Superestrella 3. CAPÍTULO 3
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3. CAPÍTULO 3

—¿A ti te parece normal aparecer una hora después de tu descanso? —me dice Lidia furiosa en voz baja.

—Dime que me has cubierto —digo sintiendo la culpa del que sabe que la ha cagado.

—¿Cómo no voy a cubrirte? le he dicho a Marcos que has tenido que ir a comprobar tu casa que había saltado la alarma —dice Lidia suspirando con cansancio.

—No te merezco, Lidi, eres una máquina —digo dándole un beso en la mejilla.

—No me mereces, no —dice gustándose— ahora dime qué cojones estabas haciendo.

—Si te lo cuento no me vas a creer —digo sabiendo que no lo va a hacer.

—Inténtalo —me dice desafiante.

—Pues verás he conocido a una chica, bueno técnicamente la he reconocido, y necesitaba ayuda y ya me conoces… —intento explicarle la situación a Lidia.

—Si puedes ayudar a alguien es lo que debes hacer, sí, te conozco. —me interrumpe apurándome para que no me entretenga.

—Exacto, pues eso, que necesitaba ayuda y eso he hecho —termino de contar la historia tranquilamente.

—¿Y? —me pregunta Lidia con frustración cada vez más enfadada conmigo— ¡Hombres!, los detalles no son importantes para vosotros —se queja mi amiga.

—Shhh, baja la voz, te lo digo, pero no digas nada —miro a mi alrededor para cerciorarme de que nadie nos puede escuchar— Y… era Lía —confieso con una sonrisa tonta en los labios.

—Y mi tío Paco es Alpinista —dice Lidia llevándose una mano a la cara.

—¿Eh?

—Pues cómo si me dices que era Marta —me dice mientras le pongo cara pícara— o Eustaquio o Jacin…—Lidia cambia la expresión de su rostro entendiendo a quién me refiero mientras habla— ¡Una polla!.

— Sip, esa Lía —digo satisfecho sintiéndome un privilegiado.

—Ahora sí que vas a contarme todos y cada uno de los detalles —me amenaza mi amiga interesada a más no poder.

—Ahora voy a seguir currando que viene por ahí Jenry, como diría un grande —miro a Jenry elevando el tono de voz para que me oiga— Hoy no… —dejo en el aire la respuesta— mañana —decimos los dos a la vez mientras me voy alejando de Lidia a la vez que voy oyendo sus juramentos.

Hemos acabado el turno, qué sensación más maravillosa, hasta el lunes no volvemos. Por fin un finde largo. Jesús ya nos está esperando en la puerta cuando salimos Enrique, Lidia y yo.

—¿Qué pasa chavales? ¿buen día? —mira a Lidia con perversión— Hola reina, no te pregunto cómo estás por que ya sé que muy buena —dice mi amigo guiñándole un ojo.

—Tú eres tonto y lo peor es que lo sabes, folletis —dice Lidia ignorando a Jesús despidiéndose de nosotros con dos besos.

—Jesús, tío, que las mujeres no son objetos —le digo echándole la bronca.

—Ni trofeos —añade Enrique.

—Venga chavales, que era una broma —dice Jesús defendiéndose.

—Ya, pero si cuela, cuela ¿no? —le digo negando con la cabeza.

Me sonríe confirmando lo que todos sabemos.

—Deberías sentar la cabeza, o al menos madurar un poco —dice Enrique mientras caminamos hacia los coches.

—Si algo me ha enseñado la vida y mi trabajo es que hay que disfrutar al máximo —dice Jesús con una confianza envidiable.

—Sí, tío, pero no tienes que estar molestándola cada vez que la ves, ya te ha dicho que no, es un ser humano no un cacho carne —digo seriamente dando a mi amigo una colleja cariñosa.

—No es no —cita Enrique.

—Me hacéis parecer un monstruo de verdad —dice Jesús indignado— pero os perdono porque esta noche se sale, como antes de que este se arruinara la vida echándose novia —señala a Enrique con la cabeza.

—Esta noche yo no puedo —dice Enrique encogiéndose de hombros.

—Déjame adivinar, Amelia no te deja —dice riéndose Jesús.

—No es que no me deje, es que hemos quedado para ir a cenar —dice Enrique medio ofendido girándose para mirar a Jesús.

Jesús se gira y me mira con ojos de súplica.

—Va, tío, una noche de esas como los Tres Mosqueteros, lo echo de menos —dice rogándome con las manos también.

—No le vas a convencer Jesús, cuando Jenry tiene planes no los cambia —digo negando con la cabeza recalcando la obviedad.

Como si no lo supiera ya, cuando uno de los tres se echa novia está claro que las salidas de los Tres Mosqueteros se quedan en pausa o al menos no se hacen con tanta asiduidad como cuando estamos solteros.

—Va, Al, tú al menos sí vendrás, o ¿te vas a casa a jugar al cinco contra uno mientras piensas en cierta cantante? —dice descojonándose Jesús.

—¿En serio se lo has contado? —digo fulminando con la mirada a Enrique.

—Con pelos y señales, Al —me dice Enrique divertido.

—No sé a quién pegar primero —sonrío.

Les quiero demasiado como para enfadarme con ellos.

—Jesús, esta noche…—hago una pausa, aunque ya saben lo que voy a responder— se sale.

—Ese es mi colega, ¡de puta madre! además ya sé a dónde vamos a ir —dice Jesús con una sonrisa triunfal.

—¿Dónde? —pregunto con bastante curiosidad.

—A la nueva discoteca de moda de Madrid, Paradise —responde mi amigo con chulería.

—¿No será Pacífico, monguer? —corrijo a Jesús riendo.

—Pos esa —me responde Jesús—, si la cosa es salir y pinchar —dice mi amigo despreocupado.

—No tiene remedio —digo mientras Enrique y yo nos miramos.

—¿Sabes que uno puede salir de fiesta y pasárselo bien sin pinchar como dices no? —pregunta Enrique suspierando aunque le demos por perdido.

—Sin pinchito no hay paraíso —responde Jesús dando una palmada en la espalda a Enrique.

No puedo evitar mirarles y fotografiar cada detalle mentalmente, por mucho que tengan visiones distintas en la vida se quieren como hermanos, nos queremos como hermanos. Somos los Tres Mosqueteros a fin de cuentas.

—A Pacífico entonces —confirmo con Jesús—, pero hay que ir más o menos temprano, si está de moda, irán famosos que no esperan cola, y se petará de gente que solo va porque cree que va a poder conocer al tonto de turno que es famoso ahora —digo seriamente.