31. CAPÍTULO 31
Llevábamos ya un buen rato en el coche y Lía, por puro cansancio, se ha dormido. Joder, qué guapa es hasta durmiendo.
Qué ganas tenía ya de poder pasar tiempo de calidad a solas con ella, pasar más de diez minutos juntos sin que nos interrumpieran, y de lo que más ganas tengo es de poder hacer todo con ella sin tener que contenerme por el qué dirán.
—¿No deberías estar mirando a la carretera en vez de a mí? —dice Lía con los ojos cerrados.
—¡Coño, qué susto me has dado! —digo pegando un respingo—, solo me he quedado embobado con la cara que has puesto, mira, así —digo mientras abre los ojos y pongo la cara más tonta que se me ocurre.
—Serás tonto —dice mientras me pega en el hombro.
—¡Uy! Y lo peor no ha sido eso, ha sido el ronquido entre dragón y oso que salía de ti —digo riendo—, ¡chica, qué potencia vocal!
—Quieres que hablemos de tus caras, porque sales perdiendo, Travolta —dice intentando defenderse mientras se vuelve a acomodar en el asiento.
—No puedes hablar de ellas porque no las has visto… aún —digo mientras la miro picaresco.
—Claro, porque en la discoteca cuando bailabas o canté no pusiste esta cara —me dice mientras pone una cara peor que la que he puesto yo para hacer la burla—, así empanado, con los ojos brillantes en el concierto, y esta en la discoteca —Lía se pone bizca e intenta imitar mis lamentables pasos de baile pero con caras extrañas.
—¡Pero bueno! —digo con falsa indignación.
—Has empezado tú —dice riendo a carcajadas mientras me voy quejando.
—¿Qué tal por Argentina? ¿Al final pudiste estar con el resto de tu familia? —pregunto sin más.
—Sí, y adivina… —responde Lía riendo.
—¿Qué adivine? —digo mientras giro el volante para cambiarme de carril.
—Sí, lo que todos querían saber —dice divertida.
—Déjame pensar, ¡ah!, ya está, ya lo sé, querían saber cuándo volverías otra vez —digo vacilón, volviendo de nuevo al carril después de adelantar a un camión.
—No, tonto, todos querían saber a quién iba dirigida la canción y ver fotos tuyas —dice Lía riéndose mientras mira por la ventana.
—Obviamente no les has dicho nada, ¿verdad? —Por alguna extraña razón me lo imaginaba y, no me quiero mentir, estoy un poco acojonado.
—Solo lo saben las chicas, Jorge, y mi madre solo lo sospecha, puedes estar tranquilo.
—¿Y qué han dicho las chicas de mí? —pregunto con una mezcla de miedo y curiosidad.
—Les preocupa que esté yendo muy rápido y que me puedas hacer daño, al fin y al cabo son mis mejores amigas, el modo preocupación lo traen por defecto.
—No quiero caer en el típico cliché de que jamás te haría daño, pues al final por mucho que quieras a una persona, aunque sea sin querer, siempre terminas haciéndolo. Lo que sí puedo intentar prometerte es lo que dice la canción que has escrito para nosotros…
—Es una canción con muchas frases importantes para mí, ¿qué es exactamente lo que vas a intentar prometerme? —dice Lía pícaramente.
—¿Me vas a hacer decirlo, verdad? —digo con una media sonrisa.
—Por supuesto, me gustaría oírlo con tu voz y en tus palabras —dice mientras sonríe y me da un codazo suave.
Ante esa sonrisa no puedo resistirme, me desarma, lo que no estoy seguro es si ella es consciente de ello.
—Lo que puedo prometerte es mirarte como nadie más, pues solo veo a la mujer que me dejó sin habla con una sonrisa en un banco del parque, creer en nosotros aunque los demás no lo hagan, quedarme contigo, elegirte todos los días, caer al vacío juntos, seguir esperando a las tres de la mañana para escribirnos aunque sean cinco minutos, aprender contigo a no huir de los problemas y solucionarlos de frente porque juntos somos verdad, porque aunque nuestros mundos sean distintos, yo también me quedo contigo.
—Eso es… Muy bonito, Alonso… Aunque al final sigue siendo un cliché —dice mirando por su ventana.
—Bueno, pues entonces lo que puedo asegurarte es que mínimo intentaré elegirte todos los días… —digo encogiéndome de hombros mientras la miro.
—Y yo a ti —dice Lía girándose y mirándome directamente a los ojos—, pero eso también puede fallar…
—Lía, todo puede fallar, pero habrá que encontrar la manera de que esto funcione… —digo intentando convencernos.
—Lo sé, solo que verás… En cuanto al corazón se refiere… Lo he pasado bastante mal, la verdad. Incluso contigo lo paso mal —admite Lía vulnerable mientras me mira.
—¿Conmigo? —pregunto nervioso.
—Sí, cada vez que no contestas un mensaje o te veo con alguna que no soy yo… Como en el concierto, me vuelvo loca y mi corazón quiere romperse… —confiesa mirando inmediatamente hacia la ventana.
—Esos celos son muy tóxicos, y desde luego tendremos que trabajar juntos en ellos… —digo entre la broma y la verdad.
—Lo sé, pero no puedo evitarlo, llevo mucho tiempo siendo así, en mi anterior relación…
Veo cómo las palabras se le amontonan y no consigue expresarlas.
—Lía, no hace falta que…
—Sí lo hace —me interrumpe—, he discutido con Oli por ti, necesito que me escuches y que estés preparado, quererme no es fácil… —dice Lía compungida.
—Ni a ti ni a nadie, vale que tu… Mochila, llamémosla así, no es de lo más normal, pero todos de una manera u otra somos complicados. Yo también he tenido alguna relación complicada… —digo abriéndome un poco más a ella.
—Lo sé, la tal Nuria esa… —dice como si nada, sorprendiéndome.
—Recuérdame cuando volvamos a Madrid que me cargue a Jesús —digo molesto—, será bocazas el mamonazo.
—Ves, necesitaba saber por qué te resistías tanto y tuve que recurrir a Jesús a través de Oli para poder calmarme, puedo ser un poco psico —dice Lía mientras sonríe nerviosamente.
—Aunque no me guste que lo hicieses así, no puedo enfadarme, aunque también es verdad que si lo pienso de otro modo, menuda egocéntrica, ¿no?, ¿qué pasa, que eres irresistible? —respondo algo molesto.
—No, no lo hice por eso, es que yo, es que… No sé… —balbucea.
Empiezo a reírme a carcajadas, y alternando entre mirar a la carretera y a Lía consigo ver confusión en sus ojos.
—Así que esto es lo que se siente cuando te pillan y te dejan sin palabras, ¿eh? Te la he devuelto en menos de dos horas, soy un máquina… —digo riendo, haciendo un gesto triunfal.
En ese momento consigo ver cómo Lía abre muchísimo los ojos, noto furia en ellos… Creo que la he cagado.
—Te estoy abriendo mi corazón y te lo tomas a broma, ¿eres gilipollas o qué? —dice bastante enfadada.
—Eh, no, no, solo quería animarte, lo siento, eh, no quería que te lo tomaras así, perdona, de verdad, no sé… —balbuceo.
—Buah, increíble, con ese nivel crees que puedes pillarme —dice Lía cambiando drásticamente el gesto y sonriendo con malicia—, a la maestra te crees que vas a pillar —dice empezando a reírse.
—Menuda hija de tu madre —digo descojonándome mientras miro a la carretera.
—Pues no te queda aún para pillarme, chaval —se chulea ella.