Su último aliento 48 Plan alternativo
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48 Plan alternativo

E ran conscientes de que no iba a resultar nada sencillo dar con el sospechoso después de que se hubiera escabullido cuando lo tenían tan cerca.

Sin embargo, ahora tenían su identidad, lo cual no era poco y suponía una ventaja con la que no habían contado hasta ese momento.

Detrás de aquel hombre había un historia familiar dolorosa en la que su único sobrino había resultado muerto y la madre del pequeño en una situación de dependencia de por vida.

Aquel era el vínculo que necesitaban para dar con él.

Presuponían que Hathaway se había dedicado a cuidar de su hermana desde aquel fatídico día que puso del revés todo su mundo, ya que en la información que obtuvieron de su historial no figuraba que estuviera casado.

Si no mentía cuando le dijo a los Banks que tenía que cuidar de su familia, era posible que se refiriese a ella.

Esos cuidados no serían meramente físicos, sino también emocionales. El desgaste que habría traído consigo esa situación sería elevado y había provocado que aquel hombre, desbordado por las consecuencias, hubiera terminado por explotar de la peor manera.

Al menos, era la hipótesis que barajaban.

Sin embargo, no resultaba comprensible a los investigadores que fuera a por los pequeños en lugar de a por los padres.

Al fin y al cabo, daba la sensación de que aquellos hombres adinerados que tenían un niño de edad similar a su sobrino eran sustitutos del verdadero culpable.

A ese hombre, en concreto, ya no podría acercarse sin que saltasen todas las alarmas, gracias a que el incidente que le llevó a la cárcel lo había imposibilitado, en cierta medida.

Las razones que esgrime una mente perturbada no suelen resultar ser tales para el resto, por lo que tendrían que esperar a estar con el asesino para conocerlas, si es que este en algún momento concedía explicárselas.

—Bien, contamos con una dirección. Es poco probable que se haya dirigido allí, puesto que sospechará que es la primera opción que hemos barajado —observó el detective de forma aséptica. Tom se acarició la barbilla pensativo, casi hablando para sí mismo.

—Me temo que eso es lo más probable. No puede ser tan estúpido. Hasta ahora ha demostrado que es bastante inteligente. Hacer eso no sería propio de este asesino —señaló Blasco.

—Aun así, no va a abandonar a su hermana. Tengo la impresión de que siente que se debe a ella. Si ha hecho todo esto, es fácil presuponer que ahora no la va a dejar a su suerte —se aventuró a conjeturar el investigador privado.

—Sospecho que habrá contratado a alguien que pueda ocuparse de sus necesidades en su ausencia.

Blasco se rascó la barbilla, al tiempo que fruncía el ceño, como si estuviera pensando en algo que le rondaba la cabeza pero que no acababa de tener una forma definida.

—Es probable —conjeturó Beckett—. Tenemos que averiguar hasta qué punto le necesita.

Por lo que me contaste, sabemos que el accidente le dejó importantes secuelas, pero desconocemos si será capaz de valerse por sí misma o precisa la concurrencia de otra persona para cualquier cosa, aunque sospecho que debe ser bastante dependiente.

—O sea que, si no me equivoco, estás proponiendo que, de todos modos, nos dirijamos a verla en primer lugar —intentó aclarar el policía para dejar todo bien definido.

—Exacto.

—Dudo mucho que nos vaya a contar adónde cree que ha ido su hermano ni tampoco nos ayudará a encontrarlo.

—Bueno, yo no estoy tan seguro de eso, en especial si ponemos un cebo que no pueda ignorar.

Jim Blasco reflexionó sobre lo que estaba diciendo.

Suponía que Tom Beckett estaba sugiriendo que la convirtieran en una persona de interés en la investigación.

No obstante, en ese momento debían de andarse con pies de plomo para no meter la pata y hacer algo que no fuera legal o podrían encontrarse con problemas indeseados.

—No tenemos mucho margen de maniobra, Tom. Ahora mismo, ninguno de los dos pertenecemos a las fuerzas del orden. Yo estoy apartado de mi trabajo y tú no dejas de ser un civil con una licencia para investigar que no va a salvarnos si nos metemos en un embrollo de los gordos.

—Exacto. Tal y como has dicho, soy un civil con licencia de detective y, además, contratado por una persona poderosa en la zona.

A mí no me parece que no tengamos margen de maniobra, precisamente.

Los Banks tienen un arsenal de abogados a su disposición y estoy seguro que pueden proporcionamos un buen respaldo.

Solo tenemos que contarle nuestro plan a Gregory Banks y pedirle que nos ayude.

Además, no me costará demasiado insinuarle que la policía de Carmel ha vuelto a poner impedimentos en la investigación apartando al único que estaba realmente implicado en la detención del asesino de su hijo.

Ya verás como se nos abren hasta las puertas del cielo.

—No sé si es la mejor idea precisamente —dudó el policía—. Tampoco me parece que vaya a estar dispuesto a cualquier cosa por nosotros. Para él solo somos dos engranajes de una maquinaria que necesita en este preciso instante.

—Eso es porque desconoces todavía mi plan. Y estoy convencido de que todo el que termine incluyendo un buen rapapolvo a Button te va a encantar.