32. CAPÍTULO 32
—¿Tienes hambre? ¿Paramos? —digo con cariño.
—La verdad es que tengo algo de hambre. Aunque voy súper cómoda con la música a media voz y con la conversación, si tú quieres paramos —dice Lía con dulzura.
—Pues entonces en la siguiente salida con gasolinera salgo y paramos un rato, necesito estirar las piernas —reconozco sonriendo mientras acelero un poco.
—Vale, perfecto.
La siguiente gasolinera no tarda en aparecer, tiene bar-restaurante también, qué suerte, conduzco hasta el parking y dejo el coche en la parte más alejada.
—Hora del disfraz, ¿o te quedas en el coche mientras te pido algo? —digo mientras apago el motor.
—Me apetece ir contigo, dame un segundo que me pongo la peluca y las gafas de sol —dice Lía buscando el disfraz.
Veo cómo Lía coge la peluca morena del asiento trasero y se la ajusta perfectamente…
De todas las veces que habrá tenido que hacerlo es toda una experta disfrazándose.
No puedo evitar que me embarguen sentimientos contradictorios.
Por un lado, estoy agradecido del esfuerzo que hace solo por estar conmigo, pero, por el otro, no puedo dejar de pensar en lo engorroso que es, en lo incómodo, y en lo superficial que es todo…
Ecos del pasado vienen a mi cabeza, el miedo a no dar la talla, la felicidad actuada, no poder ser nosotros mismos sin tener el miedo del qué dirán o quién te ve, vivir tanto en una mentira que al final no sabes lo que es real y lo que es actuado.
—¿Alonso? ¿Estás bien? Lía llamando a Alonso —dice Lía divertida, dándome dos golpes suaves en la frente como llamando a una puerta.
De golpe mis pensamientos vuelven al presente y veo cómo Lía me mira con curiosidad.
—Perdona, mi mente ha viajado al futuro… —digo con una sonrisa ensayada.
—Bueno, pues vuelve al presente y, cuando tengamos comida para el viaje, me voy contigo a donde estés pensando —dice ella con ternura.
—Me parece correcto, necesitaremos recuperar energía para viajar tan lejos —digo sonriendo mientras me bajo del coche.
Caminamos hacia el bar-restaurante en un silencio cómodo, el uno junto al otro, y por puro instinto tomo su mano con la mía, sintiendo cómo encajan perfectamente, notando la electricidad subiendo desde la punta de mis dedos hasta el lado izquierdo de mi pecho.
Nos miramos mientras vamos llegando a las escaleras de la entrada, sonriendo tontamente como dos adolescentes conscientes de lo que acabamos de hacer. Joder, ¿es que toda mi madurez mental se va a la mierda cuando estoy con ella? ¿Voy a reírme como un niñato con cada paso nuevo que demos?
—Será mejor que pillemos un bocadillo y comamos en el coche, ¿no? Creo que vas a estar más cómoda. Además, esta semana eres solo mía, no quiero compartirte con nadie más —digo apretando con fuerza su mano.
—Me parece un plan perfecto, pero quiero aclarar algo… —dice misteriosa Lía.
—Dime —respondo con curiosidad.
—Yo no soy de nadie, y mi tiempo solo me pertenece a mí misma, y la verdad es que… —Lía se cruza en mi camino para mirarme directamente a los ojos—, en todo caso, tú eres mío —me dice mientras se pone de puntillas y une sus labios con los míos en un beso dulce y corto.