Su último aliento 50 Intuición
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50 Intuición

L a intuición de los investigadores fue la responsable de que levantasen la vista hacia la persona que les miraba desde la ventana.

Al porche de la vivienda se accedía a través de dos escalones de altura media.

Junto a ellos, había una rampa que favorecía una entrada accesible a la vivienda.

Era posible que, a pesar de que ya habían transcurrido más de tres años desde el fatídico accidente, la hermana de Michael Hathaway tuviera que desplazarse en silla de ruedas.

Estaban a punto de comprobar en qué estado se encontraba.

—Es ella —señaló Jim Blasco. Era una deducción sencilla, pero en realidad era más que eso, pues se basaba en las fotos que había visto de la mujer en el expediente.

La había reconocido.

—De acuerdo. Es hora de hacer bien las cosas si queremos un resultado que nos satisfaga.

Llamaron al timbre. Aguardaron con incertidumbre que alguien abriera. Era evidente que Michael Hathaway no sería quién lo hiciese, pero sentían curiosidad por saber si sería su hermana o alguna persona que estuviera a su cuidado.

Pronto la duda quedó despejada.

Un hombre de aspecto amable fue quien salió. Llevaba un uniforme blanco que daba a entender que era un auxiliar de clínica o un enfermero.

Tom miró a un lado y al otro de la calle antes de entrar en la vivienda.

Suponía que la policía no tardaría en llegar.

Era lógico pensar que hubieran seguido el mismo hilo de investigación que ellos mismos.

Casi le sorprendía que no estuvieran ya allí.

Con un poco de suerte, tendrían tiempo de llevar a cabo lo que habían ido a hacer.

En cuanto accedió a la vivienda, sus ojos estudiaron todo lo que veían a su alrededor. Quería conocer a sus habitantes. En los estantes y las paredes, había incontables fotos, en la mayoría de ellas aparecía un niño sonriente que posiblemente sería el sobrino de Hathaway.

En la casa se escuchaba música en un tono bajo, como si fuera un hilo musical. Los muebles se encontraban en perfecto estado, a pesar de que no parecían ser nuevos. Mirara donde mirara, veía orden y limpieza, hasta un punto que parecía casi obsesivo.

Se habían presentado como policía y detective privado.

Gracias a que Blasco no había devuelto su placa, ambos pudieron presentar sus credenciales.

Ese hecho implicaba que Jim podría meterse en mayores problemas si llegaba a oídos del capitán Button.

Confiaba en que no fuera así y tuviese que enfrentarse a consecuencias indeseadas.

El auxiliar, el cual se llamaba Ethan, les condujo hasta el salón, en el que se encontraba Courtney Hathaway sentada en la misma posición que habían visto desde la calle. Antes de entrar, este se dirigió a los investigadores en voz baja.

—Les pediría, por favor, que sean pacientes y no la alteren demasiado. Hoy está teniendo uno de sus días malos.

—¿Por algún motivo en especial? —preguntó Beckett, intentando conseguir información extra.

—No tiene por qué haberlo. Las secuelas de su accidente son bastante graves. Apenas puede hablar ni hacer nada por sí misma.

—Teníamos entendido que vive con su hermano —dijo Blasco.

—Sí y no. Suelen venir varios días en semana, y se queda con ella. Normalmente va en función del personal que venimos a cuidarla, pero hay temporadas en las que pasa más tiempo aquí.

—¿Hay alguien más que usted encargado de esas labores?

—Sí, hay una persona interna que se queda la mayoría de las noches, salvo cuando viene el hermano de Courtney. Llega antes de que yo me vaya y se va en cuanto estoy yo en la casa. Nos coordinamos bastante bien, la verdad.

—¿Sabe si Michael Hathaway tiene que venir pronto a ver a su hermana?

—Sí, así es. Yo libro dos días seguidos desde pasado mañana, así que espero que al final pueda ser así, pues tengo planes —señaló, cruzando los dedos y luciendo una sonrisa.

—¿Hay alguna razón por la que piense que esta vez no podrá ser?

—Bueno, es que ha llamado para decir que tenía que solucionar unos asuntos y que desconocía cuánto tiempo le llevaría.

—Quizá su hermana sepa dónde podemos encontrarlo.

Entraron en el salón. Tanto Jim Blasco como Tom Beckett quedaron conmocionados al ver el estado en el que se encontraba. Era una mujer joven que posiblemente era muy bonita antes del accidente, pero que este le había dejado la cara desfigurada.

Tom entendió la rabia de Michael Hathaway, aunque no compartiese en ningún caso ni los modos ni sus objetivos. Imaginaba cómo se sentiría si fuera su propia hermana la que se hallase atrapada en esa silla y su sobrina la que hubiese perdido la vida a tan corta edad.

La rabia ardería en su pecho hasta consumirlo por dentro.

Conocía bien ese sentimiento desde la muerte de Julia, solo que, en su caso, no tenía a nadie a quien culpar. De lo contrario, sabía perfectamente que su vida habría sido totalmente diferente, porque no habría parado hasta ajusticiar a quien la hubiese asesinado.

Quizá, al fin y al cabo, fuera mejor que siguiese pensando que había sido un accidente.

Courtney Hathaway tenía una expresión indescifrable cuando entraron en el salón. No sabían si era debido a las secuelas de su accidente o a lo que pasaba en ese instante por su mente.

No tardarían demasiado en averiguarlo.