Superestrella 58. CAPÍTULO 58 #2
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58. CAPÍTULO 58 #2

—Violeta —dice Enrique, girándose hacia ella—, háblanos del pequeñajo y ¿cómo es que no has venido con tu pareja? —hace una pausa Enrique, sin duda pensando lo entrometida que es la pregunta—. Si no te importa que lo pregunte —añade.

—No te preocupes, Jenry, mucha gente me lo pregunta, estoy acostumbrada… —contesta Violeta, tocando el brazo de Enrique.

—Sí, es verdad, Vi, cuéntanos algo sobre ti —dice Jesús, intentando no ser el foco de atención.

—Pues veréis, soy madre soltera desde hace ya cinco maravillosos años, lo tuve con veintidós años —dice tranquilamente.

—Guau, una mami bien joven —se sorprende Enrique, mirando a Violeta con admiración.

—Imagino que no fue planeado —dice Amelia.

—Sí lo fue. Al contrario de lo que podáis pensar, mi pequeño Leo no fue una noche de desenfreno o un novio que salió mal —dice Violeta suspirando—, desde muy joven siempre he querido ser madre y, digamos que pese a mi juventud, nunca ninguna pareja de las que tuve ni de las que me imaginé que tendría darían la talla, estoy segura —sentencia.

—¿Entonces? —pregunta Jesús—, ¿el Espíritu Santo o qué? —pregunta Jesús confuso.

Ante ese comentario soltamos todos una carcajada, incluida Violeta.

—Madre mía, qué bruto eres. Luego pretendes que creamos que tú eres sensible —dice Enrique—. Perdona a Jesús, no lo dice con mala intención —dice Enrique mirando a Violeta, tocándole el brazo para que continúe.

—No te preocupes, Jenry, no me ha ofendido para nada —ríe Violeta—. Pues veréis, me inseminé artificialmente. Fue un proceso duro pero, gracias a mis maravillosas amigas aquí presentes, se hizo mucho más llevadero —dice Violeta mirando orgullosa a Lía y Olivia.

—Gracias a ti, Vi, por darnos al sobrino más bonito del mundo —dice Lía emocionada.

—Gracias por darme al único hombre que sé que no me va a hacer daño nunca —dice Olivia sonriendo con dulzura.

—¡Oye! —dice Jesús ofendido.

Olivia mira a Jesús con cara de, ¿me lo vas a discutir?.

—Increíble, Vi. ¿Y cómo es ser entonces madre soltera?, ¿tus padres te ayudan o te las apañas sola?, ¿cómo es? —pregunta Enrique interesado.

—Antes de que te asustes —digo rápidamente—, déjame decirte que Jenry siempre ha querido ser padre joven también, lo que pasa es que no se han dado las circunstancias… Hasta ahora —miro a Amelia burlón.

—Hasta ahora y aún —dice Amelia, sacándome el dedo.

—Pues verás —dice Violeta divertida por la situación—, no voy a mentiros y deciros que es durísimo.

Para mí no lo es. Afortunadamente, con dinero puedes tener mucha ayuda.

Mis padres son de Barcelona, no pueden ayudarme habitualmente, Lía y Oli hacen lo que pueden, así que normalmente entre el niñero y yo nos apañamos.

—Y nosotras tampoco es que podamos ayudar demasiado. Normalmente cuando Vi tiene que trabajar es porque lo hace con nosotras —dice Olivia.

—No es fácil tampoco, pero es que es todo lo que siempre he querido —dice Violeta bajando la mirada.

—Yo cuando sea madre quiero dedicarme totalmente a mi mi hijo, me he planteado incluso pedir una excedencia para poder criarle —dice Amelia.

—Respeto esa manera de hacer las cosas pero, a mí eso no me vale.

Obviamente quiero pasar cada segundo con mi pequeño, Dios sabe lo rápido que crecen.

Pero también es verdad que aunque sea madre, no es lo único que soy —dice Violeta con una media sonrisa—, no es lo que me define.

También soy mujer, una mujer trabajadora.

No me gusta que nada de lo que hago sea lo que me defina, al final todos somos varias cosas —explica con tranquilidad Violeta, mientras todos la miramos interesados—.

Mirad a Jesús, por ejemplo, parece un ligón de manual, el típico pichabrava, y tiene una sensibilidad especial que no tienen muchas personas.

No se le puede definir por una sola cosa, no sé si me explico.

—Estoy totalmente de acuerdo contigo —dice rápidamente Enrique.

—Pues yo prefiero tener tiempo de criar a mi hijo veinticuatro siete, aunque sí te tengo que dar la razón en que ser madre no es lo único que nos debe definir —responde Amelia asintiendo.

—¿A qué te dedicas tú, Amelia? —pregunta Olivia.

—Soy guía turística aquí en Madrid, puedo hacerte un museo como un recorrido histórico por el casco antiguo, o un paseo por el Retiro —responde Amelia.

—Así me enteré de la exposición de Jesús, me lo contó Amelia —añade Enrique.

—Y ¿cómo os conocisteis? —pregunta Violeta desenfadada, mientras mira a Amelia y Enrique.

—Pues verás, todo fue gracias a un café. Estábamos Alonso y yo aburridos en un día de esos que no hay mucho que hacer, y entró ella. Cuando Al fue a atenderla, le hice la señal y se hizo el loco para que pudiera atenderla yo.

—La verdad es que le notaba muy nervioso —dice riendo Amelia.

—Pues al final me gustó tanto que le puse el número de teléfono en el café y bueno, ella me escribió. El resto ya es historia —dice Enrique con una sonrisa tonta.

