33. CAPÍTULO 33
Desde la gasolinera y su viaje astral a no sé dónde, está muy callado, es como si el Alonso que ha planeado el viaje hubiera desaparecido.
—¿Estás bien? Desde la gasolinera apenas has hablado —digo preocupada, mirándole.
—Sí, sí, simplemente estoy pensando dónde podríamos ir.
—Eso entonces se saltaría la norma más importante de este viaje… Rumbo al horizonte —digo extrañada.
—Tienes razón. ¿Qué te parece si paramos en algún hostal y recuperamos fuerzas para mañana…? —dice Alonso mirando a la carretera.
—Bueno, quizás si hacemos eso no recuperaríamos tantas fuerzas como te crees, más bien lo contrario —digo pícaramente mientras sonrío con perversión.
—¡Coño! Tenía que haber pensado eso lo primero de todo —dice estremeciéndose.
El coche acelera en mitad del puerto de montaña. Alonso parece concentrarse en la carretera, cada vez más oscura después del atardecer.
Por fin llegamos a lo que parece un bonito hostal en la parte alta de la montaña, mi estómago empieza a traicionarme, los nervios empiezan a florecer en mi interior. Al fin vamos a poder terminar lo que hemos empezado ya demasiadas veces sin éxito.
—¿Crees que tendrán alguna habitación? —digo preocupada.
—Bueno, si no la tienen, habrá que hacerlo todo en el coche —responde juguetón, mirándome.
Se me eriza la piel al pensar lo que eso significa, y también me viene a la cabeza la frase de Olivia, “¿Y si lo que tenéis no es para siempre como te crees?”.
Intento apartar de mi mente la inseguridad, pero me viene otra frase, “¿Y si la que está hasta las trancas eres tú sola?”.
Mi confianza se desvanece y me viene otro pensamiento más, “¿Y si no es amor? ¿Y si es solo deseo lo que tenéis, esa atracción física irrefrenable que se va disipando más pronto que tarde?”.
¿Y si Olivia tiene razón? ¿Y si cuando por fin lo hagamos todo esto que sentimos…
que siento, se desvanece? ¡No!, ¡no!, ¡no!
No quiero que esta sensación de felicidad desaparezca aún…
—Buenas noches. ¿Tienen una habitación de matrimonio? —pregunta él, ajeno a mis pensamientos.
—Buenas noches, sí. ¿Cuánto tiempo se van a quedar? —responde el hombre de recepción.
—Una noche, estamos de paso —responde Alonso con calma mientras me mira.
Puedo ver cómo el hombre nos estudia intentando averiguar cuáles son nuestras intenciones. Inconscientemente sonrío y pongo mi cara más inocente.
—Está bien, son cincuenta euros la noche —responde suspirando.
—Con tarjeta —dice Alonso mientras veo cómo saca la cartera y la tarjeta para pagar.
Soy yo la millonaria y él está pagando constantemente, qué asco de persona soy.
—Habitación tres, al fondo del pasillo —dice el de recepción—. Si quieren el desayuno mañana, es de siete y media a nueve y tendrían que abonar siete euros por persona —explica el recepcionista.
—Muchas gracias, buenas noches —dice Alonso con amabilidad.
—Oye, Alonso, quería decirte que te voy a hacer un Bizum cuando estemos en la habitación. A fin de cuentas, tengo mucho más dinero y a mí no me cuesta tanto ganarlo —digo tímidamente, sin querer parecer una niñata rica.
—Bueno, eso es un tema peliagudo —dice sonriendo—.
Por una parte, podría sentirme ofendido ya que parece que menosprecias un dinero que cuando lo gasto contigo no me cuesta, por otro, podría decirte que sí y dejar que pagues tú todo, ya que tienes muchísimo más, y convertirme en un caradura…
—dice Alonso mientras vamos a la habitación—.
Sinceramente, tienes mucho dinero, sí, pero no digas que te cuesta menos ganarlo.
Para mí, después de lo que he visto, me da la sensación de que te cuesta mucho más.
Yo hago mis ocho horas y a casa, tú estás constantemente trabajando, y cuando estás en tu tiempo libre, sufres el acoso y derribo de la prensa…
—dice Alonso haciendo que se me acelere el corazón.
—Bueno, pero no quiero que estés siempre pagando tú… —me excuso avergonzada.
—No te preocupes, Lía —dice despreocupado—. Ya te tocará pagar algo rollo una isla en el océano para nosotros solos —dice riendo.
—Serás tonto —digo desarmada, mientras entramos a la habitación.
No, no quiero que acabe esta sensación que me llena el pecho tan pronto por culpa del sexo… Aunque lo anhele con cada milímetro de mi piel.
—Bueno, la habitación no está mal. Voy a traer las maletas, dúchate que estarás deseando descansar —dice con una dulzura que no merezco.
—Vale, voy a ver si la cama es cómoda.
—Sí, mejor, ve probándola antes… —dice juguetón.
Veo cómo Alonso se marcha de la habitación y, en el momento en el que la puerta se cierra, mi mente y mi corazón se aceleran.
Me voy a odiar toda la vida por hacer lo que voy a hacer, me tumbo en la cama y miro al lado contrario de la puerta mientras espero pacientemente a que vuelva.
¡Mierda, la peluca! ¡Corre, quítatela! A toda prisa me arranco la peluca y me tumbo a toda velocidad en la cama, dejándome mechones de pelo en la cara.
No tarda mucho en abrirse la puerta. Me tenso en la cama intentando no moverme mucho y finjo dormir.
—¿Lía? —oigo cómo me llama en voz baja—.
¿Lía? —vuelve a llamar—. Bueno, tenías que estar reventada, no sé cómo has podido aguantar tanto —cada vez escucho su voz más cerca—.
Descansa tranquila, ya cuido yo tu sueño mientras vivo el mío contigo —noto cómo, mientras dice esto, me coloca un mechón detrás de la oreja con una caricia dulce.
Joder, no le merezco. Si me despierto ahora voy a quedar como una payasa, tengo que ir con esto hasta el final. Siento cómo Alonso rodea la cama y se tumba abrazándome por detrás. En ese mismo momento, algo en mí se rompe y una solitaria lágrima cae por mi mejilla.