44. CAPÍTULO 44
Corro a la entrada del hospital con Lía de la mano. En vez de coger el ascensor tomamos las escaleras, llegamos al tercer piso en un abrir y cerrar de ojos.
—Habitación trescientos veinte —digo sin resuello.
—Por ahí a la izquierda, de trescientos a trescientos treinta —indica Lía agitada.
Siguiendo las indicaciones de Lía nos dirigimos a la izquierda y volamos por el pasillo hasta la habitación de mi abuelo. Entro abruptamente para encontrarme a mi familia riendo alrededor de mi abuelo. Todos se giran hacia la puerta al verme aparecer.
—Alonsillo, ven aquí, muchachote, dame un abrazo —dice mi abuelo sonriendo, abriendo los brazos.
—Abuelo, ¿estás bien? ¿Qué ha pasado exactamente? —digo mientras me acerco a darle el abrazo que me pide.
—Nada, Alonsillo, un pequeño susto —dice mi abuelo con calma.
—Juan, has tenido un infarto, de pequeño no tiene nada —dice mi abuela acariciándole la cabeza.
—¿Los médicos saben por qué? —pregunto preocupado.
—No, aún no nos han dicho nada, Alonso, cariño —dice mi madre acercándose a darme un beso.
—¿Y quién es tu… amiga? —pregunta mi hermano desde el sofá de la habitación.
Me giro y me doy cuenta de que he dejado a Lía en el marco de la puerta. La miro pidiendo perdón con la mirada y ella me responde con una sonrisa.
—Ah, yo conozco a esta muchacha tan guapa, es…
—¡Lía! —interrumpe Lola entusiasmada mientras sale corriendo a darle un abrazo.
Lía sonríe mientras Lola la abraza, dándose cuenta de que con las prisas no se ha puesto la peluca.
—Y tú debes de ser la famosa Lola.
—¡Ah! —grita Lola con un tono demasiado agudo para un ser humano—, ¡Lía sabe mi nombre!
—¡Lola! No grites, estamos en un hospital —dice mi hermano Martín desde el fondo de la habitación.
—Perdón —responde Lola en voz baja, cogiendo la mano de Lía.
—Bueno, pues como bien ha dicho Lola, os presento a Lía, y no es una amiga como dice el chache. Estamos saliendo, es mi… —hostia, qué vértigo, la palabra se desliza por mis cuerdas vocales sin poder detenerla—, …novia.
—Bienvenida a la familia —dice mi padre sonriéndome.
—Qué guapa eres, Lía, gracias por aguantar al energúmeno de mi hijo —dice mi madre riéndose.
—Lía, qué nombre tan bonito, gracias por venir a ver a mi Juan —dice mi abuela.
—Bienvenida —dice mi hermano—, es un placer conocer a la culpable de que mi hija esté todo el día bailando y cantando esas canciones —dice socarrón, acercándose a darle dos besos.
—Lo siento —responde Lía a mi hermano mientras baja la mirada.
—No lo sientas, mejor tu música que la que escuchan los adolescentes de hoy en día —dice mi hermano encogiéndose de hombros.
—En ese caso… Gracias, supongo —dice Lía indecisa.
—Bueno, Lola —intervengo—, ¿sabes lo que significa que Lía sea la novia del tito, no?
—¡Que me vas a llevar a sus conciertos! —dice emocionada.
Miro a Lía sin poder creerme lo que está pasando.
—Esa es una de las cosas que significan —dice Lía convencida.
—Significa que Lía es tu tita.
En ese momento la mandíbula de Lola se abre de golpe y se queda ojiplática.
—¡Voy a poder cantar con Lía! —dice entusiasmada mientras da saltitos de alegría.
—¡Lola! —advierte mi hermano.
—Perdón, papá —dice Lola dejando de saltar.
—Esta niña es imposible —digo mirando a Lía con una sonrisa.
—Creo que ya me quiere más que a ti —dice Lía con chulería.
—Por supuesto, pero no se lo digas —susurra Lola acercándose a Lía.
—Lola, ¿sabes que el bisabuelo tiene un autógrafo de Lía? ¿Soy o no soy el más guay de los bisabuelos? —dice mi abuelo mientras se ríe.
—¡Yo también quiero! —grita Lola emocionada.
—Bueno, demasiados sentimientos por hoy. Estoy reventado del viaje, nos habéis pillado en la playa. Me llevo a Lía a casa, en el grupo de la familia poned los turnos para quedarnos con el viejo más guay de la habitación —digo mirando a mi familia.
—Está bien, cariño —contesta mi madre—, id a descansar —dice dándome un beso en la mejilla.
Lía y yo nos despedimos de mi familia y nos dirigimos hacia el coche.
—Te veo cansado, ¿conduzco yo? —dice Lía preocupada.
—No sabes dónde vivo aún —digo vacilón.
—Y si vamos a mi casa, está relativamente cerca, y además, aún nos quedan días para nosotros… —dice Lía indecisa.
—No me parece mala idea —respondo mientras saco las llaves del coche.
—Perfecto, no te preocupes, yo te cuido —me dice Lía con ternura.
—Un momento, ¿no va a haber mucha gente en tu casa ahora mismo? En plan muchos periodistas —digo preocupado mientras casi llegamos al coche.
—Alonso, cielo, tengo un par de pisos más repartidos por Madrid para poder estar tranquila cuando se monta un escándalo o algo parecido —dice Lía con suficiencia.
—Usted perdone, para un simple mortal como yo lo normal es tener un piso de dos metros cuadrados y dar gracias de que puedes pagarlo —digo riendo, levantando las manos desarmado.
Ya dentro del coche Lía saca el teléfono y empieza a buscar en sus contactos.
—¿Qué haces, Gilita Macpato…? —Lía pone un dedo en mi boca para callarme.
—Jorge, ¿puedes decirme cuál es la residencia en Madrid más discreta ahora mismo? —dice mientras me mira y escucha—, cinco minutos, está bien, te quiero, primo, gracias.
—io in eneeame —digo aún con su dedo en la boca.
—¿Eh? —responde confusa.
—Digo que sigo sin enterarme —consigo decir quitándome su dedo de la boca.
—Te vienes conmigo a casa, señorito, aún no he acabado contigo. Nos quedan cinco días juntos, no pienso renunciar a ningún segundo.
—Me parece bien —sonrío metiendo la llave en el contacto mientras arranco el coche.
—Te he dicho que yo te cuido, así que no te preocupes —dice Lía abrochándose el cinturón.
—Veo que lo tienes todo pensado. ¿Y qué piensas hacer durante esos cinco días aquí en Madrid? —pregunto sabiendo la respuesta.
—Lo tengo clarísimo —dice Lía sonriendo con malicia.
—Aparte de lo evidente, digo, tonta —digo inocente.
—Yo solo pensaba en llevar a Lola al estudio y que conozca a Vi y a Oli, en quedar con todos otra vez, no sé, hacer cosas juntos —dice Lía sonriendo, poniendo cara de niña buena.
—Está bien, mientras sea contigo.