaurante donde he aparcado la moto esta tarde con la esperanza de que Lía y yo nos quedáramos a solas.

—Yo no me monto ahí ni loca, y menos con el modelito que llevo hoy —me dice segura de sí misma.

—Si quieres vienes andando y yo voy con la moto al lado —digo vacilonándola.

—No serías capaz —me dice amenazándome.

—Toma —le doy el casco que saco de una maleta que tiene la moto mientras saco el mío del lado contrario.

—Vale, ¿y qué quieres que haga con el casco? Sigo teniendo el problema del conjunto que llevo, se me va a ver todo.

—Tienes suerte de que sea un hombre preparado —digo sacando una chaqueta con capucha de dentro del casco que me iba a poner.

—No esperaba menos de ti —dice Lía respondiendo mientras se pone la chaqueta en la cintura y se la ata.

—Bueno, estamos preparados entonces —digo mientras me pongo el casco y subo a la moto.

Lía se agarra a mi cintura y noto cómo su casco choca suavemente con el mío. Arranco y me dirijo al sitio donde comenzó todo, donde el mundo se paró y la música volvió a sonar.

—Bueno, pues ya estamos —digo apagando la moto.

—La verdad es que nuestro refugio da un poco de miedo por la noche.

—Está desierto, pero mira qué horas son —miro el reloj del móvil.

—¿Qué hora es?

—Pues la hora de siempre, Lianta, las tres de la mañana —digo sonriendo—. ¿Vamos? —digo ofreciendo mi mano a Lía para bajar de la moto.

—Vamos —dice ella aceptando mi mano.

Dejamos los cascos en las maletas y la chaqueta también. Andamos hacia nuestro banco, iluminado tenuemente por una farola lejana. Nos sentamos y, en silencio, nos ponemos a mirar el firmamento.

—Me encanta este parque, pese a estar en Madrid se pueden ver medianamente bien las estrellas —digo observando las pocas constelaciones que se ven.

—La verdad es que estoy agradecida de que compartieras tu refugio conmigo —dice Lía cogiéndome la mano.

—Nuestro refugio ahora —matizo—, y tiene unas pocas sorpresas más. Mira la cobertura —digo sonriendo.

—No hay señal —dice Lía sorprendida.

—No, es el lugar perfecto para escondernos del mundo.

—Un momento, pero estando aquí Vi te llamó y había señal —dice Lía confundida—, y el otro día me llamó también y tenía cobertura.

—Hay una línea de cobertura justo donde estoy yo sentado. Es un lugar para estar desconectado, pero hay que saber dónde ponerse por si hay una emergencia, o una estrella del pop necesita que su mánager la llame —confieso mientras la miro y sonrío enamorado.

—Y yo que pensaba que no podías sorprenderme más… —dice Lía acercándose a mí.

—Aún me queda un as bajo la manga, pero antes quiero hacer algo —digo sacando las llaves de la moto del bolsillo.

—¿Qué piensas hacer?, ¿poner nuestras iniciales en el banco como dos adolescentes? —dice Lía nerviosa.

—Qué va, algo mejor, voy a escribir "Te Quiero" así, si vienes sola por lo que sea, cuando te sientes en nuestro banco lo sabrás —digo mientras lo voy escribiendo.

—Estás ganando muchos puntos esta noche —dice Lía sonriendo.

—Pues aún queda lo mejor —digo terminando de escribir en el banco.

—Estoy preparada —dice Lía decidida.

—Ven.

La cojo de la mano y la llevo hacia el lago. Está oscuro pero consigo distinguir el camino escondido que sé que hay para llegar hasta un pequeño muelle. Llegamos sin tropezarnos gracias a la linterna de mi móvil.

—Este lugar está lleno de sorpresas —dice ella observando el muelle.

—Este lugar es íntimo, aquí podemos hacer lo que queramos sin miedo —digo poniéndome delante de ella.

—Pues vamos a hacer lo que llevo toda la noche deseando —dice mientras se desabrocha la americana y la deja caer en el suelo.