Superestrella 57. CAPÍTULO 57
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57. CAPÍTULO 57

—Bueno, desembucha, ¿cómo fue? —pregunta Olivia inquisitoria.

—¿Cómo fue qué? —respondo inocente.

—Venga ya, tía, las dos sabemos que lo habéis hecho ya —dice Violeta.

—¿Tú también, Vi? —me hago la sorprendida.

—Lía, esa sonrisa estúpida que pones cada vez que hablamos de él te delata —dice Olivia mientras se plancha con las manos el impresionante vestido negro que se ha puesto hoy para que a Jesús se le caiga la baba cuando la vea, o al menos eso ha dicho ella.

—Sonrisa estúpida encima —me quejo, cruzando los brazos.

—Lía, esa sonrisa siempre la pones después de haberlo hecho. Parece mentira que se te olvide que somos amigas desde hace demasiado tiempo ya —me dice Violeta como si fuera una obviedad.

—Vale, me rindo —digo, haciendo una pausa que sé que las está matando—, pero antes de nada, ¿lleváis puesto el cinturón? —miro para confirmar que así es.

—Pero qué dices ahora —dice riendo Violeta.

—Desembucha —dice Olivia, alzando el dedo índice amenazadoramente.

—Está bien, está bien, sí, lo hemos hecho… —digo abriendo los brazos con las palmas de las manos hacia arriba.

Mis amigas se miran entre ellas, como incrédulas.

—¿Y? —dicen ambas a la vez.

—Me ha hecho llegar en las dos veces que lo hemos hecho ya. En el último me pasó algo extraño… —digo recordando lo que pasó.

—Dos veces nada más —dice Olivia, negando con la cabeza—, habéis tenido cuatro días completos, noventa y seis horas en las que podríais haberlo hecho ya… —se pone a calcular, mirando al techo del coche.

—¿Algo raro? Qué pasó —dice Violeta interesada.

—Unas sesenta veces —termina de calcular Olivia.

—Tía, ¿tú qué quieres?, ¿que ande como un bebedero de patos toda mi vida…? Sesenta veces dice, será borrica —digo riéndome, mientras mi mente vuela pensando en cómo habría sido hacerlo tantas veces.

—Explica eso de que pasó algo raro —insiste Violeta mientras me mira curiosa.

—Pues nada, que llegué dos veces y…

—A eso se le llama ser multiorgásmica —interrumpe Olivia.

—Calla, no es eso lo que me pasó de raro —digo agitando la mano para que me deje hablar—, lo que me pasó de raro fue que la primera vez que llegué le empapé entero, como si fuera un orgasmo de él pero mío.

—No me lo puedo creer —dice Olivia mirándome con admiración.

—¿Sabes lo que es eso, Oli? —pregunta Violeta confusa.

—Y tanto que lo sé. Llevo muchos años intentando conseguirlo… Sin éxito aún.

—Bueno, ¿y bien, qué es? —pregunto, mientras Violeta se echa hacia delante en el asiento, interesada también.

—Por lo que has descrito, has hecho un squirting . Es como cuando ellos se corren pero con la mujer. Tía, llevo años intentándolo y tú vas y lo consigues sin querer —me dice Olivia sonriendo.

—Pues te juro que fue muy extraño, porque sí es verdad que sentí el placer de llegar, pero también sentí que me había meado encima —digo tragando saliva al recordarlo—, me dio mucha vergüenza.

Lo que pasa es que Alonso actuó con relativa naturalidad y no me preocupé tanto —digo con una sonrisa tonta, enamorada.

—Uh, eso significa que él sabe lo que te pasó… —dice Violeta divertida y pícara al mismo tiempo.

—Vaya con Alonsillo, va a resultar que sabe más de lo que aparenta —dice Olivia mordiéndose el labio.

—Eh, tía, es mío, deja de imaginártelo —digo a Olivia riendo y tirándole lo primero que agarro del bolso.

—¡Oye! —dice Olivia mientras el paquete de clínex le impacta en el hombro—, anda, mira, clínex, lo que necesitó Alonso para secarse —dice vacilona—, porque tremenda ducha tuviste que darle —dice aún más vacilona.

—Déjala —dice Violeta entre carcajadas—, la necesitamos contenta para apagar fuegos si hace falta —dice mientras hace un gesto abriendo las piernas como apagando un fuego.

—Descaradas —digo entre risas con ellas—, vamos, increíble, menudas salidas sois las dos —digo fingiendo que estoy indignada.

—Oh, Alonso, apaga mi fuego —dice Olivia burlándose.

—Ya lo apago yo por ti —dice Violeta, imitándome exageradamente, volviendo a hacer el mismo gesto.

—Jorge, ¿hay algún hospital mental de camino al restaurante? —digo seriamente a mi primo.

—Lo siento, Lía —dice Jorge, riéndose de lo locas que están mis amigas—, pero ya hemos llegado.