46. CAPÍTULO 46
Abro los ojos poco a poco, mi mente empieza a activarse, los recuerdos de la noche anterior empiezan a inundar mi mente. Miro a mi alrededor y no veo a Lía, me incorporo sentándome al borde de la cama, mirando un punto fijo de la pared mientras sonrío.
—Buenos días, bello durmiente —dice Lía, sobresaltándome un poco.
—Buenos días, princesa —respondo mientras me giro hacia su voz.
Está apoyada en la puerta con una camiseta que le llega un poco por encima de las rodillas. La reconozco al instante, es una camiseta mía. Miro hacia donde dejé mi mochila la noche anterior y, en efecto, está abierta.
—Ahora lo tuyo es mío y lo mío es mío —dice Lía riéndose—. ¿Tienes hambre? He hecho el desayuno.
—Sí, pero déjame ducharme antes y lavarme los dientes —digo aún algo aturdido.
—¿Quieres un café? —pregunta ella con dulzura.
—Mejor un cacao —digo levantándome de la cama y dirigiéndome a una puerta donde supongo que está el baño.
—¿Un cacao? Luego soy yo la niña —dice vacilona.
—El café no me sienta bien por las mañanas y, más que nada, me dedico a poner cafés todo el día, los tengo un poco aborrecidos —digo, comprobando que la puerta que he abierto es, efectivamente, el baño.
—Perdone usted, don cacao —dice Lía burlonamente.
—Estás perdonada, pero porque ayer no lo hiciste mal —digo vacilón, mientras me meto en el baño.
—¿Cómo? —consigo oír que dice.
Sonrío mientras enciendo la ducha. Consigo oír sus pasos acelerados viniendo al baño y me preparo. En el momento en el que aparece por la puerta, la sorprendo y la abrazo, dándole un beso suave. Me doy la vuelta y me dirijo a la ducha para no matarla con el aliento mañanero.
—Pues eso —digo mientras el agua me empieza a recorrer el cuerpo—, que no sé definir lo que pasó anoche.
—Yo sí, pura magia.
—¿Pura magia? —pregunto confuso a la vez que me paso las manos por la cara, arrastrándolas hacia el pelo para quitar el agua de mis ojos.
—Sí, eso es la vida contigo, pura magia —dice Lía con la sonrisa pícara que roba siempre todas mis miradas.
No puedo sino sonreír y mirarla con intensidad.
La verdad es que es la mejor manera de describir todo lo que me hace sentir.
Anoche conectamos a todos los niveles, nuestros cuerpos parecían reaccionar a los movimientos del otro al instante.
Esto es algo más que deseo, creo que ya puedo decirlo con todas las letras, la quiero.
—Dame cinco minutos y estoy —digo cogiendo el primer champú que veo.
—Vale, te voy haciendo el cacao —dice Lía, soltando una carcajada.
Recorro mi cuerpo con las manos enjabonadas, quitando todo rastro del encuentro, borrando su sudor, sus besos…
Tengo que poner el agua fría para no descontrolarme.
Solo con volver a imaginar el contacto de su piel con la mía se me acelera el corazón.
Salgo de la ducha y del baño para buscar en mi mochila el neceser con el cepillo de dientes.
Vuelvo con él al baño y busco la pasta de dientes. Me echo un poco y empiezo a cepillarme.
—No sé para qué te los lavas si vamos a desayunar ahora —consigo oír que me dice Lía.
—Me los lavo dos veces, no te preocupes —digo mientras paso el cepillo por mis dientes.
—Ya está tu cacao —dice Lía, apoyada en el marco de la puerta con una taza en la mano.
—Voy —digo mientras termino de enjuagarme.
Levanto la mirada del lavabo y recorro toda su silueta, desde los muslos hasta sus ojos. Es preciosa.
—Venga, vamos a desayunar —dice Lía, mirándome también de arriba a abajo.
—Vamos —mientras recorro la habitación siguiéndola, paro para coger unos calzoncillos al menos y asi poder quitarme la toalla.
Llego a una isla alta donde está lo que supongo que es mi taza de cacao y un par de tostadas con tomate. Doy un sorbo a mi taza y cojo una tostada.
—¡Vaya!, qué rico. ¿Desde cuándo eres una chef profesional? —digo riendo.
—Es que las cosas, cuando se hacen con amor, salen mucho mejor —responde sonrojándose.
—Pues me tienes que querer un huevo, porque esto está buenísimo —digo feliz, dando otro sorbo al cacao.
—Qué va —dice ella, esquivando mi trampa—, lo hice teniendo lo de anoche en mente.
—Hablando de eso, terminé dentro… —digo preocupado—. ¿Es que no te importa?
—No te preocupes, tomo la píldora desde los dieciocho —dice despreocupada, haciendo un gesto con la mano.
Al escuchar eso, algo en mí se termina de relajar. Lo sospechaba, pero tener una confirmación me tranquiliza sobremanera.
—¿Has estado componiendo? —pregunto, señalando con la cabeza un cuaderno abierto en la encimera.
—¿Cuándo nos toca ir con tu abuelo? —pregunta Lía, ignorándome.
—Pues déjame mirar —digo mientras quito el modo avión del móvil.
Los mensajes del grupo de mi familia empiezan a llegar, ochenta y siete mensajes. Los leo por encima hasta que veo mi nombre.
—Según esto… Nos toca esta tarde —digo concentrado.
—Perfecto, entonces por la mañana llevamos a Lola al estudio —dice Lía tranquilamente.
—¿Segura?
—Por supuesto, me tomo eso de ser la tita favorita muy en serio —dice riendo.
—Solo hay un problema —digo sonriendo, sabiendo que Lía no ha caído.
—¿Cuál? Dudo que tu hermano le diga que no puede venir —responde ella confiada.
—Pues verás, hoy es martes y no sé si lo sabrás pero —me pongo todo lo vacilón que puedo—, los niños entre semana tienen algo llamado colegio.
—Ostras, no lo había pensado —responde más vacilona aún que yo.
—Me da la sensación de que me estoy perdiendo algo —digo totalmente desubicado.
—No te preocupes, ya te acostumbrarás, soy una mujer con muchos recursos —dice mientras alza los brazos, señalando al aire como si fuera Tony Stark en la primera de Iron Man.