Superestrella 22. CAPÍTULO 22
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22. CAPÍTULO 22

—¡Vi, necesito saber cómo nos encontraron! —grito descontrolada, andando nerviosa por la habitación.

—Lo sé, Lía, afortunadamente no pudieron hacer ninguna foto decente, no pudieron identificar a Alonso —dice Violeta intentando calmarme.

—¿Eso cómo lo sabes? —pregunto atacada de los nervios.

—Porque si no, lo habrían publicado hace una semana —dice tranquilamente Violeta.

—Quién te dice que no están esperando a este fin de semana para publicarlas, el fin de semana del concierto —digo sentándome en una silla para intentar calmarme.

—La prensa rosa no actúa así. Me preocupa más el cómo os encontraron, nosotras hemos sido discretas, ¿tal vez ellos? —dice Violeta preocupada.

—Ni se te ocurra sugerirlo, Vi, son de fiar —corto rápidamente las dudas de mi amiga, fulminándola con la mirada.

—Yo solo abordo todos los posibles ángulos —se justifica ella, sentándose en la silla que tengo frente a mí.

—Venga, tías, dejad de hablar —dice Olivia interrumpiendo nuestra discusión—. Lía, a cantar, si quieres tener la canción lista para el concierto más te vale terminarla antes del viernes.

—Tienes razón, Oli —miro a Violeta—. Perdona, tía, sé que tu trabajo es protegerme.

Haz lo que haga falta, no quiero que vuelvan a seguirnos por las calles así.

Además, desde que ocurrió casi no hemos hablado, creo que no le hizo ni puta gracia, y no sé si está enfadado conmigo —digo apesadumbrada mientras me levanto.

—No es eso, Lía —me dice Olivia con ternura—, me dijo mi espía…

—Jesús —añade Violeta.

—Sí, sí, Jesús, que desde eso está ausente con todo el mundo, y que está muy ocupado con el trabajo, se toma muy en serio el ser encargado —dice Olivia intentando animarme.

—Espero que sea eso… —digo con un puño en el estómago.

Mi corazón siente que Olivia tiene razón, pero mi mente me la juega siempre y tiende a ponerse en lo peor… Además de ese vacío que siento en el pecho cuando pienso que ya no querrá hablar más conmigo.

—Vamos a terminar la canción, quiero repasar "Sin Buscarte", esa va a ser la canción del nuevo disco que estrenaremos en Madrid —digo algo más animada.

—¿La has acabado? —me dice Olivia con curiosidad.

—Sí, os dije que Alonso me inspira —digo encogiéndome de hombros.

—¿Podemos escucharla antes de que decidas que es la canción que vas a cantar? —dice Violeta muy seria.

—Sí, vamos a la sala. Oli, espero que no te importe, pero he hecho prácticamente toda la canción ya, queda que hagas tu magia —digo mirando a mi amiga con ternura.

—Vamos a escucharla, cariño, ya veremos qué hace falta y qué no —dice Olivia con la misma ternura.

Entramos las tres a la sala de grabación, me dirijo directamente a donde está el micrófono, Olivia cierra la puerta con llave, mientras que Violeta se sienta en el sofá. Mientras voy calentando la voz, Olivia se sienta delante del ordenador y me hace la seña de que está lista.

—En la carpeta "Lía confidencial", la primera, dale, ahí está la música —explico a mi amiga.

—Hecho.

La música empieza a sonar en mis oídos… Allá voy.

Te conocí cuando no te estaba buscando,

con el corazón en modo "no molestar".

Yo estaba aprendiendo a quererme despacio y llegaste tú para hacerlo normal.

Mientras canto miro las caras de mis amigas, me estoy poniendo nerviosa… Pongo todo lo que tengo en el corazón en la canción, cierro los ojos para no mirarlas y desconcentrarme con sus caras.

Y si caemos…

que sea juntos.

Abro los ojos y miro a mis amigas, Olivia parece que está paralizada, Violeta me mira con una ligera sonrisa en los labios. Salgo de la sala de grabación… Necesito saber su opinión.

—¿Qué os parece? —pregunto insegura.

—A mí me ha encantado —dice Violeta sonriendo, aplaudiendo ligeramente.

—¿Oli? —miro a mi amiga a ver si reacciona.

—Lía… —empieza a decirme recomponiéndose—, si lo que dices en la canción es lo que sientes, sabes lo que va a pasar si la cantas en Madrid, sabes lo que vas a cantar a los cuatro vientos…

—Es lo que siento, y creo que ya toca que nosotras demos el paso hacia el príncipe azul en vez de esperar como tontas a que ellos hagan algo —digo decidida, mirando a mis amigas—, no es que sean muy avispados cogiendo indirectas, como ya sabéis, mejor que sea una directa…

—digo intentando darme valor para decir lo siguiente—, a ver si así ya se da cuenta de una maldita vez de que me estoy enamorando de él.