38. CAPÍTULO 38
Y se queda tan tranquila, me enseña una canción que ha escrito sobre nosotros y se queda tan ancha… No es para nada justo, ella tiene su arte para demostrarme lo mucho o poco que le gusto, para expresarse… ¿Y yo qué hago para poder estar a la altura?
—Me ha flipado —digo sonriente—, aunque… Si la canción está inspirada en el día en que injustamente tuve que invitarte a unos churros…
—¿Injustamente? —me interrumpe riendo—. Tú fuiste el que intentó engañarme para que parara —se queja.
—Anda, no te jode, y tú saliste antes corriendo —río a carcajadas.
Mientras ambos reímos no puedo evitar sentir algo cada vez más fuerte en el pecho, no sé qué es y tampoco quiero saberlo. Solo me refugio ahí y siento un calor que sabe a hogar.
—Bueno… —continúo—, te decía que si está inspirada en ese día, la verdad es que no pasó tal y como lo cuentas.
—Ni una licencia creativa puede tomarse una… De verdad —ríe Lía—. ¿Y si te digo que es lo que me hubiera gustado que pasara? —dice socarrona.
—En ese caso te perdono el autotune que has usado —digo vacilón, mirándola.
—El auto… —Lía abre mucho los ojos, sorprendida.
A estas alturas sé lo que se viene, ruedo hacia el costado izquierdo y, en menos de lo que canta un gallo, me levanto y huyo.
Veo cómo el golpe que iba a soltar Lía golpea el aire mientras ríe y juramenta, se levanta con una agilidad felina y corre hacia mí.
Creía estar a una distancia segura hasta que veo cómo se acerca, no me va a dar tiempo a reaccionar, o quizás es que no quiero.
Lía recorre los últimos metros que nos separan y, en vez de abalanzarse sobre mí como esperaba, para en seco…
—Te doy la oportunidad de escapar —dice divertida.
—¿Y si no quiero? —digo mientras me acerco más a ella, mirándola intensamente a los ojos.
—¿Estás seguro de que no quieres escapar? Porque lo que viene puede doler… —dice Lía bajando la voz.
—No te preocupes, aunque todo falle, mientras esté contigo todo va a ir bien —digo mientras le sonrío.
—¿Perdona? ¿Te crees que diciendo que todo va a ir bien y una sonrisa todo lo que salga mal se va a arreglar? —dice Lía incrédula.
—Exacto —respondo, cada vez más cerca de sus labios.
—Estás…
La interrumpo con un beso dulce…
—Todo va a ir bien —digo apoyando mi frente en la suya.
Lía abre los ojos y me mira con esos ojos verdes…
Me encantan… O puede que en realidad lo que me guste no sea el color de sus ojos, sino el color de su mirada cuando coincide con la mía.
Joder… Quiero hacerla mía aquí mismo, pero sé lo que me va a decir…
Ya estamos jugando con fuego con ese beso…
Maldito mundo de papel, malditas apariencias…
¡Que le den! Vuelvo a besarla agarrando su cuello por detrás con delicadeza y acercándola a mí. Qué bien sabe…
—Alonso… —susurra Lía, separándose de mí temblando.
—Lo sé —susurro yo también.
—Te lo he dicho, lo que viene ahora va a doler…
—Shhh —chisto suavemente mientras la abrazo y me acerco a su oído izquierdo— todo va bien.