Superestrella 53. CAPÍTULO 53
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53. CAPÍTULO 53

Noto cómo la mirada de Lía se relaja al oír esas dos palabras también.

La acerco más a mí si cabe mientras escucho de fondo cómo la puerta del piso se cierra.

La beso, la beso con ternura pero con fuerza.

Quiero hacerla mía, quiero dejar una marca indeleble en su piel con mis besos mientras recorro con mis labios su cuello lenta pero vorazmente.

Siento su cuerpo estremecerse cada vez que mis labios rozan sus sentidos.

Nos levantamos al unísono como dos notas unidas por un compositor, el nuestro es el amor.

Nos movemos torpemente por el salón sin despegar nuestros labios hasta que llegamos al dormitorio, donde paramos al borde de la cama.

Lía me mira con dulzura mientras, con movimientos calculados, se quita la ropa poco a poco.

Hago lo mismo mientras crece el deseo y la necesidad de reducir el espacio que nos separa a cero.

Lía hace desaparecer la distancia dando un paso hacia mí y empujándome sobre la cama.

Caigo con la misma confianza que he saltado al vacío diciendo que la quiero.

Se sienta sobre mí atrapando con sus piernas mis caderas.

Vuelvo a besarla con necesidad hundiendo las yemas de mis dedos en cada rincón de su espalda, apretándola contra mi pecho, no quiero que nada nos pueda separar, ni siquiera el aire.

Mi lengua busca su boca como un oasis en el desierto, mientras siento cómo mi miembro termina de crecer rozándose con su entrada.

Muerdo su labio inferior, terminando un beso largo.

—Eres mía —susurro.

—Soy tuya —responde, mirándome intensamente a los ojos.

Somos nuestros.

Lía sube sus manos hasta las mías y, en el momento exacto que con nuestras muñecas formamos el eclipse que nos prometimos, entro en ella.

Lía suelta un leve gemido y yo solo puedo soltar un gruñido.

Fuera no podemos demostrar nuestro amor, pero aquí, entre estas cuatro paredes, sobre esta cama, nos pertenecemos.

Lía empieza a mover sus caderas poco a poco, moviéndolas en círculos cada vez que nuestros sexos se unen.

Siento cómo el sudor cae por mi espalda mientras el pulso se me acelera cada vez más.

Una urgencia se apodera de mí, algo animal, mi cuerpo quiere acelerar el ritmo pero mis sentidos quieren ir más despacio para memorizar cada embestida, cada gemido y cada roce de nuestras pieles.

Lía sigue poseyéndome lentamente, desesperándome con cada movimiento.

Empieza a moverse cada vez más rápido, sé lo que eso significa, me yergo para llegar aún con más fuerza hasta su centro.

Noto cómo una marea ardiente recorre cada centímetro de mi longitud hasta que emana violentamente de su sexo, haciendo que Lía se arquee y empiece a temblar sin control.

Sonrío con orgullo cuando ella cae a un lado de la cama.

—¿Pero qué me has hecho? —dice Lía jadeando, sorprendida.

—¿Yo? Nada… —contesto orgulloso.

—Te he empapado entero… —dice avergonzada.

—Lo sé —digo riendo.

—Bueno, aún no hemos acabado… —dice Lía poniéndose otra vez encima de mí.

—¿No?

Lía empieza a besarme el pecho poco a poco.

Lentamente sus labios bajan, pasan rozando mi vientre, mientras con una mano agarra mi erección.

Tiemblo cuando siento su lengua recorriendo la punta de mi miembro.

Esta mujer me va a matar. La miro y ella me sonríe, acto seguido, sus labios me rodean y empieza a mover rítmicamente su cabeza.

Noto cómo succiona cada milímetro de mí.

Cierro los ojos disfrutando de cada vaivén.

Noto cómo sus labios no se separan de mí una y otra y otra vez, si sigue así, no voy a poder resistir mucho más.

Lía acelera el ritmo, siento que su excitación está llegando también al límite.

Cada vez aprieta más sus labios contra mi carne, no puedo más, exploto de una manera que nunca me había pasado, en el momento en el que mi néctar se descarga en los labios de Lía, ella vuelve a convulsionar.