28. CAPÍTULO 28
—Madre mía del amor hermoso, sabía que después de “Sin Buscarte” iba a ser una locura, que me estarían esperando en el aeropuerto un montón de periodistas, lo que me sorprende es que esté aquí media España.
—¡Lía, Lía! ¿A quién va dedicada la canción? —oigo que me preguntan.
No puedo casi andar, parece que están en un ascensor todos apiñados, menos mal que tengo a Jorge ayudándome a avanzar.
—Lía, ¿cómo se llama tu nueva pareja? —otra pregunta que consigo distinguir entre la multitud.
—¿Es un hombre o una mujer? —oigo entre el gentío.
—¿No contestas porque sabes que es pasajero? —esta pregunta me enciende, me estoy calentando.
—¿Sois pareja o solo amantes? —la rabia me empieza a subir por la garganta.
—¿Lo quieres llevar en secreto porque te avergüenzas de él o ella? —no puedo más, la ira se me va a escapar.
—¡Por favor, basta ya! ¿Os parece normal esto? Podéis dejar mi vida privada como es, privada, y concentraros en que estoy haciendo un nuevo disco que va a ser el mejor hasta el momento —casi vomito las palabras, consigo calmarme pensando en que ya estoy en España y voy a poder verle.
—¿Vas ahora a verlo o verla? —uf, no puede ser, ni un mínimo de respeto por la intimidad.
Esto es lo que la gente no ve que también tiene la fama, no poder hacer tu vida sin que se metan en cada aspecto de ella.
No puedo salir del aeropuerto e ir directa a nuestro refugio porque seguro que me van a seguir para ver si hago exactamente eso.
Por fin Jorge y yo conseguimos superar la marabunta y llegar hasta el coche.
Jorge me abre la puerta trasera y entro, casi no puedo cerrar la puerta de todos los micros que me apuntan a la cara.
—Prima, ahora viene el jaleo de verdad —dice Jorge según cierra la puerta del coche tras sentarse en el asiento.
—No entiendo —digo confundida.
—Verás, nos van a seguir seguro, y necesito que confíes en mí. Hemos pensado todos en que un tiempo de desconexión te vendría de maravilla, así que tenemos varios coches preparados igual a este para despistar a la prensa y llevarte a un piso más tranquilo —explica Jorge tranquilo.
—Lo que hayáis pensado, bien pensado está, adelante —digo segura y confiada.
Sin nada más que añadir, Jorge arranca el coche y se dirige hacia donde están el resto de coches aparcados. Saco el móvil de mi bolsillo ahora que por fin tengo tiempo para poder escribirle.
Ya estoy en España, estoy deseando verte 🥰
Me quedo mirando a ver si me responde.
Yo también estoy deseando verte 😍
El corazón me da un vuelco, consigue que con unas palabras tan normales se me acelere la respiración.
¿Nos vemos esta noche?
¿Me vas a hacer esperar tanto? Son las diez de la mañana
Jajajaja, qué tonto eres, me están llevando a otro piso en Madrid, uno que la prensa no conoce, ahí podremos estar tranquilos y quizás acabar lo que empezamos en el camerino 🍑 🍆
A por todas, di que sí, Lía, esta noche follas seguro.
Mmmmm, terminar lo del camerino no me convence, pero bueno… Al menos tengo tiempo para prepararme, tengo que ir a comprar entonces 😳
¿Prepararte? ¿Qué necesitas preparar si solo nos hace falta estar tú y yo?
A ver, tengo que ir a por el casco, comprarme una armadura, cojines y tal, porque como quieras acabar la ensalada de ostias que empezaste a darme…🤣
JAJAJAJAJA, si cuando digo que eres tonto, es que eres tonto. ¡Hombres! No aguantan un par de caricias fuertes 😤
¿Qué tal el viaje? ¿La prensa te ha agobiado a la salida?
El viaje bien, aunque he discutido con Oli antes de bajarme del avión y la prensa en su línea, impertinentes y sin respetar la intimidad, necesito verte de verdad… Quiero olvidarme por un momento de que soy Lía la cantante, y quiero ser Lía la chica normal
No tienen por qué ser Lías distintas, puedes ser perfectamente Lía la cantante y Lía la chica normal…
Sí, pues ya me dirás cómo, porque yo no lo sé
Me encanta Alonso, pero me da la sensación de que a veces sueña demasiado…
¿Y con Oli qué ha pasado?
Prefiero no hablar de ello, de verdad, te veo esta noche
Entiendo, nos vemos 😘
Guardo el móvil otra vez y miro por la ventana. Mientras hablaba con Alonso, parece que hemos llegado a un parking .
—¿Es aquí, Jorge? —pregunto extrañada.
—Sí, prepárate, hay que darse prisa —me apremia mi primo—, en cuanto aparque tenemos que ser muy rápidos. Un conductor se meterá en este coche y tú y yo tenemos que correr y montarnos en ese coche pequeñito gris —dice Jorge explicando con calma el plan.
—Está bien, te sigo.
Jorge para bruscamente en un aparcamiento vacío.
Un conductor viene corriendo y se cambia por Jorge, yo salgo a toda velocidad cogiendo la mano de mi primo que me arrastra hacia el coche que me ha dicho, miro hacia atrás y veo cómo sale ese mismo coche y dos más iguales hacia la salida del parking .
—¡Corre, monta atrás! —me urge mi primo.
Le hago caso y me meto en la parte de atrás, donde hay una bolsa. La abro y veo que tiene una peluca morena, una gorra y una sudadera.
—Joder, Jorge, parecemos espías —digo riéndo a mi primo.
