Superestrella 52. CAPÍTULO 52
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52. CAPÍTULO 52

Despierto en el sofá. Siento que he dormido pero no he descansado, voy directo a la cocina y me hago un té negro para despertarme.

Busco mi móvil aún con los sentidos medio adormilados, quiero llamar a Lía para preguntarle qué tal anoche, lo desbloqueo y veo diecisiete llamadas perdidas de Lía.

Al instante mi cuerpo entra en alerta, me meto en el WhatsApp y leo un único mensaje de Lía.

Lo siento…

¿Pero cómo que lo siento? Abro las redes sociales y el mundo se me hace pedazos alrededor.

Me quedo atónito viendo las redes inundadas de fotos de la cena de Lía y Juan.

En ellas aparecen besándose, algo empieza a romperse en mí, sigo viendo fotos pese a que mi mente me dice que deje de torturarme y veo la foto que realmente me termina de romper, aparece Lía riéndose mientras están cenando.

En ese momento el móvil empieza a vibrar en mi mano, es Lía.

Acepto la llamada mientras trago saliva.

—Lía… —consigo decir mientras un dolor insoportable me presiona el pecho.

—Alonso, por favor, puedo explicártelo, no es lo que piensas de verdad —dice Lía atropelladamente—, me engañó totalmente, yo no le besé, te lo prometo.

Él iba a despedirse dándome dos besos y de pronto me estaba besando, te juro que le aparté.

Lo siento de verdad, nunca debí ir a esa cena.

Alonso, no hagas caso a la prensa, no paran de inventarse cosas para poder vender más… —dice Lía con la voz rota.

No sé qué decir, aún estoy intentando asimilarlo todo, un largo silencio se hace en la conversación, quizás más largo de lo que debería haber sido…

—Alonso, contesta, por favor, di algo —dice Lía suplicante.

—Te… Creo —consigo decir a duras penas.

Escucho un suspiro al otro lado del teléfono.

—¿Puedes venir a mi casa para hablarlo en persona? —dice con la voz temblorosa.

—¿Me das algo de tiempo?, necesito asimilarlo todo, es mucha información en muy poco tiempo… Te llamo cuando salga para tu casa —cuelgo el teléfono y me quedo mirándolo.

Puedo oír el silencio del piso mientras mi mirada se alterna entre el teléfono y el tatuaje de mi muñeca.

De nuevo los ecos del pasado invaden mi mente, esta vez con tal fuerza que los muros que había levantado desaparecen como si fueran hierba en una tormenta.

¿Me estará mintiendo? Nuria llevaba ya un tiempo engañándome hasta que me lo dijo y, siempre que se lo preguntaba porque sospechaba algo, me decía que no pasaba nada, que me lo estaba imaginando y yo terminaba creyéndola…

¿Lía hace lo mismo? Necesito que me lo diga en persona, ahora mismo realmente no sé qué creer, no quiero volver a ser un ingenuo.

Me ducho, me visto con calma y bajo al coche para conducir hasta el piso de Lía.

Subo las escaleras con mil pensamientos en la cabeza, por fin llego y me planto delante de su puerta. Cojo aire y llamo al timbre. No pasan ni tres segundos y la puerta se abre. Me encuentro de frente con Jorge.

—Buenos días, Jorge —digo con una amarga sonrisa.

—Buenos días, Alonso —me responde, cogiéndome de los hombros—, no seas muy duro con ella… Se siente fatal con lo que ha pasado —dice Jorge soltándome.

Miro más allá de Jorge y veo cómo Lía está fuera de sí, gritando al teléfono.

—¡Quiero que retiren todas las fotos ahora mismo de todos lados, Violeta! —dice desgarrada Lía—, ¡me da igual lo que cueste, quiero todas las fotos fuera de circulación! —dice Lía a la vez que se gira y me ve—. Vi, te llamo más tarde —dice colgando.

—Hola —alcanzo a decir.

—Alonso —dice con un tono completamente diferente al que acabo de presenciar—, gracias por venir, déjame que te lo explique todo.

—Para eso estoy aquí, Lía —digo frunciendo los labios mientras doy un paso hacia delante.

