30. CAPÍTULO 30
—Gracias, Jorge, veo que ha salido todo bien, ¿algún contratiempo? —digo mientras le doy la mano.
—Ninguno, Alonso, la verdad es que fue muy buen plan, podrías dedicarte a esto si quisieras —me dice divertido.
—A lo que se tiene que dedicar es a decirme por qué estoy aquí —interrumpe Lía.
En ese momento Jorge me mira con cara de, tu vida depende de lo que respondas ahora. Sonrío, sé perfectamente que la tengo convencida.
—Pues verás, no podía esperar para verte y quería hacer ese viaje que tenemos pendiente —digo con total seguridad.
—¿Y no has pensado que quizás me hubiera gustado más llegar a mi casa, ducharme, descansar y poder estar después contigo, no ahora que estoy reventada del viaje? —dice con un tono que no sé identificar.
—Eh, pues… Yo… Eh… No lo sé… Quizás sí que debí de pensarlo… Eh, pero… —me ha dejado desarmado—. Te puedo llevar a casa… O… Bueno, ¿qué quieres tú…?
Lía se empieza a descojonar en mi cara, la muy cabrona me la ha colado.
—Nos vamos ya, entonces —dice entre risas—. Tu cara ha sido para hacerle una foto, y tu discurso ha sido de lo más elocuente —continúa mientras se burla de mí.
—Tranquila, prima, que la foto está hecha —dice Jorge agitando el móvil.
—Jorge, tú no te rías tanto, mamonazo —digo a su primo riendo.
—¿Cómo no me voy a reír? Si a mí me hacía la misma de pequeños, ahora veo lo divertido que es cuando no eres tú la víctima —dice riendo mientras da un par de pasos hacia atrás.
—Anda, pásame la otra maleta del viaje, que lo de estar con mi abuelo no lo esperaba y vamos tarde —digo con una media sonrisa.
—¿No te habrás enfadado, tonto? —me pregunta Lía.
—Estoy ofendidísimo —digo exagerando, llevándome una mano al pecho.
—Anda, bobo, tira al coche mientras me despido de Jorge —dice Lía pegándome en el hombro con cariño.
—Gracias, Jorge —le doy la mano y me siento en el asiento del conductor sin cerrar la puerta.
—Primo, gracias por la sorpresa, te quiero —dice Lía dándole un beso en la mejilla.
—Fue todo idea suya, el tipo me gusta, la verdad. Creo que tiene potencial —dice Jorge convencido.
—Poco a poco, primo, me voy —responde Lía mientras abre la puerta del coche para montarse.
Cierro la puerta del coche también y arranco.
—¿Bueno, y a donde se supone que vamos? —dice Lía con la curiosidad de un niño.
—A ningún sitio —respondo con una sonrisa mientras la miro directamente a los ojos.
—A algún lado iremos —contesta Lía como si fuera algo lógico.
—¿Sabes lo que es coger carretera y manta? —pregunto girando la cabeza hacia el parabrisas delantero y mirando hacia el horizonte.
—Ilumíname, por favor —dice curiosa.
—Rumbo al horizonte, conducir sin destino, eso vamos a hacer. Vamos a perdernos, pero juntos.
—Me gusta cómo suena, nunca he viajado así —dice sonriendo, acomodándose en el asiento.
—Yo tampoco —confieso—, pero si es contigo me apunto sin pensarlo.
—Pues adelante, que tenga eco —responde ella con esa sonrisa que me tiene enamorado.