Su último aliento 37 Sospechas
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37 Sospechas

E ncontrar alguna evidencia que conectara al asesino con los crímenes iba a resultar difícil.

Lo simplificaría bastante si lograsen descubrir dónde se escondía y que localizasen, además, los dientes de leche de los menores.

Salvo que verdaderamente se los extrajera a los niños y los coleccionase, parecía poco probable que tuvieran suficientes pruebas para conectar de manera irrefutable al asesino con los tres crímenes.

Esa era la situación. actual.

Ya se preocuparía de eso en el debido momento.

Hasta la fecha, contaban con otra coincidencia que resultaba interesante.

Un miembro del personal del hogar de las dos familias se había ido sin decir adiós poco después de que los críos apareciesen muertos.

Era razonable pensar que no había levantado sospechas, puesto que Blasco no le había comentado, hasta la fecha, nada acerca de que en los asesinatos de Daniel Raig o William Blake se manejase el nombre de alguien en concreto.

Debía contactar cuanto antes con los Banks para alertarles al respecto y que le informasen si alguno de sus trabajadores no acudía a su puesto sin avisar. Incluso en el caso de que les anunciase que estaba pensando en dejar el trabajo.

Sin embargo, había algo que no encajaba, pues el nombre que le proporcionaron los Blake no coincidía con el que le había facilitado la familia de Daniel Reig. Tal vez no tenían nada que ver con los crímenes ni uno ni otro y estaba intentando buscar conexiones donde no las había.

La otra posibilidad que todavía no podía descartar era que las identidades fuesen falsas.

Casi le parecía lo más lógico si se trataba del mismo hombre.

Proporcionar su identidad real si estaba planeando matar al hijo de sus jefes sería un error de novato que no casaba con un asesino mínimamente inteligente.

Necesitaría la ayuda de Blasco para desentrañar ese misterio.

—¿Novedades? —preguntó el policía nada más descolgar el teléfono.

—Eso parece. El pequeño de los Blake también apareció sin uno de sus dientes de leche y, además, unas semanas después de que descubrieran su cuerpo, un miembro del personal de la casa se despidió para no volver.

—Dos de dos. Es demasiada coincidencia.

—Eso creo yo, pero los nombres difieren.

—Eso me sugiere varias posibilidades: o bien son un equipo…

—Eso es poco probable en un caso como este —le interrumpió Beckett—. Sería muy complicado para ellos coordinarse de esta manera. Además, uno podría ser más impaciente que el otro y no le gustaría esperar a ese supuesto aniversario en el que parece que se producen los crímenes.

—Más o menos es lo que iba a decirte, pero no me has dejado terminar.

—Lo siento. Procuraré no interrumpirte de ahora en adelante.

—Continúo entonces. La segunda posibilidad es que no sea el mismo hombre, cosa que tampoco me cuadra porque, nuevamente, hay demasiadas coincidencias que sugieren un único asesino.

El modo en el que mueren los niños, su secuestro previo, el tema de los dientes de leche… Todo apunta al mismo perpetrador.

—Y la tercera supongo que es que nuestro asesino utiliza identidades falsas, ¿no es así? —trató de corroborar el detective.

—Justamente eso es lo que iba a decir.

—Y ahí es donde entras tú nuevamente. Tendrás que averiguar todo lo que puedas de los nombres que me han facilitado cada una de las familias. Busca su número de la seguridad social, antecedentes penales, domicilio, recibos de la luz… todo lo que se te pase por la mente.

—Tom, puede que te resulte increíble, pero sé hacer mi trabajo —bromeó Jim Blasco.

—Disculpa otra vez. Supongo que me puede el ímpetu por llegar a alguna parte por fin.

Beckett suspiró. Lo cierto era que estaba deseando dar caza a ese asesino y desasirse de toda esa carga emocional que le estaba suponiendo esa investigación. Su suponía que, con los años, uno se vuelve más paciente, pero no era eso lo que él sentía.

—Estaría muy bien si dispusiéramos de algo que llevase sus huellas o su ADN —sugirió el policía—, pero sospecho que no tendremos tanta suerte.

—Me temo que no. Pregunté en ambos casos si se había dejado olvidado algo, pero se llevó todas sus pertenencias. Además, aunque no se hubiese llevado un cepillo de dientes, por poner un ejemplo, hace mucho que se habrían deshecho de él.

—Pero todavía estamos a tiempo de conseguirlo de todos los miembros del personal de la casa de los Banks. Quizá sea hora de hacer una nueva visita a la mansión y recoger muestras de todos los trabajadores. Si está en el sistema, encontraremos a nuestro asesino.

—Espero que así sea —deseó Tom, aunque tenía serias dudas al respecto—. Procura conseguir una orden y yo me encargo de hablar con Gregory Banks antes de que alguien de su personal se vaya sin mirar atrás.