Superestrella 21. CAPÍTULO 21
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21. CAPÍTULO 21

Unas cervezas más tarde llega Amelia.

—¡Hola, qué ilusión! —dice Amelia emocionada.

—Cariño —dice Enrique mientras abre los brazos para abrazarla.

Amelia corre ignorando a Enrique hacia donde está Lía.

—Qué guapa eres, ¿me das un autógrafo y una foto? —dice Amelia ilusionada.

Jesús y yo reímos por el molde que se le ha quedado a Enrique.

—Claro, pero luego, ahora vamos a conocernos y a pasarlo bien. Y saluda a tu chico, que mira cómo se ha quedado —dice Lía sonriendo, señalando a Enrique.

Amelia asiente avergonzada, le da un beso a Enrique y se sienta junto a él.

—Lo que decía —retoma la conversación Jesús—, que llegamos Alonsillo y yo al festival y el notas no nos dejaba pasar porque íbamos en chanclas, no me jodas, un festival playero y no nos deja pasar con chanclas.

—¿Y qué hicisteis? Me dijeron que ese Medusa estuvo brutal —dice Lía interesada.

—Pues lo que siempre hacemos —contesta Jesús con confianza.

—Andar por la cuerda floja entre lo legal y lo ilegal. Nos quitamos las chanclas y se las dimos al de la puerta —digo medio riéndome mientras doy un trago de cerveza.

—Se quedó tan de piedra el tío y entramos con tanta confianza que no nos dijo nada —dice Jesús encogiéndose de hombros.

Nos reímos ambos recordando el momento.

—Ya, claro, nos vamos a creer ahora que os dejaron pasar así como así —replica Lía incrédula.

—Que no os mientan, no se las dieron tal cual… —dice Enrique desmontando nuestra versión—, se las lanzaron y salieron corriendo. Imaginad mi cara cuando veo a estos dos payasos hacer eso.

—Madre mía, qué gamberros —dice Olivia mirando con deseo a Jesús—. Siempre me han gustado los chicos malos —dice mientras se lo come con los ojos.

—Eso es solo el principio, si os contamos cómo conseguimos otras chanclas… —dice Jesús.

Le golpeo el brazo sutilmente para interrumpirle. Jesús se da cuenta de que lo que iba a contar era ya demasiado y se calla.

—¿Qué ha sido eso? Ahora no paréis, ¿qué más hicisteis, malotillos? —dice Lía divertida, dándose cuenta.

—Esa historia me la sé —dice Amelia emocionada—, se ligó Alonso a una con dos hermanos para mangarles las chanclas, pero salió mal y tuvieron que salir por patas.

—Por eso me debía una y nos la jugamos en la discoteca para poder hablar contigo, mi diosa —confiesa Jesús mirando a Olivia.

—Sea como sea, siempre acabamos jugándonos la integridad física por culpa de este parguela —digo señalando a Jesús.

—Y tú, Jenry, ¿qué hiciste? —pregunta Violeta mientras acaba su cerveza.

—Pues lo de siempre, salvarles el culo a estos dos majaras —dice Enrique negando con la cabeza—, aparecieron los dos hermanos detrás de ellos y estos se pusieron detrás de mí —dice Enrique señalándonos.

—Nuestro cuatro por cuatro por cuatro particular —añado riéndome, señalando a Enrique con ambas manos.

—Se fueron en dirección contraria en menos de un abrir y cerrar de ojos —dice Jesús riéndose.

Nos reímos todos juntos, me encanta el buen rollo que tiene este grupito. Ojalá poder seguir quedando todos juntos.

—¡Todos para uno! —grita Enrique levantando su cerveza.

—¡Y uno para todos! —decimos Jesús y yo al unísono, chocando las cervezas.

—Madre mía, menudos piezas estáis hechos —dice Lía—. Así que, Alonso, estás hecho un ligón, ¿eh? —añade mirándome con picardía.

—Solo cuando quiero, además eso es parte del pasado, ahora estoy más sereno —intento justificarme.

—Claro, porque Lidia y tú no estáis todo el rato con el tonteo —dice Amelia riéndose.

A Lía, Olivia y Violeta les cambia la cara en menos de un microsegundo.

—Qué va, qué dices, Lidia es solo una amiga —digo reaccionando lo antes posible.

—Bueno, chicos, Amelia y yo nos vamos ya —dice Enrique consciente de la metedura de pata.

—¿Ya, tío? Qué corto se me hace cuando nos juntamos otra vez todos —dice Jesús apesadumbrado.

—Nosotros también deberíamos irnos, ya es tarde y mañana me ha pedido Marcos que si puedo ir con él a comprobar un par de cosas de la nueva seguridad de la cafetería.

—Yo me quedo un rato más —dice Jesús mirando a Olivia.

—Y yo —añade Olivia mirando a sus amigas.

—Yo me voy con mi chico. ¿Quieres que te acompañe a casa, Lía?

—No te preocupes, Vi, ya la acompaño yo hasta el coche que la mandes —digo riéndome.

—Ya me acompaña Alonso. Nada de coche —dice Lía mirando extrañamente a Violeta.

—Está bien, está bien, nada de coche —dice Violeta levantando las manos a modo de rendición.

Salimos todos de la sala dejando a Olivia y Jesús solos, a saber lo que van a hacer esos dos ahí dentro. Nos despedimos de todos en la puerta y cada uno va hacia una dirección. Por fin nos quedamos solos Lía y yo paseando.

—Madre mía, vaya dos, Jesús y tú —dice Lía riendo—, siempre buscando líos.

—Yo soy un santo, solo ayudo a mi amigo —respondo poniendo cara de niño bueno.

—Ya, ya, claro… La verdad es que os envidio mucho —dice Lía con un suspiro pesado.

—¿Y eso? La gran Lía, estrella del pop, envidiando a unos simples mortales —respondo vacilón.

—Que tonto —me dice mientras me da un golpe en el brazo—. Os envidio porque nunca he hecho un viaje así —admite con vergüenza.

—¿No? Pues seguro que hay algún festival en agosto. ¿Quieres que vayamos tú y yo? Un viaje para inspirarte también —propongo emocionado.

—Un viaje tú y yo, ¿solos? —contesta Lía nerviosa.

—Claro, ¿por qué no? —digo con confianza.

—¡Mierda!

—¿Qué pasa? —digo sorprendido.

—Me han seguido, corre.