1. CAPÍTULO 1 #2
—Me ha quedado claro hace un momento que ya sabías quién era, por eso no me parecía justo no saber tu nombre, Al —responde Lía sonriendo.
—¿Y qué hace una superestrella del pop huyendo de los paparazzis sola y sin escolta? —pregunto interesado mientras giro en una calle.
—Digamos que es complicado —dice Lía mirando por la ventana.
—Entiendo —respondo mintiendo mientras me paro en un semáforo.
No, no entiendo nada, estoy llevando a una superestrella del pop en mi coche, a mi refugio encima, y sin pensarlo dos veces, ¿soy idiota o qué? No controlo lo que hago, no pienso, actúo.
Después de casi diez minutos esquivando el tráfico llegamos al parking del parque.
—Bueno, ya estamos, ¿quieres llamar a alguien para que venga a recogerte? —pregunto preocupado apagando el coche.
—Eso es buena idea —dice ella sin hacer nada.
—Estás sin móvil —digo sonriendo y negando con la cabeza.
—Exacto —admite ella mientras hace el gesto con las manos de que he acertado.
—Toma, al menos te sabrás el móvil de algún contacto cercano —digo cogiendo el móvil del hueco donde lo había dejado ella después de poner la dirección del parque.
—Claro que sí —coge el móvil rápidamente y se pone a marcar un teléfono. Tras unos segundos con el teléfono en la oreja alguien contesta— Violeta, estoy en… ¿dónde estamos?
—Manda la ubicación, no tiene nombre este parque —digo tranquilamente.
—Estamos en el parque el Refugio o algo así —dice al teléfono mientras me ignora.
—Hazme caso manda mejor ubicación —insisto.
—Está bien —me dice con cierta molestia mientras lo hace— ¿veinte minutos? Vale —cuelga y me devuelve el móvil.
—¿Quieres que espere contigo, o me voy ya? No quiero incomodarte —pregunto tranquilo.
Qué me diga que me quede, qué me diga que me quede.
—Quédate por favor, ahora mismo no quiero estar sola —responde ella mirándome con vulnerabilidad.
¡Bien!
—Perfecto, ¿quieres que esperemos mejor en el parque? —digo intentando mantener la calma.
—Sí, eso estaría bien —responde Lía con una sonrisa amable.
Salimos del coche, andamos cerca el uno del otro pero dejo una distancia cómoda para ella. Cuando llegamos al banco ella se quita la gorra y deja su pelo rubio con mechas rosas libre, tengo que estar poniendo cara de tonto porque me está mirando raro.
—¿Te pasa algo? —pregunta mirándome con una ceja levantada.
—No, ¿qué me va a pasar? —respondo disimulando.
¡Cómo no me va a pasar algo! Si eres preciosa, no sé qué me gusta más, si tus ojos verdes o tu pelo.
—Pues para no pasarte nada estás muy callado —dice Lía extrañada.
—Sabes lo que pasa, que estoy pensando que ahora que una famosa conoce mi refugio secreto, seguramente deje de ser secreto —digo pensativo mientras me pongo la mano en la barbilla y me rasco la barba.
—Creo que va a seguir siéndolo, con una condición — dice ella sonriendo con picardía.
—¿Cuál? —pregunto intrigado.
—Que lo compartas, me encanta, es precioso, ¿cómo es que está tan vacío? —dice ella estudiando el parque.
—No tengo ni idea, pero precisamente por eso vengo aquí cuando necesito estar solo —respondo mientras la miro intensamente a los ojos.
Pero que estás haciendo, tío, que es eso que sientes, esa conexión… si la acabas de conocer.
—Gracias de verdad por salvarme, no todo el mundo haría lo mismo, qué mínimo que te dé un autógrafo ¿no? —dice Lía mirándome con la misma intensidad.
—No hace falta, no lo he hecho porque quiera nada a cambio, simplemente pienso que si alguien necesita ayuda y tú puedes darla, es lo que tienes que hacer —digo convencido de mis creencias.
Ella sonríe, es una sonrisa genuina, de verdad, no las sonrisas falsas del coche, es la primera sonrisa real que pone desde que la he conocido.
—Eso es muy noble por tu parte, qué suerte tengo de haber encontrado a un verdadero caballero andante —dice divertida.
—No hay de qué mi lady —respondo vacilón haciendo una reverencia.
Ella suelta una carcajada, la veo realmente relajada.
