Superestrella 40. CAPÍTULO 40
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40. CAPÍTULO 40

Con los platos vacíos y las copas medio llenas miramos ambos hacia el mar.

Hemos comido en un restaurante que hay a pie de playa, al ser aún abril no hay mucha gente y no nos ha costado encontrar una mesa.

La comida ha estado muy bien, y la compañía es extraordinaria.

Lía es una mujer impresionante, es atenta, curiosa, culta, divertida… Es perfecta.

—Bueno, ¿y cómo es que “odias” tanto que salga todo perfecto y que siempre salga guapa en todas las fotos? —pregunta Lía.

—A ver, odiar es una palabra muy fuerte, ¿no?

Yo diría más bien que todo eso de aparentar lo que no eres no me…

—tomo una pausa para encontrar la palabra adecuada—, no me agrada.

¿Hasta qué punto finges todo? Al final conviertes en costumbre el aparentar y todo lo finges, incluso el amor…

¿Tiene sentido lo que te digo? —digo preocupado por parecer un loco.

—¿Es lo que te pasó con Nuria? —pregunta Lía preocupada.

—¡Guau!, a la yugular, ¿eh…? —digo entre molesto y sorprendido.

—Necesito saberlo… Alonso, si queremos que funcione esto, tienes que saber y tener claro que todo ese mundo es también parte de lo que soy… —dice Lía inquieta mientras le da un trago a su copa de vino.

—Lo sé. Verás, con Nuria digamos que yo era distinto. Aunque no te lo creas, usaba el Instagram y el resto de redes sociales a menudo, y participaba más allá de ver la vida de los demás y sus publicaciones como hago ahora… Tuve incluso Tuenti…

—¡Oh, Dios mío!, por favor llamen al asilo que se ha escapado un abuelete —dice Lía hablando al aire.

—Luego soy yo el tontolaba —digo con una media sonrisa—.

La cosa es que al estar todo el tiempo intentando aparentar, que si hacer fotos a la comida, que si grabar los conciertos a los que íbamos, que si grabar un story para que la gente decidiera qué teníamos que hacer…

—digo recordando con dolor aquella época de mi vida—, en fin, grabábamos todo lo que hacíamos, pues al final hubo un momento dado en el que no sabía si fingíamos que nos queríamos, los besos, las sorpresas…

—Un reality en vez de una vida… —dice Lía entendiéndolo al instante.

—Sí, por así decirlo —asiento, recordándolo todo—. La cosa es que empecé a bajar el ritmo, a importarme cada vez menos lo que subía o grababa, y le pedí a Nuria que nos diéramos un tiempo de las redes sociales para pasar tiempo de calidad juntos…

—Aquí viene el pero, ¿verdad? —me dice Lía incorporándose en la silla, igual de atenta que Lola cuando le cuento una historia para dormir.

—Sí, no me dijo que no, y ella se puso a grabar y se olvidó de mí —digo sonriendo con nostalgia—.

En una relación que se rompe creo que lo normal es que ambos tengan fallos.

En verdad Nuria intentó hacer lo que yo le pedí, pero, y ahora sí viene el pero, ella empezó a llamar más la atención por sus publicaciones mientras que yo lo dejé por completo —digo mientras juego con los dedos nerviosamente en el mantel—, en fin, que eso llevó a que para ella cada vez era más importante y no pudo parar todo lo que yo le pedía, y eso nos separó cada vez más…

Mirándolo en retrospectiva podría decirse que yo no fui lo suficientemente comprensivo con ella, y eso lleva a discutir —digo admitiendo mi parte de culpa—, cada vez discutíamos más y cuanto más crecía ella yo me sentía menos…

Hasta llegar al punto que con una relación tan rota, pues pasó lo que tenía que pasar…

—Lo dejasteis —interrumpe Lía con la copa en la mano, sin despegar la mirada de mí, atenta a cada palabra que digo.

—Ojalá hubiera sido tan fácil…

—Nunca lo es, solo en esos estúpidos libros de amor que me encantan —dice Lía riendo.

—Ojalá que esto también fuera uno de esos libros —digo medio sonriendo—, aquí viene la parte en la que Jesús, Jenry, incluso Lidia, odian a Nuria. Lo malo es que si supieran todo, quizás me odiarían a mí también… O al menos me echarían una buena bronca —digo con un largo suspiro.

