Su último aliento 45 Impresiones
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E l día avanzaba con celeridad y los hallazgos hacían su aparición poco a poco. Cuando las familias de los otros dos niños asesinados devolvieron la llamada al detective, ambas reconocieron sin albergar ni la más mínima duda que aquel era el mismo hombre que había trabajado para ellos.

Las fotografías que tenían los Banks habían sido un golpe de suerte, puesto que pertenecían a un set que les habían hecho para una campaña publicitaria.

Concretamente, formaban parte de un vídeo que mostraba la propiedad, incluyendo un área con viñedos.

Emerson ni siquiera era consciente de aparecer en dichas grabaciones.

De hecho, en el montaje posterior se le había eliminado, pero gracias a un golpe de suerte, aún conservaban los originales.

En efecto, había empleado identidades diferentes en cada trabajo, pero de forma sorprendente, no había modificado gran cosa su aspecto.

Tal vez suponía que era difícil que aquellas familias se cruzasen alguna vez, mucho menos que hablasen de él o intercambiaran datos al respecto, lo cual tenía bastante sentido.

Incluso aunque se diera la casualidad de que entablasen algún tipo de relación, era bastante improbable que uno de los temas de conservación fuera precisamente el jardinero que había trabajado en sus propiedades.

Las sospechas sobre aquel hombre habían subido varios puntos con el reciente descubrimiento.

El problema era que seguía siendo un absoluto desconocido para ellos.

De igual modo, continuaban sin tener el menor indicio acerca de los motivos que le habían llevado a arrebatarle la vida a aquellos tres pequeños.

Contaban con un dato que, al menos, podría servirles para poner en alerta a otras posibles víctimas. Resultaba bastante claro que sus objetivos eran niños varones de unos siete años e hijos de familias adineradas o con cierto poder adquisitivo.

Considerando la distancia entre sí de las distintas localidades en las que había cometido sus crímenes, suponían que debía tener fijada su residencia en alguna parte del norte de California, dentro del radio de acción en el que se había movido hasta esa fecha.

Había sabido tapar muy bien su rastro hasta ese instante.

No obstante, el hecho de verse asediado en las últimas horas podría incrementar su anhelo de buscar otros lares en los que cometer sus fechorías.

Antes de eso, y considerando la fecha tan concreta en la que cometía los crímenes, se avecinaba un largo proceso de enfriamiento y eso dificultaría la posibilidad de atraparlo.

Cabía una duda más. ¿Tendrían algo de verdad sus palabras cuando le dijo a los Banks que no podía quedarse a dormir a diario en la propiedad porque tenía que cuidar de su familia?

Si eso guardaba una mínima veracidad, quizá tras esa declaración residiesen las razones que le habían llevado a secuestrar y matar niños de una edad tan concreta.

Nadie conocía en verdad a Sebastian Emerson.

Después de interrogar a todos los miembros del personal de la finca, ninguno dijo saber realmente mucho sobre él.

Coincidían en que era un hombre muy reservado que no solía hablar de su vida personal, a pesar de todo el tiempo que habían trabajado juntos.

En cualquier caso, también coincidían en señalar que siempre se mostraba amable y dispuesto a ayudar.

—Al final, pasamos mucho tiempo aquí y llegamos a conocernos más o menos.

Pero Sebastian no era muy hablador —dijo una mujer de las que formaba parte del equipo que trabajaba en la cocina durante uno de los interrogatorios—.

Pero no puedo decir que fuera descortés o desagradable.

Todo lo contrario, siempre ayudaba en lo que podía y era muy agradable.

Creo que se equivocan con él. Debe existir alguna otra explicación de por qué se ha ido.

Además, cuidaba mucho del niño de la casa.

No le habría hecho nada —le defendió, incrédula ante la posibilidad de que pudiera ser el asesino.

—Nunca se llega a conocer verdaderamente a la gente —señaló un hombre de edad avanzada que se encargaba de cuidar los caballos que había en la propiedad. Desde luego, él no estaba tan seguro de que Emerson no estuviera detrás de aquel crimen.

—¿Por qué dice eso, señor Robinson? —le preguntó el policía que hablaba con él, considerando que quizá aquel hombre de rostro serio podría saber algo relevante.

—Porque es así. Poca gente muestra su verdadera cara y Sebastian no era diferente.

Si alguien no quiere compartir nada acerca de su vida personal quizá se deba a que tiene algo que esconder.

A mí me parecía demasiado solícito en ocasiones.

No es habitual que la gente se ofrezca a hacer trabajos extra por el mismo precio.

—¿Y él solía ofrecerse?

—Continuamente. Quería estar dentro de la casa y cerca del chaval. Si es verdad lo que se rumorea, está claro que tenía sus motivos —concluyó con amargura.