42 Búsqueda
N o podían permitirse el lujo de perder el tiempo.
Ni un segundo siquiera. Fuera quien fuera el asesino, había utilizado a aquel pobre diablo para ganar tiempo y buscar una vía de escape mientras todos estaban distraídos en otras labores.
Una vez más, demostraba ser inteligente y, además, muy ágil a la hora de improvisar una salida ante un imprevisto.
Sin embargo, ahora sabían algo que podría ser de utilidad.
El hombre les había dado una identidad, aunque sospechaban que no era la verdadera.
Desde luego, el nombre no coincidía con el que le habían proporcionado las otras dos familias.
Tres identidades diferentes para quien seguramente era la misma persona.
En la casa, se encargaba de labores de todo tipo, aunque en especial se dedicaba a las tareas de jardinería.
A Beckett le vino la mente la imagen de un hombre que vio arreglando unas flores uno de los días que acudió a visitar a los Banks.
¿Sería él? Tenía un vago recuerdo de sus facciones, pero seguramente podría reconocerlo si veía alguna imagen suya.
Por lo que relataron a la policía, el susodicho arreglaba cualquier cosa que se estropeara, lo que le daba acceso a todos los rincones de la vivienda.
De hecho, era el único que tenía acceso al cobertizo en el que se guardaban las herramientas.
Seguramente la conocía como la palma de su mano.
Eso le habría servido para escudriñar cada centímetro y definir cuál sería la mejor vía de escape sin que nadie se percatara de su ausencia.
Tanto Tom Beckett como Jim Blasco podían hacerse una idea de lo que eso implicaba.
Si se había llevado al niño, lo tendría todo bien planeado desde tiempo atrás.
Además, el crío lo conocía y no tenía por qué desconfiar.
Quizá hasta tuvieran alguna relación especial, tal vez porque le enseñaba cosas que al pequeño le resultaran de interés o porque le arreglaba los juguetes si se le estropeaban.
Por si todo eso fuera poco, tenía una llave maestra que abría todas las puertas de la casa, además de contar con las que se utilizaban para el exterior de la propiedad.
No había cabos sueltos para él. Tenía todo bajo control.
La familia le había abierto de par en par las puertas de su hogar, confiando en su buen hacer y dejándole libertad para hacer su trabajo.
Nada le habría detenido.
Estaban, sin lugar a dudas, ante un hombre habilidoso.
Lo había demostrado también ese mismo día, sacándose de la mano una creativa solución a la llegada inesperada de la policía para hacer el registro y tomar muestras de ADN.
Habían perdido la oportunidad de sorprenderle y volvían a estar un paso por detrás.
Se organizaron con suma celeridad para tratar de buscarle.
No podía hallarse todavía demasiado lejos.
No había tenido tiempo material para hacerlo.
Se repartieron por toda la casa, buscando en cada una de las habitaciones y dependencias por si se hubiese escondido.
Algunos agentes, salieron al exterior y peinaron el jardín.
No obstante, la enorme extensión del terreno dificultaba las cosas.
Pidieron más refuerzos y avisaron a más patrullas de demarcaciones cercanas para que le buscasen por los alrededores y dieran el aviso a otras dependencias policiales de las zonas limítrofes.
Todo resultó inútil.
Casi todo, en realidad.
Había cometido un fallo, puesto que en el dormitorio en el que se había quedado mientras trabajaba en la casa, encontraron unas maletas hechas que no se pudo llevar. Eran demasiado voluminosas y, cargar con ellas, habría enlentecido su huida.
Al fin, un golpe de suerte.
Tom tuvo la impresión de que aquellas maletas llevaban hechas varios días. No tenía por el momento forma de demostrar su teoría, pero era una fuerte corazonada fundamentada en lo que le habían contado las familias de los otros dos críos asesinados.
Ya había cometido el crimen y había pasado tiempo suficiente para decidir trasladarse a otro lugar.
Quizá había aguardado un poco más para no levantar sospechas de manera innecesaria.
Al fin y al cabo, la investigación seguía abierta y no le convenía ponerse en el punto de mira de la policía abandonando la vivienda y su puesto de trabajo de forma prematura sin motivación aparente.
Tal y como había hecho en los dos casos anteriores, lo más seguro es que esperase a que las pesquisas se enfriasen y los cuerpos de seguridad dedicasen sus recursos a otros menesteres más urgentes que fueran surgiendo.
Eso le daría una ventana para marcharse sin levantar ningún tipo de suspicacia al respecto.
Por suerte para los investigadores, disponían ahora de una gran cantidad de información que desconocían antes de llegar a la casa.
Estaban a punto de descubrir que contenían aquellas maletas.
Incluso estaban ante la posibilidad de que hubiera dejado en ellas pistas clave que les condujesen hasta él.
Tras dar por finalizada sin éxito la búsqueda por los lindes de la mansión y los alrededores, era momento de interrogar a los Banks y otros miembros del personal que se relacionaron con aquel hombre para conocerle un poco mejor y perfilar su personalidad.
Necesitaban obtener toda la información posible acerca de su manera de actuar para comprenderlo mejor y poder anticipar sus siguientes movimientos.
Y había algo más.
Entre las cosas que había dejado abandonadas, estaban un peine y un cepillo de dientes.
Tenían su ADN.
Ahora quedaba por saber si estaba registrado en el sistema.
No tardarían demasiado en averiguarlo.