—No me digas que…

—Sí, si lo que piensas es que hubo una infidelidad, sí, es lo que hubo.

Ella empezó a colaborar con otros influencers , youtubers y demás personajes de las redes sociales, y bueno, parece que no tiene curro un vídeo y tal, pero algunos conllevan mucha preparación, edición y tiempo…

—digo cada vez con más dificultad—, y bueno, el roce hace el cariño…

O eso se dice. No sé con quién o quiénes, pero Nuria me lo confesó.

Digamos que cuando tuvimos esa conversación, no me apetecía mucho saber con cuántos o con quién…

—Yo no he escuchado nada para poder odiarte o echarte la bronca, Alonso —intenta animarme Lía cogiéndome una mano.

—Porque aún no te la he contado —digo riendo—, ¿estás preparada?

—¡Claro, no pares ahora! —dice divertida.

—Ojo, spoiler —digo riendo—, si no quieres verme de otra manera, mejor no continuar la historia.

—Vale, no me cuentes nada más —responde ella confiada.

—¿En serio? —pregunto extrañado.

—¡Por supuesto que no! —dice soltando una carcajada mientras se rellena la copa de vino.

—Vale, vale, continúo. ¿Por dónde iba?

—Por lo de que te habías convertido en Bambi —dice ella, atenta a cada palabra que sale de mi boca.

—Uf, muy dura esa —digo riendo.

Lía hace un gesto de que continúe mientras da un largo sorbo a su copa.

—Pues nada, un día de esos en los que discutimos terminó confesándomelo y, la verdad, Lía, no puedo culparla.

Cuando la relación a donde te tienes que sentir en casa es una guerra más…

Ahí me di cuenta de que lo nuestro hacía tiempo que había acabado, y que lo único que hacíamos era aparentar en redes lo felices que éramos cuando realmente éramos de lo más desdichados.

Al final no fui suficiente y no di la talla.

—¡¿Que la perdonaste?! ¿Tú estás bien de la cabeza? Si estás mal en tu relación lo dejas y punto, los cuernos sobran —dice Lía indignada, pegando un bote en la silla.

—Ahí está lo que no saben mis amigos, y ahí está la bronca que sabía que me echarían —sonrío amargamente, bajando la mirada, avergonzado.

—Hombre, y tanto que te la tendrían que echar —dice Lía recriminándome.

—Sabes, a pesar de que se había acabado, la quise de verdad, y sé que ella a mí también. En una relación no hay blancos y negros nada más, Lía… —explico con calma, volviendo a mirarla.

—Acordemos no estar de acuerdo —me interrumpe Lía—.

A mí Hugo me engañó con otra, cuando les descubrí en mi cama me sentí tan humillada y enfadada…

—me explica Lía con fuego en los ojos—, así que mi venganza es Diez Mentiras.

A mí me hizo sentir esa humillación y ese dolor en ese momento, pero él lo sentirá de por vida cada vez que pongan esa canción.

Cuando alguien te golpea, tú golpeas más fuerte aún, igual que con la vida…

—Me parece otra manera de ver las cosas y, llevándomelo a otro terreno, ya veo que no soy el único al que le has escrito una canción, ¿eh? —digo fingiendo que me molesta.

—Claro que no, escribo sobre mi vida, es lo que me inspira, por eso cuando canto en el escenario puedo transmitir tanto —responde Lía ignorando mi intento por picarla.

—Te parecerá bonito —digo sin poder aguantarme mucho más la sonrisa.

—A ver, tontolaba, te estoy escribiendo un disco entero, por eso lo he llamado Serendipia —dice Lía divertida.

—Serendipia, me parece muy adecuado para nuestro primer encuentro —digo feliz mientras tomo un sorbo de vino de mi copa.

—Este disco va a tener eco, estoy segura —dice Lía ilusionada.

Veo en sus ojos que realmente lo va a tener, igual que ella lo está teniendo en mí.

—Perdón, vamos a cerrar en veinte minutos —nos dice el camarero.

—¡Ostras! Perdón. La cuenta, por favor —digo rápidamente.

—Enseguida.

—Pago yo —dice Lía.

—Claro, porque si pagas con tarjeta no van a leer tu nombre…

Lía saca su móvil y se lo pone delante de la cara con la tarjeta virtual a la vista.

—Lo dicho, un abuelete se ha escapado de la residencia… —dice jocosa.

—Anda, paga —respondo poniendo los ojos en blanco y sonriendo.