43. CAPÍTULO 43
Vamos de nuevo camino a la playa pero con un ligero dolor en la muñeca. No puedo parar de mirar el tatuaje, no puedo parar de mirarle a él.
Me ha hecho sentir más en cuatro meses que muchas de mis relaciones en un año.
Qué cojones, estoy sintiendo tanto en estos dos días que voy a necesitar un mes para procesarlo todo.
Lo que tengo claro es que esta vez no se me escapa la oportunidad.
Estoy deseando poder sentir su piel con la mía, necesito bajar la temperatura de mi sangre cuando me toca, y la mejor manera de que eso pase es quemándome una y otra vez…
—¡Uf! ¿No hace calor? —digo quitándome la sudadera en el coche.
—Te pongo el aire un poco —dice Alonso pulsando el botón del aire acondicionado.
A ver si así se extingue un poco el incendio que hay en mi interior…
Cuando consigo retirarme del todo la sudadera, puedo ver cómo me mira él y se muerde el labio inferior mientras aprieta el volante con fuerza.
Jodeeeer, no puede ser… Voy a explotar… Intento evitar mirar sus brazos en manga corta, pero sobre todo intento evitar sus ojos azules.
Si hago contacto visual, no respondo de mí.
—Mierda —susurro mientras solo puedo mirarle a los ojos, y él me devuelve esa mirada.
—¿Eh?
—Para el coche —consigo decir en un hilo de voz.
—¿Cómo? —pregunta desubicado Alonso.
—Para el coche —consigo decir en alto.
—¿Qué pare el coche? —repite Alonso confundido mientras me mira.
—¡Que pares el puto coche ya! —digo con tal fuerza que consigo que Alonso dé un respingo.
—¿Dónde?, si no se puede —responde nervioso.
—En el primer sitio que veas. ¡Mira!, ahí a la derecha hay como un mirador —digo señalando el mirador.
Alonso obedece y sale de la carretera, dejando el coche en mitad del mirador.
—Y ahora qué, superestrella —me dice vacilón.
—Ahora vas a saber lo que es una supernova —digo mientras me desabrocho el cinturón y me siento a horcajadas sobre él.
No le doy tiempo a decir nada. Simplemente le beso con una pasión desenfrenada, casi animal, noto también cómo la humedad de mi sexo prácticamente se desborda con cada roce de su cuerpo.
Empiezo a besarle el cuello con éxtasis mientras mis manos recorren su pecho hasta llegar a la cintura.
Cuando consigo tocar con las yemas de mis dedos su piel, siento la imperiosa necesidad de tenerle dentro de mí.
Alonso por su parte por fin reacciona y pone las manos en mi trasero, apretando.
Me acerca más a él, si es que se puede estar más cerca, y por fin noto lo que llevo buscando estos dos días, siento toda su longitud rozando mi centro.
—Vas a matarme como no te quites los pantalones —digo jadeando.
Alonso sonríe en mitad de uno de mis besos y empieza a devorar vorazmente mi cuello, mientras desplaza una de las manos de mi culo hasta mis pechos.
Intenta quitarme torpemente la camiseta pero no puede subirla del todo.
Me río y le beso. Mientras, él busca algo con la mano en el lateral del asiento.
Cuando nos movemos repentinamente hacia atrás comprendo lo que estaba haciendo.
Con más espacio para poder movernos, me quito la camiseta en un movimiento ágil para dejar solo mi sujetador mientras me rozo con él, calentando cada vez más mi sangre.
—No… Puedo… Aguantar… Más. ¡Por favor, hazme tuya! —digo desbocada.
—Aún no —dice entre besos Alonso.
Con ambas manos baja mi sujetador para dejar al descubierto mis pechos. Veo cómo sonríe y, acto seguido, empieza a lamer mis pezones… Mueve en círculo su lengua alternando con pequeñas mordidas, sin dejar de apretar mis pechos con ambas manos ahora.
—Hijo de…
Algo empieza a vibrar.
—Mi madre —dice Alonso mirando la pantalla del coche.
—No es así como iba a acabar la frase… —digo jadeando y sonriéndole mientras sigo besándolo.
—Digo que llama mi madre —aclara Alonso carraspeando.
—Como se te ocurra cogerlo te corto los huevos —le digo cabreada.
Alonso se ríe y cuelga. Acto seguido me tumba contra el volante con la cabeza casi en el parabrisas delantero, consiguiendo que dé un gritito mientras caigo riendo.
Desplaza sus manos por mis caderas mientras desesperadamente desabrocho el botón y la cremallera de mi pantalón.
En el momento en el que empiezan mis pantalones a desplazarse por mis piernas, vuelve a sonar el puto teléfono.
—Ahora mi padre… —dice Alonso extrañado.
—Si quieres tener los medios para serlo algún día, no pares ahora —digo con urgencia.
—Tengo sed, vamos a buscar agua por aquí —dice con una sonrisa perversa mientras cuelga.
Alonso pone su cabeza entre mis piernas y yo agarro su pelo.
Empiezo a notar cómo su lengua juega con mis labios, joder, qué bien se siente.
Alonso recorre una y otra vez con su lengua todo mi sexo.
La introduce todo lo que puede para volver a sacarla y moverla con agilidad en la parte superior de mi centro.
No sé cómo lo hace, pero estoy a punto de romperme…
El móvil vuelve a vibrar. ¡no, no, no! ahora no pares, por favor. Alonso levanta la cabeza. ¡¿Por qué?!
—Ahora es mi hermano. Perdona, Lía, pero son tres llamadas, parece importante —me dice suplicante.
—Claro —digo mientras me aclaro la garganta—, puede ser importante —ya puede serlo, estaba a punto de correrme.
Alonso pulsa el botón para coger la llamada en el coche mientras se limpia la boca de los restos de la excitación que he dejado en él.
—¿Qué pasa? ¿Por qué tantas llamadas? —responde Alonso con un tono agresivo.
—Alonso, es el abuelo…