Superestrella 20. CAPÍTULO 20
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20. CAPÍTULO 20

—Tío, Alonso, ¿no estás nervioso? —pregunta Enrique inquieto.

—Qué va, Jenry, está todo controlado, el que está nervioso eres tú —digo con seguridad mientras le doy una palmada en el hombro.

—¿Seguro que Amelia te ha dejado venir? —le dice Jesús a Enrique.

—Sí, pero porque viene más tarde. Ya le he dicho que estamos en el Mediterráneo, que hay salas privadas, cuando nos den una tengo que decirle en cuál estamos —explica Enrique algo más tranquilo.

—Veo que está todo controlado… O más bien tú lo estás —digo mirando a Jesús, burlándome de Enrique.

—Graciosillos, ya me gustaría veros cuando tengáis vosotros novia —dice nuestro amigo mientras nos hace una peineta.

—La de Jesús viene con Lía —miro ahora a Enrique riéndome mientras Jesús se pone colorado.

—Claro, ¿que la tuya no, verdad? —contesta con agilidad Jesús—. ¿No le diste la sorpresa en Navidad en su estudio? ¿Y qué hicisteis? —pregunta riendo—, porque al día siguiente tuve que llevarte a recoger el coche, máquina —me dice Jesús con malicia.

—No hicimos nada, es que el de seguridad no dejó que me lo llevara —intento mentir.

—Ya, ya, claro, ahora quién se pone rojo —me dice Enrique riéndose.

—Calla, calla, que ahí vienen las tres —digo mientras me coloco bien la camisa con nerviosismo.

Mis ojos solo pueden mirarla a ella, a la izquierda de sus amigas.

Está riéndose, lleva una boina francesa, gafas de sol y un abrigo muy largo que no me deja ver mucho más…

Violeta lleva unos vaqueros y una chaqueta de cuero, mientras que Olivia lleva unos leggings de cuero, una blusa bastante escotada y una chaqueta de cuero también.

Miro a Jesús, que tiene la boca abierta, y se la cierro con la mano.

—Tú, empanao, que no se note, hombre —digo intentando aparentar seguridad.

—Pero es que tú has visto… —balbucea.

—Sí, mantente firme, hombre —digo intentando infundirle valentía.

—La verdad es que habéis triunfado los dos, ¿eh? —dice Enrique mientras nos hace una foto—. Esto se va a quedar para la posteridad.

—Deja de hacer el tonto que ya están aquí —digo nervioso.

—Hola, chicos —dice Lía—. Estas son mis amigas, Violeta y Olivia —Lía señala a cada una mientras las presenta.

—Hola —saluda Violeta.

—Ey —saluda Olivia.

—Oli, ¿así saludas a Jesús? —dice Lía pícaramente.

—Yo pensé que al menos os daríais algún besito o algo —digo siguiendo el rollo de Lía.

Jesús me da un golpe en el brazo y Olivia nos mata con la mirada.

—Os presento a Enrique, Jenry para los amigos, y más tarde vendrá su chica, Amelia. Ambos son grandes fans tuyos…

—Shhh, hoy solo soy Lía —dice poniéndose un dedo en los labios—, una chica normal que sale con sus amigos a pasarlo bien —dice en voz baja con un tono sensual que me vuelve loco.

—Pues entonces, señoritas, adelante —dice Jesús inclinándose.

—Quedaos atrás, nosotros nos encargamos de que no la reconozcan —digo aparentando seguridad mientras entramos todos al restaurante.

—Hola, teníamos una sala reservada para tomar algo —dice Enrique.

—¿A nombre de? —pregunta la maître .

—Alonso —dice Enrique sin vacilar.

—Un segundo —la maître mira en una tablet —. Vale, aquí estáis, una reserva para siete, ¿verdad?

—Efectivamente —dice Enrique asintiendo.

—Vale, acompañadme, sala tres.

Todos la seguimos, mientras veo cómo Enrique saca el móvil para escribir seguramente a Amelia y decirle la sala donde nos han puesto.

—Vale, si van a querer algo, se pide por la tablet , y un robot lo trae por ese raíl, si necesitan cualquier otra cosa, en el botón azul de la tablet se solicita la asistencia de algún camarero —explica mecánicamente la maître .

—¡Ostras, qué guay! Perfecto, muchas gracias —digo sorprendido.

La maître nos deja pasar, cierra la puerta y se va.

—Creo que aquí te puedes quitar la boina y todo —le dice Violeta a Lía.

Lía asiente, se quita las gafas y la boina dejando al descubierto su preciosa melena rubia rizada acabada en mechas rosas…

Es preciosa. Deja ambas cosas en la mesa, se desabrocha el abrigo y, ¡joder, hermano!

Lleva puesta una blusa con transparencias que lo único que no deja ver son sus pechos, y unos shorts negros que dejan poco a la imaginación.

Veo de reojo cómo Jesús se me acerca lentamente y me pone la mano en la barbilla cerrándome la boca.

—Contrólate, hombre, mantente firme —dice jocosamente.

Asiento sin dejar de mirarla. Siento una colleja que me devuelve a la realidad.

—No seas baboso, Alonsillo —me dice Enrique por lo bajo.

—Sí, sí —digo volviendo en mí—. Me quito el abrigo y lo dejo en el armario de la sala.

—Bueno, chicos, ¿qué vais a querer? —dice Olivia poniéndose delante de la tablet .

—Nosotros, la cerveza de los gatos —digo riéndome.

—¿De los gatos? —pregunta Violeta.

—Una Mahou —decimos los tres al unísono riendo.

Lía se ríe y Olivia niega con la cabeza.

—Joder, chicos, podríais haberme dicho que el nivel de la conversación era de niños de parvulitos, me habría traído a mi hijo —dice Violeta riendo mientras se agarra el puente de la nariz con la mano.

Olivia se ríe fuerte mientras le choca la mano a Violeta.

—¡Menudo corte nos han dado, chavales! —digo riendo mientras miro a mi amigos—, nos han dejado como una rumba —digo consiguiendo que las chicas me miren preguntándose qué significa eso.

—¡Por los suelos! —dicen Enrique y Jesús otra vez al unísono riendo.

—Madre mía —dice Olivia poniéndose una mano en la cara—, ¿podemos irnos ya? —pregunta vacilona.

—Te acompaño —secunda Violeta riendo.

—Pues yo me quedo —dice Lía sonriendo—, son como basiliscos de Harry Potter —añade riéndose mientras nos miramos sin entender.

—Básicamente que con vuestras chorradas nos dejáis petrificadas —aclara Violeta riéndose.

—Yo diría que son más como el lado oscuro de la fuerza, porque su gracia ni se ve ni se la espera —dice descojonándose Olivia.

—Vaya, chicos, nos enfrentamos a dignas oponentes —dice Enrique riéndose mientras se acomoda en la silla.

—Madre mía —digo entre risas—, y yo que pensaba que no había nadie tan mal de la cabeza como nosotros.

—A ver qué te piensas, chaval —dice Lía chuleándose—, que tenéis la exclusividad de las payasadas.

—Eso, aprended —dice Violeta partiéndose de risa.

—Comparados con nosotras sois serios —dice Olivia con aire de superioridad.

—Vamos a pedir, después de esto vamos a necesitar más de una cerveza —digo mirando a Olivia.

—Bien pensado, Alonsillo —me dice dándome un golpe en el hombro—. Después de esto, yo empezaría directamente por los cubatas.