—La verdad es que al principio lo hice porque estaba muy bueno, aunque cuando tuvimos la primera cita de verdad me enganchó —dice Amelia enamorada—, y no precisamente por los pájaros en la cabeza que tiene —añade severa.

—Ya estamos otra vez… Que no es un sueño vacío… —dice defendiéndose Enrique.

—La pastelería, ¿no? —digo sospechando.

—¿Pastelería? —pregunta confusa Lía.

—Veréis —empieza a explicar Enrique—, siempre he tenido el sueño de abrir una pastelería, pero una pastelería diferente. Bueno, en verdad un café-pastelería…

—Me parece una idea maravillosa —dice Violeta sonriendo.

—Por fin alguien que me entiende —dice mirando a Amelia con suficiencia.

—Pues a mí me parece un sueño infantil. En Madrid, un café-pastelería diferente, permíteme que dude que eso vaya a funcionar… —dice Amelia confiada.

—¿Por qué no iba a hacerlo? —pregunta Violeta intrigada.

—Porque en Madrid tiene que haber cientos. ¿Por qué la suya va a triunfar? —dice Amelia, exponiendo su punto de vista con firmeza.

—Te lo he explicado mil veces —dice Enrique molesto—, va a triunfar porque es diferente. ¿En qué café-pastelería te sirven lo que pidas incluyendo una lectura que elijas del menú?, ¿o en qué café ahora mismo te dejan estar con tu mascota?

— Será diferente, pero de donde sacas el dinero para empezarla, apenas podemos ahorrar para irnos a vivir juntos. —le reprocha Amelia con cariño.

—Yo le he dicho mil veces que le dejaba el dinero —dice Jesús.

—A ver, que puedes ser un fotógrafo famoso, pero no creo que tengas el dinero suficiente para invertir. Comprar el local, reformarlo, contratar gente… Son muchas cosas, Jesús —dice Amelia—, no quiero parecer la mala que no cree en un sueño, soy la realista.

—Esa es otra cosa que debería deciros ya que estamos confesándonos cosas hoy… Digamos que era socio mayoritario de Search Foundation… —dice Jesús con una sonrisa tímida.

—¿Esa no es la empresa que acaba de comprar Amazon? —digo dudando.

—Por eso digo era. Nos han comprado la empresa por unos pocos millones —dice Jesús como si nada.

—¿Pocos? —dice Lía sorprendida.

—Unos cuatrocientos setenta y dos millones… —dice Jesús como si nada.

—Un momento —digo ubicándome—, ¿me estás diciendo que eres millonario y siempre teníamos que estar invitando Jenry y yo a las cervezas o en los festivales porque nunca tenías pasta…? Yo te mato.

—Bueno —dice Jesús, encogiéndose de hombros—, técnicamente millonario soy ahora, antes no. De todas formas, ¿por qué crees que sigo siéndolo? Cuido mucho de mi dinero.

—Tú le sujetas y yo le doy —dice Enrique levantándose de su sitio.

—Me parece bien, Jenry. A por él —digo haciendo lo mismo.

—¡Parad, parad! Yo invito a la cena hoy —dice atropelladamente Jesús.

—¿Y vosotros cómo os conocisteis? —dice Violeta a carcajadas—, o más bien cómo empezasteis a salir juntos, porque conoceros veo que poco… —dice riéndose aún más.

—Razón no te falta —dice Enrique riendo.

—Yo paso de contar una historia tan lamentable —dice Jesús negando con la cabeza.

—Bueno, Vi, solo te quedo yo, espero estar a la altura de la historia —digo riendo.

—La verdad es que tengo curiosidad, ¿cómo pudisteis haceros amigos?, y más de Jesús —dice Lía apoyando su cabeza en mi hombro.

—Érase una vez… —empiezo contando.

Lía me golpea el brazo por la broma tan mala.

—Vale, vale, ya la cuento en serio… —digo riendo—, en una galaxia muy, muy lejana… —empiezo poniendo voz de narrador.

—¡Alonso! —dice Lía riéndose y golpeando mi hombro de nuevo.

—En fin, nos conocemos prácticamente de toda la vida.

Jenry y yo nos conocemos desde la guardería, y a Jesús le conocemos desde primaria…

—hago una pausa esperando sus reacciones, justo en el momento en el que veo que me van a decir lo de siempre, las imito— ¡Hombres!

, qué básicos son, queremos detalles —digo burlándome de Lía.

Mis amigos ríen a carcajadas mientras esquivo a duras penas una colleja de Lía, que también se está riendo al igual que las chicas.

—Bueno, como decía —continúo cuando consigo bloquear las manos de Lía—, Jenry y yo nos conocimos en la guardería.

Hace tanto tiempo ya que no podría deciros exactamente cómo fue, solo recuerdo momentos específicos en el patio jugando o en clase, pero el momento exacto estará entre los recuerdos de la infancia a los que no es fácil acceder.

Pero con Jesús —hago una pausa mirando a Enrique—, con Jesús es otra cosa.

Le conocimos en clase de primero de primaria y lloraba como un bebé cuando sus padres le dejaron el primer día.

Jenry, que tiene un corazón de oro, se acercó cuando le dejaron solo y se puso a jugar con él.

Yo, naturalmente, como el niño guay de primaria tenía mis dudas pero, al final, jugué con él también y se fue calmando. Desde entonces somos amigos.

—Niño guay —dice Enrique entre carcajadas.

—Lo que decía, una historia lamentable y nada acertada con la realidad —dice Jesús fingiendo indignación.

—Vamos, que Jenry es el pegamento de vuestro grupo —dice Lía mirando a Enrique con aprobación.

—Podría decirse que sí —respondo—. ¿Y vosotras cómo os conocisteis?