—Bueno, ¿por qué huías? —pregunto con curiosidad.
—Es complicado… —responde encogiéndose de hombros tensándose ligeramente.
—Qué mínimo que explicarle a este caballero sin caballo por qué estamos aquí —digo divertido.
—Tienes razón —dice ella sonriendo— intento componer un nuevo álbum, pero estoy bloqueada, salí a la calle para tomar el aire con mis guardaespaldas, pero los paparazzis aparecieron de la nada y los perdí, y como comprenderás no voy a dejar que me hagan un reportaje fotográfico con estas pintas.
—El mundo de la apariencia… —suspiro— para lo que hemos quedado, no te ofendas, sé que vivís al final de vuestra imagen, pero, ¿qué más da? —digo negando con la cabeza.
—Ojalá poder ser como tú… —dice Lía vulnerable en voz baja.
—¿Como yo? —pregunto sorprendido— ¡Ah! Sexy y guapo —respondo riendo.
Ella vuelve a soltar una carcajada sincera.
—No, tarado, me refiero a ser normal —aclara Lía mirando el horizonte— a veces me pregunto si todo esto merece la pena… —dice con cierta melancolía.
Justo cuando más cómodos estamos suena el teléfono.
—Perdona, seguramente sea Violeta, mi mánager —se disculpa Lía mientras sonríe con amabilidad.
—No, no, sin problema, toma —digo sacando del bolsillo el móvil.
Lía se levanta y se aleja un poco. Joder qué guapa es, y encima es supercercana, es muy agradable, me cae bien, me gusta.
—Ya está aquí, ¿vamos al parking ? —dice Lía acercándose otra vez y devolviéndome el teléfono.
—Por supuesto, después de ti mi lady —digo divertido mientras cojo el móvil.
Lía vuelve a reír, y me pega un suave golpe en el brazo.
—Qué tonto —dice sonriendo— Gracias por hacerme reír, me hacía falta.
Caminamos hacia el parking . Venga va, tío, te ha tocado el brazo, bueno tocado no, te ha metido un puñetazo, pero eso es algo, hay conexión, pídele el teléfono o algo, no te quedes callado.
Llegamos al coche, nos espera la que supongo que es Violeta, parece que lleva diez cafés encima, pero vamos, por el traje elegante que lleva es seguro la mánager, me apuesto lo que sea a que con ese traje intenta compensar que tiene que medir uno sesenta por ahí…
—Lía, me tenías preocupada ,¿estás bien? —dice Violeta mientras me mira de arriba a abajo estudiándome.
—Sí, Vi, estoy bien, este es Alonso, hoy ha sido mi héroe, me ha salvado de los paparazzis —dice Lía presentándome educadamente.
No hagas el gilipollas, no hagas el gilipollas. Me pongo a flexionar los brazos como si fuera un superhéroe. Gilipollas.
—Hola Violeta, aquí el superhéroe —digo aún con la pose de superhéroe.
Violeta levanta una ceja, sin lugar a dudas pensando lo que estoy pensando yo. Lía en cambio se ríe con ganas.
—Gracias… Alonso, Lía, sube al coche, nos vamos —Violeta abre la puerta del coche—. Toma, un par de entradas para que vayas con tu novia —dice mientras mira en su móvil.
—Gracias, pero no puedo aceptarlas, no lo he hecho por recibir nada a cambio, y además, necesitaría una entrada más —admito sonriendo.
Violeta mete la cabeza en el coche un momento
—Toma, para un hijo, ¿no? —dice con tres entradas en la mano.
—¡Qué va! ¡Qué dices! No tengo novia ni hijos ni nada. Lo que pasa es que tengo dos amigos con los que iría a ese concierto. Pero insisto, no lo he hecho por una recompensa —digo rechazando las entradas.
Violeta sonríe triunfal, pero ¿por qué sonríe así?
—Muy bien, pues gracias, adiós —dice Violeta mientras se mete en el coche sin dudarlo y cierra la puerta.
El coche arranca y se van. Yo me quedo despidiéndome moviendo la mano como si fuera la Reina de España hacia unos cristales tintados.
Muy bien, has hecho el gilipollas y no le has pedido su número, pero seamos sinceros, ¿qué posibilidad real existía de que te lo diera?
Mi móvil suena, mi corazón da un vuelco, no puede ser ella, ¿o sí? Miro la pantalla, es Lidia.
—Mierda, mierda, mierda.