Su último aliento 31 Souvenir
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31 Souvenir

E n aquel momento, sonó el teléfono de Allan Parker. Respondió al primer tono, lo que hizo imaginar al detective que su tiempo con el médico estaba a punto de expirar. No obstante, antes de irse, debía compartir con él sus hallazgos y lo que quería que tratase de averiguar por él.

—Tengo la sala preparada —dijo el médico contestando la llamada—.

Enseguida aviso a uno de mis ayudantes para que me acompañe.

Sin problema. No, no puedo asegurarte para cuándo tendré lista la autopsia.

Ya sé que siempre es urgente y todos siempre tenéis mucha prisa, pero es lo que hay.

Lo agilizaré todo lo que pueda. De acuerdo.

Beckett asistía a la conversación del médico con impaciencia, puesto que esperaba poder obtener algo más de información de su parte. Tenían un nuevo frente abierto y aún no sabía cuál era el otro dato interesante que quería compartir Parker con él.

—Lo siento, Tom, pero no tardarán ya mucho en llegar —observó, acompañando sus palabras con un gesto de resignación.

—Lo comprendo. No tienes que disculparte. Has dicho que había otra cosa que querías contarme —señaló, para que no se olvidase de lo que tenían entre manos.

—Sí, sí. Después de un último examen al cadáver antes de finalizar mi informe, se me ocurrió volver a inspeccionar la cavidad bucal.

No sé si fue intuición o qué, la verdad.

El caso es que observé que el pequeño Harry conservaba todavía casi todos los dientes de leche, algo normal por otra parte, puesto que suelen caerse entre los seis y los doce años como pauta habitual.

No obstante, observé que faltaba un premolar y la sustracción de la pieza había sido muy reciente.

Cuando hablé con la familia, les pregunté al respecto y la madre me confirmó que únicamente se le había caído un diente hasta la fecha previa al secuestro y desde luego no coincidía con el que yo había visto.

—¿Insinúas que su asesino se llevó un diente de leche? —preguntó Beckett para confirmar lo que creía que estaba dando a entender el médico.

—No lo sé, Tom. Es tu trabajo averiguarlo, pero puede que así sea.

—Si lo que dices es cierto, estamos ante un asesino que colecciona objetos de sus víctimas —observó, casi pensando en voz alta. Aquello venía a confirmar, en parte, la teoría que estaban barajando Blasco y él.

—¿Qué querías pedirme tú antes?

—Verás, Allan, según lo que ha averiguado Blasco, hay otros dos casos que podrían estar relacionados. Se trata del asesinato de otros dos niños de la misma edad de Harry Banks a los que mataron el mismo día que a él, pero en años diferentes.

—Eso suena a demasiada casualidad.

—Y tú ya sabes lo poco que me gustan a mí las casualidades.

—A mí tampoco.

—Uno de los niños apareció en las inmediaciones de Salinas y otro en Santa Cruz. Son ubicaciones que no están muy lejos de aquí. No sé si tendrías acceso a los informes de las autopsias de los pequeños.

—Desde luego, no me suenan los casos, así que yo no estuve implicado en el proceso. Puedo tratar de averiguar si se llevaron a cabo aquí, aunque lo más probable es que los analizasen otros patólogos ajenos a nuestro centro.

—¿Y eso supone un impedimento?

—Bueno, aparte del hecho de averiguar quién realizó las autopsias, no creo que tenga demasiados problemas. No somos tantos forenses en la zona y mantenemos una buena relación. Si tienes el número de caso o los datos de los críos, puedo investigarlo.

—Eso nos sería de gran ayuda, en particular, porque tampoco me interesa que Blasco levante demasiado la liebre antes de que tengamos las cosas más claras. En especial, por lo que ha pasado hoy.

—¿A qué te refieres?

—A que alguien ha filtrado a la prensa información que solo manejamos nosotros dos.

—Eso no suena nada bien.

—Te aseguro que no es bueno, no. Parece que hay alguna persona muy interesada en nuestros movimientos y conversaciones.

—Pues más vale que os andéis con ojo y descubráis cuanto antes quién es el topo.

—Lo intentaremos.

En ese momento, se oyó ruido fuera de la sala. Traían un cuerpo para que el doctor Allan Parker averiguase cuáles habían sido las circunstancias de la muerte.

—Tengo que dejarte, Tom. El deber me llama. Procuraré enterarme de algo lo más pronto que pueda.

—Te lo agradezco, Allan. Siempre puedo contar contigo.

—Creía que eso ya lo sabías —apostilló con toda la intención.