49. CAPÍTULO 49
—Bueno, chicas, es tarde, nos tenemos que ir —dice Alonso mirando la hora.
—Jo, yo quería seguir cantando con Lía y Leo —responde Lola decepcionada.
—Lo sé, para otro día, en el concierto que nos ha dicho Lía —dice Alonso mirándome divertido.
—Vale, ¿lo prometes? —dice Lola mientras se gira a mirarme.
—Claro que sí, cariño, te lo prometo —digo con ternura.
—Vale, os vais vosotros dos primero. Así los fotógrafos os intentarán seguir y Martín podrá recoger a Lola con tranquilidad. No te preocupes, me quedo con ambos hasta que venga tu hermano, Alonso —dice Violeta mientras nos mira a ambos.
—Me parece bien, confío en ti, Vi —dice Alonso—, venga, Lola, vente conmigo al menos hasta abajo y me das muchos besos, que solo se los has dado hoy a Lía.
—Vamos, Leo —dice Violeta cogiendo a Leo de la mano y saliendo.
Veo cómo Alonso hace lo mismo con Lola, no puedo sino sentirme llena de felicidad.
—Lía, ¿podemos hablar antes de que te vayas? —dice Olivia en voz baja.
—Claro, dime —respondo con más dureza de la que me hubiera gustado.
—Verás, quería pedirte perdón… —dice Olivia mirándome a los ojos—, las canciones que teníamos antes de Alonso eran buenas, pero todas las que he leído en el cuaderno que me diste son…
—Son todo lo que hace Alonso que sienta —digo con aspereza mientras miro a mi amiga a los ojos.
—Son otro nivel, todas tienen un mensaje —dice tragando saliva—. Si Alonso te hace escribir esas cosas… ¿le quieres, verdad? —pregunta mi amiga, dejándome algo descolocada.
—No me he parado a pensarlo, pero ahora que lo dices, sí, le quiero. Más de lo que he podido querer a ningún hombre con los que he estado. Con Alonso no me cuesta, no hay trampa, no hay un pero, hay un nosotros. Él me apoya, me entiende, Oli, él me ve a través de la fama y de todo, ya te lo dije.
—Lo siento, Lía, tenías razón. Desde que le has conocido cantas con más fuerza, tu bloqueo mental ha desaparecido. El nuevo álbum te lo ha inspirado él y es bueno… —se disculpa mi amiga mirándome con tristeza.
—En eso te equivocas, Oli. No todo el álbum me lo ha inspirado él. Mira más adelante en la carpeta de “Lía confidencial” —digo mientras me doy la vuelta y me dirijo al ascensor.
Veo cómo Olivia busca en la carpeta y encuentra la canción que tengo ahí guardada.
Justo antes de llegar al ascensor consigo ver cómo una pequeña sonrisa aparece en su rostro.
El ascensor no tarda en llegar, me subo y pulso el bajo.
Mi corazón se llena, por fin todo está bien.
Olivia por fin se ha dado cuenta de lo que siento realmente por Alonso.
Por fin he podido hacer el amor con él, con las ganas que tenía y sigo teniendo de memorizar cada rincón de su cuerpo, mi música está alcanzando nuevos niveles…
Me siento tan feliz que podría cantar por cada poro de mi piel.
El ascensor abre las puertas y me encuentro de frente con Alonso.
—Hola, bombón —digo comiéndomelo con la mirada.
—Señorita Romero —dice Alonso bruscamente.
—¿Pero qué pasa ahor…?
—Lía, querida, venía a llevarte a cenar. No me contestaste al mensaje con las entradas, así que he decidido venir a dártelas en persona y convencerte de que vengas —dice Juan.
No me lo puedo creer, ¿y este qué hace aquí ahora?
—Juan, qué sorpresa más…
—Agradable, lo sé —me vuelve a interrumpir—, no aceptaré un no por respuesta.
—Pues verás, Juan, no es buen momento… La verdad —intento excusarme.
—¿Por qué? Sé que estarás cansada, pero va a merecer la pena —dice Juan mientras me pone una mano en la espalda para acompañarme a la salida.
—Verás, no puedo de verdad —digo mirando a Alonso para que me eche un cable.
—Señor Castillo, Lía está cansada, debería ir a casa a descansar.
—¿Qué pasa, que no puedes decidir tú solita? ¿Quién es este, tu novio? —dice con malicia.
En cuanto escucho la palabra novio me pongo tensa, y más aún cuando la mano que tenía en mi espalda empieza a bajar a partes más peligrosas. Miro rápidamente a Alonso, que está también muy tenso y aprieta los puños con fuerza.
—Es uno de mis guardaespaldas. Y no, no deciden por mí. Vamos a cenar —digo, arrepintiéndome al segundo por aceptar.
Miro de reojo a Alonso. Algo en su mirada ha cambiado.
Ando hacia la puerta con Juan empujándome levemente por la espalda, queriendo dirigirme.
Según salimos, toda la prensa se nos echa encima y llueven los flashes.
Se vuelven locos. Juan parece estar disfrutando de ello, sonriendo a los paparazzis .
—Por favor, gente, dejadnos un poquito de espacio, solo somos un hombre y una mujer que quieren ir a cenar a gusto —dice, disfrutando del doble sentido que pueden sacar de sus palabras—.
Hacemos una cosa, un par de fotos y nos dejáis el resto de la noche, ¿trato?
—los flashes se intensifican mientras me coge fuerte de la cintura y me acerca a él.
Esto es frustrante. Cómo una mujer como yo, fuerte e independiente, se tiene que dejar manejar por este alfeñique de tres al cuarto.
Todo para poder proteger al hombre que realmente quiero.
Un martillazo golpea mi cabeza, ¡Alonso!
Espero que entienda la situación. Nos ha arrinconado.
Parece que el pelele este es más listo de lo que parece.