33 Incógnitas
L a madre de Daniel Reig miraba a Tom Beckett expectante.
La intriga de saber los motivos que le habían llevado hasta ella superaban sus reticencias a volver hablar del asesinato de su hijo.
El detective no lo sabía, pero una vez que cerraron la investigación por falta de pruebas, se había prometido a sí misma que jamás volvería a hablar de ello con ningún investigador.
Lo único que consiguieron en su momento fue hurgar en una herida ya de por sí honda y purulenta.
Le causaron un gran daño a cambio de nada.
No le habían devuelto a su Daniel.
Tampoco lograron atrapar al responsable.
Le hicieron sentir que era una mala madre por no haber sabido proteger a su hijo del mal que le acechaba.
Dudaron de ella y de su marido. Les cuestionaron y les interrogaron una vez tras otra.
Se convirtieron en sospechosos, a falta de otro mejor.
Eso era algo que jamás le perdonaría a la policía, todo el tiempo que sintió que perdían investigándolos a ellos en lugar de buscar al responsable.
El hecho de que se lo arrebatasen de su propia casa mientras dormían le provocaba un sentimiento de culpabilidad que era incapaz de afrontar, dos años después.
Daba igual que le hubieran dicho infinidad de veces que no podría haberlo evitado, porque ella seguía creyendo que le había fallado a su niño.
—Imagino que estará desconcertada porque haya venido hasta aquí, pero sospecho que ya se hace una idea de mis motivos.
—Prefiero que me los cuente usted directamente.
—No tengo todavía datos que lo confirme, así que quiero que entienda que todo lo que le diga ha de tomarlo con cautela —señaló, observando como la mujer asentía levemente—.
Tengo razones para creer que la muerte de su hijo podría estar relacionada con la de Harry Banks y la de otro crío que murió hace ahora un año.
Dorothy Reig procuró mantenerse impasible, pero sus emociones la delataron. De manera casi imperceptible, su gesto se contrajo por el dolor que le provocaba aquella posibilidad.
—Eso significaría que la inoperancia de la policía ha dejado libre a un asesino de niños que no duda en cobrarse más víctimas —expresó con rabia esta vez.
Tom no respondió a su comentario. No creía que fuera bueno alimentar más un fuego que no había terminado de extinguirse. Entendía su sufrimiento y la ira acumulada en su interior. Lo comprendía perfectamente porque él mismo había estado en su posición años atrás.
—Me gustaría hacerle algunas preguntas por si puede ayudarme a aclarar algunas cuestiones relacionadas con el fallecimiento de Daniel.
—Adelante.
Tom ya sabía por la información que le había pasado Blasco que el niño había estado desaparecido varios días antes de que encontrasen su cadáver.
Confiaba que los datos relativos a la autopsia se la facilitase el doctor Parker lo antes posible.
No pensaba preguntarle nada al respecto, puesto que solo le causaría un dolor innecesario.
Únicamente trataría de hallar información que hubieran podido pasar por alto en la investigación anterior.
—En primer lugar, me gustaría saber si ocurrió algo poco habitual en los días previos o posteriores al suceso —indagó el detective.
—¿Le parece poco habitual el secuestro y asesinato de mi hijo? —cuestionó con un tono que denotaba que se encontraba aún a la defensiva.
—Me refiero a si alguien les abordó a usted y su hijo con anterioridad, si el niño relató algo inusual que pudiera preocuparle, si alguien del servicio de la casa apreció algo fuera de lo común.
—Lo único inusual fue que uno de nuestros sirvientes nos dejó sin siquiera decir adiós.
Pero dudo que eso tenga nada que ver. Hoy en día, no puedes contratar a nadie de confianza.
Encuentran algo mejor y no dudan en dejar su puesto de trabajo sin avisar siquiera.
No le importó lo más mínimo el momento tan doloroso que estábamos atravesando.
Tom frunció el ceño.
—¿Cuándo ocurrió eso?
—Unas tres semanas después de que Daniel perdiera la vida.
Beckett frunció el ceño. El dato le resultó chocante, aunque no tenía por qué ser necesariamente importante. De cualquier modo, no perdía nada por recabar más información al respecto.
—¿Podría facilitarme sus datos? Y si tuvieran una foto sería de gran ayuda también.
Dorothy Reig se quedó paralizada por un instante.
—¿Está insinuando que él pudo ser el asesino de mi hijo? —preguntó con voz temblorosa.
A Tom le pareció que era una conclusión excesivamente precipitada, aunque comprendía que aquella mujer intentase obtener respuestas agarrándose a la más mínima posibilidad.
—Ni mucho menos, señora. Eso sería una imprudencia por mi parte.
Simplemente, estoy buscando hechos que se salgan de la norma por si tuvieran algún tipo de relación, pero le aseguro que estoy lejos de saberlo.
Está resultando difícil encontrar pruebas y no le voy a negar que quiero explorar cualquier opción por pequeña que sea.
Digamos que prefiero pasarme que quedarme corto —intentó aclarar el investigador.
La señora Reig se quedó pensativa, analizando las palabras de aquel hombre que había aparecido en su casa renovando la esperanza ya perdida de que hallasen al asesino de su hijo.
—Haré que la faciliten toda la información que necesite.
—Si fuera posible, me gustaría también obtener un listado de todas las personas que trabajaban en la casa en aquel momento.
—Cuente con ello. Haré que tenga todos los datos lo antes posible.
Beckett asintió con un leve gesto de cabeza.
—Tengo otra cuestión.
Observó que la mujer parecía cansada. No debía de tardar ya mucho más en dar por finalizada la entrevista.
—¿Qué más quiere saber?
—En el momento de la desaparición de Daniel, ¿recuerda cuántos dientes de leche se le habían caído ya?
—¿En serio, detective? —preguntó desconcertada.
—Sé que puede parecer una pregunta un poco extraña, pero necesito saberlo. Le prometo que, de no ser así, no la importunaría con algo semejante.
Tras unos segundos de vacilación, Dorothy Reig accedió a su petición.
—Tres dientes de leche. Lo recuerdo perfectamente porque, cada vez que se le caía uno, casi montábamos una fiesta. Daniel era un niño muy alegre que vivía todo con suma intensidad —relató nostálgica.
—Le agradezco mucho su tiempo, señora Reig. Le dejo mi tarjeta para que me hagan llegar lo que le he pedido lo antes posible, por favor.
—Lo haré. Y detective…
—Dígame.
—Manténgame informada si descubre algo, se lo ruego.
—Lo haré, por supuesto.