Superestrella 29. CAPÍTULO 29
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29. CAPÍTULO 29

Estoy bastante nervioso, espero que el plan salga bien.

Jorge no me ha mantenido informado y eso no puede ser bueno.

He escrito a Violeta y tampoco me ha tranquilizado, por lo visto ha sido una locura el aeropuerto.

Lía me ha escrito desde el coche y eso significa que al menos han llegado a la primera parte del plan, pero la clave está en el cambio de coche, ¿lo habrán conseguido?

Justo cuando los nervios no me dejan ya pensar más escenarios, me llega un mensaje al móvil.

Estamos llegando

Es Jorge.

—Bueno, abuelo —digo levantándome del banco—, me voy, está a punto de llegar.

—No, no, no, tú no te vas solo, me voy contigo —dice mi abuelo levantándose también.

—Tú lo que quieres es verla en persona, jodío —contesto sonriendo.

—Hombre, voy a ser el primero en conocerla de la familia. Si yo le doy el visto bueno, toda la familia tendrá que quererla —sentencia mi abuelo.

—Joder, el patriarca se ha puesto serio —digo entre risas—, cuando veas quién es creo que no vas a poder hacer nada aunque no te guste —le miro con malicia y añado—, además, que sepas que técnicamente serías el segundo en conocerla.

—No será verdad, Alonsillo —dice amenazándome con el dedo—, ¿quién es más importante que tu abuelo?

—Técnicamente Lola la conoce antes que tú —digo con maldad—, en Navidad, justo cuando me fui a preparar nuestra… —dudo en cómo expresarlo— primera cita planeada, si se puede llamar así.

Mi abuelo parece estar pensando en lo que pasó ese día, intenta recordar qué pudo decir Lola para poder saber más de Lía, pero la edad no pasa en vano y sé que no se va a acordar de demasiado.

A la distancia, mientras mi abuelo se devana los sesos para averiguar algo más, veo cómo un pequeño coche gris llega al parking y aparca al lado de mi coche.

Tiene que ser ella, por fin… Me quedo mirando cómo bajan dos personas del coche, un hombre alto, musculoso, y una mujer morena con gafas de sol.

Podrían haber confundido a cualquiera, pero reconozco a Lía al instante con su manera de moverse.

—Bueno, abuelo, no te esfuerces mucho que te va a explotar la cabeza —digo riéndome—, además, la tienes ahí delante si la quieres conocer, viejo zorro —digo señalando a Lía.

—¿La mujer esa morena al lado de tu coche? —dice mi abuelo emocionado.

—Esa —respondo mientras saludo a la lejanía.

El corazón se me acelera cada vez más a medida que nos acercamos, el tiempo se ralentiza y a la vez va mucho más rápido, ¿es acaso eso posible?

Siento en el estómago un vacío enorme, mi mente va a mil por hora, ¿y ahora cómo la saludo?

Un beso, dos besos, la mano, un abrazo, un hola, joder, qué movida.

Alonso, tú sé natural, aunque claro, lo más natural que eres cuando está ella es una naturalidad de gilipollas, estoy jodido.

Casi llegamos a la altura de mi coche y tanto Jorge como Lía miran a mi abuelo.

—Es mi abuelo, no os preocupéis… Por cierto… ¡Sorpresa! —no puedo decir nada más, según acabo la frase veo cómo Lía sale corriendo hacia mí.

Joder, es rápida para ser tan pequeñita.

No me da tiempo a pensar nada más, cuando llega a mi altura, no se para, salta sobre mí, o mejor dicho se abalanza, viene con tanta fuerza que caigo de espaldas golpeándome en el suelo, menos mal que veníamos por la hierba.

Oigo a mi abuelo reírse a carcajadas a mi lado de pie, le oigo porque lo único que puedo ver es la cara de Lía y todo el pelo de la peluca cayendo en cascada sobre mi cara.

—Te he echado de menos —me dice emocionada, riendo.

—Me queda claro… —digo sin poder responder nada más.

En ese mismo instante nuestros labios se funden en un beso intenso que promete muchos más en cuanto lleguemos a un lugar para estar a solas.

—Lía —interrumpo el beso—, ¿sabes que mi abuelo está de pie mirando, no? —digo señalándole con la mirada.

Ella sonríe y se sonroja.

—Es verdad —me dice en voz baja—, me he dejado llevar.

Ambos nos levantamos, nos ponemos de pie delante de mi abuelo, y Lía, no sé si conscientemente o no, me coge de la mano.

—Abuelo, te presento a Lía —digo mientras él se deja de reír.

—Encantado, jovencita. ¿Lía? Un nombre poco común —dice extrañado, rascándose la barba.

—Lía, te presento a mi abuelo Juan —digo haciendo un gesto con la mano, señalando a mi abuelo.

—Encantada, Don Juan, y sí, mi nombre es poco común —dice Lía seriamente.

—¿Don Juan? Sí, Don Juan me viene perfecto —mi abuelo se infla—, tu nombre… Lo ha puesto de moda una cantante que Lola, mi nieta, no para de poner a todas horas. Verás cómo de aquí a unos pocos años solo hay Lías por los parques —dice mi abuelo creyendo que es una coincidencia.

—Es verdad, abuelo, Lía la cantante que le encanta a Lola canta de puta madre, ¿eh? —digo aguantándome la risa mientras Lía me aprieta la mano más fuerte y me pega con el codo.

