42. CAPÍTULO 42
Estoy intentando reunir todo el valor que puedo para cruzar esa puerta. La razón por la que nunca me he hecho ningún tatuaje es por mi miedo a las agujas…
—Tranquilo, yo te cuido, abuelete —dice Lía divertida.
—Claro, para ti es como un paseo en el parque. ¿Cuántos tienes ya?
—Seis, y contigo siete, el número de la suerte.
—Madre mía… Y lo dice como si nada —digo estupefacto, mientras empiezo a sudar como si hubiera corrido con un abrigo por la playa.
—Venga, vamos dentro —dice Lía agarrándome del brazo para arrastrarme.
Hago caso a Lía y entro al estudio.
—Buenas tardes —dice ella amablemente.
—Buenas tardes —contesta el dependiente.
—Mi novio y yo queríamos hacernos un tatuaje. ¿Es posible hacerlo ahora? —dice Lía con una sonrisa encantadora.
Un momento, ¿ha dicho novio? ¿He oído bien? Joder, qué vértigo.
—Vais a tener suerte, hoy es un día relajado. Vamos a por ese tatuaje. ¿Qué queréis y en qué zona del cuerpo? —dice el recepcionista.
—Habíamos pensado en un sol y una luna —dice Lía con confianza.
—¿Juntos? —pregunta el de recepción, interesado.
—No, no. Yo quiero un sol, él una luna. Le encanta la noche —dice Lía mientras me mira.
No puedo casi hablar, así que intento que mi cara responda frunciendo el ceño y negando con la cabeza.
—Muy bien, ¿y dónde?
—No lo sé —dice Lía pensativa.
—Yo sí —consigo decir, recuperando algo de confianza.
—¿Dónde? —pregunta curiosa Lía.
—Sencillo. Creamos nuestro propio eclipse, yo me lo haría en la muñeca izquierda, aquí —señalo el interior de la muñeca—, en el lado del corazón.
—¿Y yo entonces? —pregunta Lía con la mirada iluminada.
—En la derecha, en la mano con la que… "sostienes tu arte" —digo para no dar mucha información.
—¿Y el eclipse? —pregunta sonriendo como una niña.
—Fácil, cada vez que nos cojamos de la mano —digo, terminando de recuperar la confianza.
—Hostia, qué buena —dice Lía sorprendida.
—Lo sé, soy un máquina —digo mientras me giro al chico del mostrador—. Voy yo primero.
—Vale, pero me queda saber el diseño y el tamaño…
—Como una moneda de dos euros y… Déjame pensar. ¿Qué luna hay hoy? —pregunto dirigiéndome a Lía.
—Espera que lo busco —dice mientras desbloquea el móvil y lo comprueba—. Vale, cuarto menguante.
—Pues un diseño de cuarto menguante, por favor —digo con seguridad.
—Está bien, entra con la tatuadora. Ella te prepara la zona y yo saco el diseño en un momento, mientras te lo hace a ti, diseñamos el de ella —dice el muchacho.
—Me parece correcto.