—Y tanto, yo también tengo cambio, cuando acabes monta delante en el asiento del acompañante, y ponte las gafas de sol —responde riéndo Jorge mientras se cambia.
Sigo las instrucciones de mi primo y espero a que él termine de cambiarse.
—Vale, ahora esperamos. Salimos dentro de diez minutos, ¿quieres hablar de lo que ha pasado en el aeropuerto? —me pregunta Jorge protector.
—No sé, primo —resoplo—, ¿crees que haberme declarado con esa canción ha sido un error? —pregunto vulnerable.
—¿Tú lo crees? —responde mi primo enigmático.
—Yo no sé ya qué creer, Alonso consigue que haga las cosas sin pensar, cuando estoy con él parezco gilipollas —admito con una sonrisa vulnerable.
—La Lía que yo conozco no se arrepiente de nada.
Desde bien pequeña te has guiado por el instinto que tienes, y pocas veces te has equivocado —Jorge se gira hacia mí y me mira a los ojos—, a mí como hombre me cantan lo que le cantaste tú delante de miles de personas y se me caen los calzoncillos —dice mi primo riéndose.
—Me besó por fin, en el camerino —le confieso.
—Lo sé, prima, cuando te llevé al aeropuerto tenías un brillo especial.
Te veo feliz, pero feliz como una persona cualquiera cuando estás con él, el peso que te echas sobre la espalda parece que se aligera y disfrutas simplemente de ser una joven de veinticinco años cuando está con el chico que le gusta —dice mi primo con ternura mientras ajusta el asiento del coche.
—Así me siento, Jorge, siento que él ve a través de la fama, que ve a la verdadera Lía. Y además, no se lo digas a las chicas, pero he escrito bastantes canciones en Argentina pensando en él. ¿Quieres escuchar alguna? —pregunto ilusionada mientras me cambio al asiento de delante.
—Claro que sí, prima, ¿a capela?
—Qué va, he usado una base de una de las canciones que descartamos Oli y yo y le he cambiado la letra —explico mientras me acomodo.
—Adelante, Lía, me va a gustar seguro, ponla sin miedo —dice mi primo con una sonrisa de oreja a oreja.
Saco mi móvil otra vez y busco en el reproductor de música la canción.
—Aquí está, se llama “Una Y Otra Vez” —pulso el botón de play y empieza a sonar.
Te vi llegar como lluvia en verano,
sin avisar, cambiándolo todo.
Yo que juré no creer en milagros,
hoy me descubro creyendo en nosotros.
Y cuando dudes de lo que sentimos,
mi voz te buscará para recordar
que no es casualidad lo que vivimos,
que el destino decidió improvisar.
Quédate aquí, donde el miedo no entra,
donde el pasado no sabe volver.
Que si el mundo cae, que caiga fuera,
yo te prometo no dejar de creer.
Quédate aquí, donde el amor nos nombre,
que diga en voz alta lo que ya es.
Si me preguntas quién soy esta noche,
soy quien te elige una y otra vez.
Tus cicatrices no piden permiso,
pero en mis manos pueden vivir.
No te curo, camino contigo,
paso a paso hasta que vuelvas a sonreír.
No somos perfectos, somos verdad,
dos corazones sin manual.
Si alguna vez nos duele de más,
nos abrazamos y todo vuelve a encajar.
Quédate aquí, donde el miedo no entra,
donde el pasado no sabe volver.
Que si el mundo cae, que caiga fuera,
yo te prometo no dejar de creer.
Quédate aquí, donde el amor nos nombre,
que diga en voz alta lo que ya es.
Si me preguntas quién soy esta noche,
soy quien te elige una y otra vez.
Y si mañana el sol no aparece,
seré tu luz aunque todo se nuble.
No hay para siempre que no se construya
con cada "hoy", con cada "tal vez".
Quédate aquí, aunque duela el camino,
aunque no sepamos bien a donde ir.
Si estamos juntos, todo es posible,
todo comienza con un "sí".
Quédate aquí…
Quédate aquí...
Junto a mí.
Cuando la canción acaba, miro a mi primo expectante.
—Bueno... ¿Qué te parece la canción? —pregunto nerviosa mientras le miro expectante.
—Como diría la tía, se me ha cerrado el orto —dice Jorge riéndose a carcajadas.
—Serás payaso —digo golpeándole el brazo—, ¿de verdad te ha gustado?
—Me flipa, lo único que… —dice medio riéndose.
—Qué pasa, ¿la letra? ¿Le falta algo? ¿O la música no le va bien? Lo sabía... —mi cabeza va como un rayo pensando cómo solucionarlo.
—Lo único, y déjame acabar, Lía, es que se nota muchísimo que has estado con toda la familia de la tía —dice Jorge riendo.
—Claro que he estado con toda la familia, por eso hago los conciertos en Argentina también, para ir a verles. ¿Por qué lo dices? —pregunto inquisitivamente.
—Pues básicamente porque se te ha pegado el acento, y esa canción la grabaste allí. “Corasones”, ¿de verdad? “Una y otra ves”… —mi primo empieza a reír a carcajadas.
—Pues no pienso volver a grabarla. Me gusta, es parte de lo que soy —me defiendo pegando a mi primo en el hombro.
—¡Esa es la Lía que yo conozco! Ale, ¿estás lista para que nos vayamos, y para ver esta noche a tu empotrador? —dice Jorge orgulloso entre risas.
—¡Hombres! Siempre pensando en lo mismo —le suelto a Jorge, aunque la verdad es que esta noche va a ser en lo único en lo que voy a pensar yo.