—Sí, bueno, no es de mis favoritas, prefiero otro tipo de música, pero la chica no canta mal. Por cierto, Lía, se te salen unos pocos pelos rubios por la frente.

Lía saca ipso facto su móvil para poder meter esos pelos rubios y alguno rosa rápidamente dentro de la peluca.

—No te preocupes por mi abuelo, puedes quitártela, además las personas más cercanas están lejos, mira —señalo a Lía donde está todo el mundo.

—Ah, no te sientas avergonzada, Lía, soy un caballero, no diré nada si…

En ese momento Lía tira de la peluca y deja suelto su pelo rubio con mechas rosas, me encanta, parece un anuncio de champú cuando se lo agita y acomoda y, por la cara que ha puesto mi abuelo, creo que la ha reconocido.

—Sí, es ella —le digo a mi abuelo, cerrándole la boca suavemente—, la que vuelve loca a tu nieta.

Mi abuelo nos mira a los dos, sonríe y me choca los cinco.

—Ese es mi Alonsillo —me dice orgulloso, como si fuera un héroe de la humanidad.

Lía empieza a reír, no sé si de vergüenza o porque ha notado el tono de mi abuelo como diciendo que soy un macho ibérico que merece una ovación porque ella es un bombón.

—Don Juan, ¿nos hacemos una foto para Lola? —pregunta Lía amablemente.

—Por supuesto, niña, hoy tengo el guapo subido, como decís los jóvenes —mi abuelo me da su móvil—, toma, hazla y mándasela a Lola.

—¿Y si mejor la hago con mi móvil, que hace mejores fotos? —digo riendo.

—Como quieras, Alonsillo, pero me la pasas —me amenaza mi abuelo con el dedo índice.

—Claro, abuelo —digo mientras saco el móvil y abro la cámara.

Lía se pone junto a mi abuelo y sonríe mientras hago la foto.

—Venga, Don Juan, vamos a hacernos una graciosa para Lola. Yo pongo cara de pez y usted saque la lengua.

Mi abuelo me mira con cara de, mira la chica qué mona es.

—Claro, claro, ¿así? —mi abuelo saca la lengua y Lía y yo empezamos a reír.

—Sí, así es perfecta —dice Lía mientras pone morritos de pez.

Saco otra foto, y otra y otra, menudo book les estoy haciendo.

—Luego quiero verlas, ¿eh? —me dice Lía entre risas—, tengo que salir guapa.

—Bueno, os toca a vosotros —dice mi abuelo—, os hago yo las fotos, venga.

—Vale, toma mi móvil, abuelo, ya está en la cámara —mi abuelo coge el móvil y se pone a tirarnos fotos mientras posamos.

—No sé si están saliendo bien, solo sale mi cara y hay un círculo rojo —dice mi abuelo confundido.

Me acerco a él y compruebo cómo ha hecho unas pocas fotos con la cámara de selfie , y un vídeo. Me río mientras cambio la cámara y lo pongo en modo foto otra vez.

—Ya está, abuelo, se había cambiado —le digo mientras me coloco con Lía para que haga las fotos.

Mi abuelo tira unas pocas fotos, y empieza a reírse.

—Qué pasa, Don Juan —pregunta Lía.

—Que otra vez tiene el círculo rojo —dice riéndose.

Lía y yo nos miramos y empezamos a reír junto a él.

—Madre mía las tecnologías, abuelo —digo mientras me acerco para coger el móvil.

—Es el móvil ese, que está endemoniado, ves cómo tenía que haber cogido el mío —me dice indignado.

—Venga, deja de quejarte y vamos a hacernos una los tres —digo mientras le doy el móvil a Lía.

—¿Para qué me lo das? —pregunta confusa.

—Tú eres la cantante barra influencer , eres la experta haciendo selfies .

—Está bien, acepto el reto —responde sonriendo.

Nos colocamos Lía y yo lo más juntos que podemos con mi abuelo en el centro y Lía hace la foto.

—A ver, déjame ver si salgo guapo —digo burlándome de ella.

—Todo lo que puede un monguer como tú —contesta divertida.

—Pues a mí me gusta la foto —dice mi abuelo—, pásamela que la voy a revelar para ponerla en casa.

—Tranquilo, que te paso toda la sesión de fotos que hemos hecho en cinco minutos. Ahora, abuelo, Lía y yo nos vamos, lleva mucho tiempo sin la peluca y me preocupa que la gente pueda reconocerla y le hagan una foto conmigo, ya te explicaré.

—Claro, Alonsillo, idos, pero antes… —mi abuelo mira a Lía—, ¿me puedes poner tu autógrafo aquí?

—¿En la petanca? —dice Lía incrédula—, claro, Don Juan, pero ¿no prefiere en otro sitio mejor?

—Qué va, es el mejor sitio, así puedo presumir de que soy el abuelo más moderno del parque y que estoy en vuestra "onda".

—Claro que sí, me parece muy buena idea, pero no tengo nada para…

—Tranquila —interrumpe Jorge, que se acerca en ese momento—, tengo aquí —Jorge saca un rotulador permanente.

—Gracias, primo —contesta Lía mientras firma la petanca de mi abuelo—, pues listo, Don Juan, ya eres el abuelo más moderno del parque —dice con ternura.

Mi abuelo se despide dando dos besos a Lía y la mano a Jorge.

—Nos vemos cuando vuelvas de tu… —baja la voz—, viaje.

—Sí, abuelo, iré a veros a los dos cuando vuelva, te quiero.

Mi abuelo y yo nos fundimos en un abrazo lleno de cariño.