Superestrella 26. CAPÍTULO 26
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26. CAPÍTULO 26

Un día menos para que Lía vuelva, le queda un concierto y ya está aquí. Llevamos casi un mes hablando por teléfono, WhatsApp y alguna videollamada, no me puedo aguantar más las ganas de verla. Me llega una notificación, son las tres de la mañana, solo puede ser ella.

Ey, ¿puedes hablar?

Claro que sí

¿Te has quedado despierto solo para hablar conmigo?

¿Yo? Qué va

Allí serán las tres de la mañana, Alonso

Nuestra hora de siempre

Jajajaja qué tonto eres

Estás incendiando las redes con tus fotos, la prensa no para de hablar de un supuesto novio, me lo vas a tener que presentar

No sé si novio, pero un nuevo amor sí que tengo. ¿Cuál es la foto que más te ha gustado?

La del concierto, esa en la que sale un montón de gente y estás cantando Sin Buscarte, qué afortunado el tío al que le cantes eso…

No sé si será afortunado o no, lo que sí sé es que es un rato tonto

Eso seguro, ¿a quién le podrías gustar? Si encima cantas con autotune… Por otro lado, cuando no cantas…

Cuando no canto, ¿qué?, don bailarín de hormigón

Cuando no cantas eres muy aceptable, estoy deseando que vuelvas ya y hacer ese viaje que tenemos pendiente…

Yo también, aunque me encante lo que hago, estoy deseando acabar y estar ahí… contigo

Uf, que no lo sepa ese nuevo "amor" tuyo, que se va a poner celoso…

Lo que digo, tonto, pero tonto profundo

Bueno, Lía, me voy a dormir, estoy reventado

Vale, Alonso… Buenas noches

Recuerda… que tenga eco

Que tenga eco

Los días siguen pasando. No hemos vuelto a hablar desde ese día, me muero de ganas de verla, de saber cómo está, de poder pasar tiempo solos.

Según Olivia hoy llegan al aeropuerto de Madrid, así que he pedido la semana a Marcos y no sé cómo, pero me la ha dado, tengo la sensación de que lo voy a pagar caro más tarde.

Llego una hora antes de que aterricen, está claro que ir a la puerta por donde va a salir es una locura, seguro que hay un montón de prensa esperándola para preguntarle por su vida amorosa.

Lo más seguro para continuar en el anonimato es seguir el plan al pie de la letra, un plan bastante bueno, y no es porque lo haya creado yo, que también, es porque es jodidamente bueno.

Salgo del coche y ahí está el parque donde tengo que esperarla, cerca del aeropuerto y a la vez lejos, es perfecto. El parque de las Tres Culturas, es precioso y suficientemente amplio como para pasar desapercibidos, espero que Jorge siga el plan.

Camino hacia el interior del parque para no seguir dándole vueltas a todo, allí veo a una familia, puedo apreciar cómo la niña corre riendo inocente, despreocupada del mundo, y cómo su madre corre detrás jugando al "pilla pilla", el padre, por su parte, está grabándolo todo.

Y efectivamente es una imagen que me hace sonreír y entristecerme a partes iguales.

Es un momento precioso, cualquiera querría tenerlo grabado y guardarlo para la posteridad, pero, en mi opinión, sería mejor vivirlo, correr con tu mujer y tu hija jugando al "pilla pilla", al final solo lo vives a través de las pantallas, nunca en tu piel.

Desvío la mirada y veo cómo un grupo de abueletes va andando hacia el campo de petanca, mi mente reconoce a uno, ¡hostia, mi abuelo! , voy andando hacia ellos.

—Hola, abuelo, ¿qué tal?

—¡Alonsillo! ¿Qué haces aquí? ¿Has venido a ver cómo machaco a estos pringaos?

—Qué va, abuelo —digo riendo por la seguridad de mi abuelo—, ha sido pura casualidad.

—Serendipia entonces, Alonsillo. Bueno, no me has respondido —insiste.

—Nada, abuelo, he quedado, nada más —digo intentando disimular.

—¿Con la chica por la que te fuiste en Nochebuena? —pregunta mi abuelo con una sonrisilla tonta.

—Joder con el viejo, cómo se cosca de lo que quiere —digo riéndome.

—Sabe más el diablo por viejo que por diablo —me dice mientras me da una colleja.

—¡Ey! Ten cuidado, a ver si te vas a lesionar el brazo de lanzar la petanca —digo frotándome la nuca.

—No me cambies de tema, venga al grano, acompáñame y llévame esto mientras me lo cuentas —me da su juego de petanca de la suerte.

—Sí, abuelo, he quedado con ella, me la llevo de viaje —confieso sonrojándome.

—Ese es mi nieto, con iniciativa. Además, me gusta la chica —dice mi abuelo como si la conociera de toda la vida.

—Pero si ni la conoces —digo incrédulo mientras ando junto a él.

—La conozco a través de la mirada que pusiste en Navidad —dice mi abuelo poniéndose profundo.

—¡Hostia, qué guapo, abuelo! Un momento —me detengo para buscar algo en la bolsa donde guarda la petanca.

—¿Qué buscas? —pregunta mi abuelo extrañado.

—Tu bola de cristal, porque para conocerla solo por mi mirada debes de ser vidente —digo riéndome.

—Serás… —se acerca para darme otro collejón, pero he sido lo suficientemente rápido como para alejarme de su alcance—, bi-dente vas a ser tú cuando te pille —termina diciendo mientras se ríe.

—Abuelo, creo que es ella. Con Nuria estaba enamorado, pero con Lía es diferente, no es solo amor, es ese algo más del que siempre me hablas cuando me cuentas la historia de cómo os conocisteis la abuela y tú —digo inseguro, revelándole mis sentimientos más profundos.

—¡Alonsillo!, cómo me alegro, pero recuerda, el amor verdadero hay que cuidarlo, hay que regarlo, podarlo, abonarlo —me alecciona mi abuelo—.

El amor verdadero no está en los grandes actos esos de las películas, el amor verdadero está en el día a día, en un beso de buenas noches, en una sonrisa cuando os miráis —dice mi abuelo con sabiduría—, también está en cada discusión que tengáis, podéis querer mataros, pero al final solo vosotros dos seréis lo único que necesitéis. Recuerda, es elegiros todos los días.

—Gracias, abuelo, lo tendré en cuenta —digo mirando al horizonte, intentando empaparme de las palabras de mi abuelo.