Superestrella 11. CAPÍTULO 11
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11. CAPÍTULO 11

—¿Qué ha sido eso, tía? "Así me dices si tiene eco uno de mis conciertos" —me dice Olivia imitándome exageradamente.

—No seas mala, Oli. Además, ¿dónde estabas? Se supone que ibas a ayudarme con eso de empotrarme a alguno, ¿no? —cambio rápidamente de tema suspirando.

—No me ha dado tiempo a bajar con vosotros, y Jesús se quedó flipando ahí arriba —me dice sonrojándose…

—Hemos estado a punto de besarnos, Oli —confieso sonrojándome yo también.

—Lo sé, lo he visto… Pero lo he visto yo y media discoteca —me dice cambiando el tono a uno de reprimenda.

Qué vergüenza. Olivia tiene razón, si llegamos a besarnos podrían habernos sacado alguna foto comprometida. ¿Y si le identificaran? No creo que le hiciera mucha gracia. Debería alejarle si no quiero joderle la vida, pero es tan difícil…

—Vamos al coche, corre —dice Olivia apremiándome.

Corremos ambas al coche. Ella va primero para abrirme la puerta, entro como una flecha y detrás de mí lo hace ella.

—Llévanos a casa, Jorge —digo con cansancio mientras me recuesto en el asiento.

Jorge arranca perdiéndonos por las calles de Madrid.

—Ha sido una noche interesante, desde luego —dice Olivia sonriendo—. Por cierto, ¿cómo piensas darle las entradas si no tienes su número de teléfono? —pregunta intrigada.

—Pero sé quién sí lo tiene —sonrío con satisfacción.

—A veces me das miedo, Lía —dice Olivia en una carcajada.

—¿Yo? Si soy una chica inocente —digo poniendo mi mejor carita de niña buena.

—¡A otra con esa cantinela! —responde Olivia riendo—. Hoy he visto a las dos Lías en su estado más puro.

—¡¿Disculpa?! Las dos Lías, dice, aquí solo hay una —respondo indignada.

—Claro, porque la Lía insegura que ofrecía las entradas acojonada por si no querían o más bien por si Alonso no quería venir es la misma que ya sabía cómo contactar con él, aunque el muy empanado no te pidiera tu número, ¿verdad?

—He de reconocer que este era mi plan de contingencia —digo riéndome—. Al igual que te reconozco que me ha decepcionado que no sea más lanzado, me raya un montón.

—Algo extraño hay, la verdad, solo has conseguido que deje de resistirse cantándole… —dice Olivia pensativa—. ¡Tía! Qué calculadora llegas a ser, por eso las entradas a tu concierto…

—Sinceramente, no lo había pensado, simplemente quiero que esté —pienso en todo lo que me ha dicho esta noche—. Y también quiero que tenga eco lo que hago.

—Ya estás otra vez con eso del eco, ¿puedes explicarme qué cojones significa? —pregunta molesta mi amiga.

—No, me divierte que no sepas lo que es —y también me gusta que solo él y yo lo sepamos.