39. CAPÍTULO 39
Siento en el alma no poder comérmelo a besos aquí en la playa, no poder hacerlo mío aquí mismo en la arena.
Pero nunca sabes si te han podido seguir y están escondidos por ahí esperando un momento como este.
Ya va a ser un follón cuando descubran su identidad, si publican fotos acostándonos, no sé cómo llamar al lío que se formaría…
Aunque, bueno, al menos tendríamos recuerdos de esa primera vez… ¡Lía, salida, contente!
—Sabes, aunque me podría quedar aquí todo el día contigo sin tener que decir nada, simplemente el uno apoyado en el otro… —dice con dulzura—, tengo hambre, y sé que seguramente tú también, y más después de esa exhibición de agilidad ninja de antes —dice divertidamente.
—La verdad es que yo también tengo algo de hambre, sí, aunque también tengo algo de sueño —digo medio adormilada—. ¿Qué quieres que hagamos?
—¿Qué te parece si sacas el móvil, nos hacemos una foto para recordar este momento, nos vamos a comer y después a dormir otra vez al hostal? O, si lo prefieres, duermes en el coche mientras yo conduzco rumbo al horizonte… —propone Alonso en voz baja.
—Confirmo uno y dos, tres, ya veremos después de comer, aunque no prometo no dormirme encima de la comida —digo divertida mientras saco el móvil y busco la cámara.
—Me parece correcto —dice, a la vez que se levanta y se acerca al mar.
Me levanto también y pongo la cámara delantera.
—¿Listo? —pregunto enfocándonos.
—Un momento —dice, dando un pequeño paso atrás, llevándome con él.
—Vale, dame un beso en la mejilla, esas fotos me encantan —digo emocionada.
—A las órdenes, señora influencer —responde con una media sonrisa.
Alonso pone sus labios en mi mejilla… Mi sangre hierve con cada mínimo contacto que tengo con él, menos mal que no lo sabe… En el mismo momento en el que aprieto el botón de la pantalla para sacar la foto, una ola nos salpica.
—¡Ah! —grito por culpa de lo fría que está el agua.
—De nada, ya no te vas a dormir cuando comamos —dice riendo, alejándose del agua para no mojarse más.
—Tontolaba —le insulto, quejándome por lo bajo.
—¿Qué tal hemos salido? Seguro que bien, no has soltado el móvil —dice divertido, mirando la pantalla del teléfono.
—Pues vamos a verlo. Y como salgas feo no la repito, ha sido culpa tuya —le amenazo mientras lo compruebo.
—Me parece justo —responde, abrazándome por detrás para ver la foto mientras la pongo en el móvil.
De nuevo mi sangre hierve, mi piel se eriza y mis labios solo desean poder vivir en los suyos… Cuando lleguemos al hostal voy a hacer todas mis fantasías realidad, una y otra vez…
—Sale borrosa, aunque se nos distingue más o menos bien… La voy a borrar —digo decepcionada.
—¡Pero qué dices! ¡Me encanta! Pásamela —dice Alonso súper feliz.
—Pero si la foto ha salido fatal —digo sorprendida, mientras le miro como si estuviera loco.
—Precisamente por eso es tan perfecta, porque en el mundo de perfección constante en el que vives, algo imperfecto es un tesoro.