—De verdad que lo siento, no debí aceptar en ningún momento esa cena, pero no quería que nos descubrieran… —dice Lía compungida.

—Lo sé, te sacrificaste por los dos —admito con calma.

—Sí, pero nunca debí subestimar a ese gusano —noto la furia de Lía al decirlo.

—¿Qué pasó, Lía?, de verdad —pregunto vulnerable.

—Que bajé la guardia, que me engañó. Parecía un tío normal hasta que nos fuimos a despedir.

Durante toda la noche intentó cogerme de la mano o tocarme, pero en todo momento dejé claro que no estaba cómoda con eso…

Y cuando se acercó a darme dos besos para despedirse lo vi normal, pero no venía con esas intenciones, y me besó…

—en ese momento Lía rompe a llorar, no sé si de frustración o de qué—, te juro, Alonso, que le aparté lo más rápido que supe reaccionar.

—Alonso, dice la verdad, yo estaba allí —añade Jorge.

—Lía, no es culpa tuya, es mía —digo convencido.

Lía me empieza a mirar confundida mientras se seca las lágrimas. Seguro que piensa que estoy loco.

—Si lo hubiéramos hecho público desde el principio, esto no habría pasado… —consigo decir antes de que la garganta se me cierre.

—Alonso… ¿De verdad estarías dispuesto a aguantar todo esto por mí?

—Sí, pero no por ti, contigo —digo intentando parecer seguro.

A Lía se le iluminan los ojos un instante antes de bajar la mirada y sonreír tristemente.

—Alonso, me gustaría poder hacerlo público para no tener que escondernos, pero no vamos a poder hacerlo hasta que el disco esté terminado y publicado… —dice con tristeza—, además, ahora mismo, después de lo que ha pasado, es mejor protegerte —dice Lía con una sonrisa dulce.

—¿Protegerme o esconderme? —pregunto con dureza.

—No te equivoques, Alonso. Si ahora mismo sale nuestra relación a la luz van a querer indagar en toda tu vida, te van a comparar con él en todo… Tenemos que ser más fríos, es lo que Violeta me ha dicho —responde Lía molesta.

—Qué pasa, ¿que no soy suficientemente bueno para ti…? —digo rompiéndome con cada palabra que pronuncio.

—Para mí sí, para ellos, que solo comparan las apariencias, no. Estás en desventaja y ahora mismo mi deber es protegerte —dice Lía enfadada.

—Pero ¡¿por qué?! ¿Por qué tienes esa obsesión absurda de querer protegerme? Me estás escondiendo, no protegiendo —digo explotando mientras doy otro paso hacia ella.

—Eso no es cierto —dice Lía cada vez más furiosa.

—Pues dime por qué insistes en que es por protegerme cuando no lo es —digo intentando controlar todo lo que siento ahora mismo.

—Sí lo es, pero no quieres verlo.

—¡Nuria, dime la verdad! —digo descontrolado, con lágrimas en los ojos.

—¡Porque te quiero, Alonso! —me grita, rompiendo a llorar ella también.

—¿Nuria? —dice Jorge confundido.

—No me puedo permitir perderte —dice Lía desgarrada—, ahora no, ni nunca —se derrumba sobre sí misma de rodillas, agarrándose la muñeca del tatuaje—, te quiero, Alonso, más de lo que he querido a nadie en toda mi vida. Me llenas de música.

Miro a Lía sin saber qué decir, toda la furia que sentía se ha desvanecido después de esas dos palabras. Me miro también el tatuaje y por instinto me acerco a Lía. La miro apenas un segundo deshecha sobre sus rodillas. Me pongo de rodillas junto a ella y la abrazo. Ella apoya su cabeza en mi pecho.

—Lo siento de verdad, no quiero hacerte daño —dice Lía deshecha, mientras su cuerpo tiembla.

Me separo para acariciar sus mejillas con mis manos y la miro con lo único que tengo en el corazón, con el amor que siento por ella.

—Lía, te quiero —siento una liberación inmediata al pronunciar esas dos palabras. No me estoy rompiendo, estoy evolucionando con una mujer que me quiere también.