49 Flores
N o había tiempo que perder. Cada minuto que pasara sin que actuasen les alejaría más de su objetivo, así que Tom Beckett llamó al magnate para solicitar reunirse con él de manera urgente.
Dicho y hecho. Todo se aceleró de manera vertiginosa.
Necesitaban localizar a la hermana de Hathaway y ponerse en contacto con ella de manera inmediata.
Para ello, precisaban de ayuda externa para poder acceder a los datos que les faltaban.
Gregory Banks hizo las llamadas oportunas hasta conseguir la información que Blasco y Beckett le habían solicitado. Tom, por el momento, no se había equivocado, pues el empresario se mostró sumamente dispuesto a poner en sus manos los recursos que necesitaran.
Una vez más, quedó demostrado que el dinero abre casi todas las puertas.
Tras obtener lo que querían, se pusieron en marcha. Confiaban en que todo saliese bien, puesto que no dudaban que corrían un riesgo importante emprendiendo aquella aventura por sí mismos. No obstante, contaban con un respaldo del equipo de seguridad de Banks. Les llamarían si precisaban su ayuda.
La hermana de Hathaway vivía a menos de cuarenta minutos de Carmel. Una vez conocieron su localización, enseguida ataron cabos y comprobaron que tenían razón en sus sospechas.
—Está claro que Michael Hathaway tenía una clara zona de influencia —observó Jim Blasco—. Solo hay que ver en qué ubicación se halla su hogar.
—Sí, yo también me he dado cuenta —observó el detective—.
Elige familias que no se encuentran a más de una hora de su casa.
Eso le facilita las cosas. Puede desplazarse si hay una urgencia en su propio domicilio sin perder demasiado tiempo y, al mismo tiempo, está lo suficientemente lejos para que no sea una persona reconocible en el lugar en el que viven sus objetivos.
Al fin y al cabo, únicamente se prodiga dentro de las propiedades.
No confraterniza con nadie del exterior.
—Y además sabemos que es un hombre que tiende a pasar desapercibido y a no estrechar lazos con casi nadie.
—Salvo con los niños a los que termina asesinando.
Esas palabras removieron algo en el interior de los dos hombres. Hay que ser muy despiadado para asesinar a un niño con el que has compartido el día a día durante tanto tiempo.
—¿Cómo puede ser tan frío este asesino? —preguntó Blasco, sin esperar realmente una respuesta por parte de su compañero.
—Porque los deshumaniza. No los ve como personas, sino como un medio para llevar a cabo su plan.
Tendremos que esperar a conocerle para saber más de él, de su personalidad y de qué pasa por su cabeza, pero tiene pinta de que eso es justo lo que hace.
No hay ningún incidente de violencia en su historial hasta el accidente que mató a su sobrino y dejó a su hermana malherida.
No sabemos si ya antes había mostrado agresividad en algún momento o tenía instintos homicidas de cualquier tipo.
Pero parece claro que algo se despertó en su interior después de aquello.
—Creo que no te conté que, en el informe del accidente, el niño apareció con un corte de lado a lado del cuello. Se lo había producido un cable, aunque no fue fatal per se . No murió en el instante sino varios días después en el hospital.
—No recuerdo que me contases ese dato en particular.
—No sé cómo me olvidé. Supongo que me centré en lo más esencial.
—Sin embargo, este dato también ilustra por qué les raja el cuello —teorizó Beckett.
Los dos se quedaron pensativos. El navegador alertó de que debían tomar un último desvío.
Les quedaba poco para llegar. Redujeron la velocidad para estudiar con atención todo lo que les rodeaba antes de llegar a su destino.
Se trataba de un vecindario modesto de casas bajas.
La residencia de los Hathaway se encontraba en muy buen estado, con un coqueto jardín de entrada que, sin duda, era marca de la casa, viendo la primorosa labor del sospechoso en las otras viviendas en las que había trabajado.
—Las flores —dijo misteriosamente Tom al acercarse a la entrada de la casa.
—¿Qué pasa con ellas?
—Es con lo que trabaja y le gusta lo que hace. Prueba de ello es lo exquisitamente bien cuidados que estaban los jardines de las tres familias. Tú mismo lo has podido ver con tus ojos en la mansión de los Banks.
—Sí, lo pillo. Pero, ¿a dónde quieres ir a parar?
—Es solo una corazonada, pero creo que guarda los souvenirs de sus víctimas cerca de ellas.
Miraron delante de ellos. Desde luego la casa destacaba entre todas las demás de su misma calle por los colores de sus flores y lo bien arregladas que estaban las plantas.
Cuando levantaron la vista un poco más, vieron que desde un gran ventanal que había en la planta baja unos ojos les observaban con atención.