Superestrella 4. CAPÍTULO 4
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4. CAPÍTULO 4

—No sé qué ponerme, Oli, no me gusta ningún conjunto de los que me he probado —menudo desastre de habitación que estoy dejando, tengo el presentimiento de que tengo que ir bien pibón esta noche.

—Tía, con un trapo estás perfecta —dice Olivia animándome.

—Lo dice la que con unos pantalones de cuero ajustados y un top de brillis está más pibona que su amiga la estrella —respondo molesta.

—Qué te puedo decir, debería dedicarme al mundo de la moda en vez de al de la música, pero es que, tía, la música tiene algo inexplicable que me atrapa, y más cuando es la tuya —dice Olivia riéndose.

—Calla, tonta, no me digas esas cosas —no necesito que me ponga sentimental ahora, lo que necesito en este momento es a mi versión cazadora, mi diosa—. A ver, quiero ir rompedora, pero sin parecer una buscona —digo en alto mientras miro el armario y la cama.

—Pantalón blanco, top negro de cadenas, chupa de cuero, Vans de tacón negras —dice Olivia sin mirar—. Venga, date prisa y al lío.

—Me sorprende ese don natural que tienes —le digo sonriendo mientras me pongo lo que me ha dicho.

Vale, la hora de la verdad. Hay mucha gente en la cola esperando, espero que el puertas nos deje pasar de primeras, mi estómago me quiere traicionar, siempre lo hace en estas situaciones.

—Oli, ¿estás lista? Hay que ser rápidas si no queremos que nos reconozca medio Madrid —digo suspirando preocupada.

—Nací preparada. Primero hablo con el puertas y, a la que abra, entras como alma que lleva el diablo —dice Olivia repasando el plan.

—Dale —digo empujando a mi amiga fuera del coche.

Olivia ejecuta el plan como si lo tuviera ensayado y lo hiciera todos los días. Veo al puertas asentir y dejar paso, esta es la mía. Me levanto y sin mirar a la cola paso a toda prisa.

—Buf, tía, ha salido bien —digo aliviada dentro de la discoteca.

—Un poco de confianza, Lía, que estás hablando conmigo —dice Olivia mientras se señala entera luciéndose.

—Vamos directas al reservado, no quiero más sorpresas por hoy —insto a mi amiga.

—Sí, claro, déjame ver un momento los que están libres —Olivia pregunta al puertas de dentro, que asiente con complicidad. Ya tiene algo en mente, la conozco demasiado bien—. Vale, nos han reservado el último, es más pequeño, pero es íntimo.

—Vale, vamos. ¿Qué has pedido para beber? —pregunto rápidamente.

—Moët, sofisticado e ideal para tener los sentidos despejados y encontrar a tu empotrador esta noche —me dice divertida.

—Recuerda, primero divertirnos, luego si eso detonarnos a alguno —digo riéndome con ella.

El reservado es bonito, aunque no hay espacio para más de cinco personas. Si no hubiera sido Olivia la que lo ha reservado pensaría que para dos que vamos a ser está bien, pero es Olivia, y al instante comprendo por qué este y no otro.

—Tía, ahí al lado está el futbolista este. ¿Cómo se llama? —digo pensativa.

—Juan Castillo. Es la estrella de la selección ahora mismo, va a superar todos los récords y está como un queso —dice Olivia desnudándole con la mirada—. Me lo pido.

—Todo tuyo, mucho ego y poco cerebro —lo miro con desdén, está rodeado de tres chicas guapísimas y siete amigotes.

—No es el cerebro precisamente lo que quiero yo probar de él —dice Olivia con un nivel de perversión que pocas veces le he visto.

—Madre mía, no tienes solución —digo entre carcajadas.