30 Laboratorio
L lamó al forense por si este podía recibirle aquel día. Ahora resultaba incluso más perentorio hablar con él. No solo quería conocer si tenía más datos desde su última conversación, sino que también tenía que hacerle algunas preguntas con relación a los otros dos casos que habían descubierto.
Tuvo bastante suerte, puesto que estaba a la espera de que llegase un cuerpo y parecía que podía retrasarse, así que podía ofrecerle una ventana de tiempo indefinida, aunque inmediata.
En cuanto llegase el vehículo que lo transportaba, se pondría con ello.
Él no había sido el médico responsable del levantamiento del cadáver.
Había sucedido algo bastante inusual y anormal.
Una vez que el forense asignado lo había hecho, recibió una llamada muy urgente y tuvo que salir sin perder tiempo.
Había apuestas al respecto, pero parecía más que probable que la mujer del galeno se había puesto de parto.
Tal vez su acción impulsiva tendría consecuencias para él, pero para Allan Parker era una razón más que justificada.
Él también era padre y por nada del mundo se habría perdido el momento del nacimiento de sus dos hijas.
—Has llegado muy rápido, Tom.
—No había tiempo que perder. Ya tenía pensado contactar contigo hoy por si contabas con alguna novedad, pero ha surgido algo para lo que voy a necesitar tu ayuda.
Le relató brevemente los últimos avances que habían realizado Blasco y él. El gesto de su cara denotaba interés, pero también curiosidad.
—Me alegra saber que, por fin, el departamento de policía se muestra más abierto de mente y compartís información. Te aseguro que me esperaba cualquier cosa menos esa. Equivocarse por cosas así siempre es una buena noticia.
—Lo cierto es que no es así. Las cosas no han cambiado gran cosa. En realidad, solo mantengo contacto con Blasco y estamos colaborando a espaldas del resto.
—¿Te fías de él? —preguntó el forense extrañado. De sobra conocía que se amigo era un auténtico llanero solitario y hacía mucho tiempo que no investigaba en cooperación con nadie más. Que se mostrase tan confiado no era lo normal.
—Algo así. Creo que es un buen policía y que quiere hacer las cosas como es debido. Que compartamos la misma opinión acerca de Button es otro punto a su favor —explicó, sonriendo.
—Me alegro por ti, Tom. Quizá suponga un paso en la buena dirección. Quien sabe si al final no le coges gusto a trabajar con otros.
El detective supo a qué se refería, pero no quería hablar del tema. Ni ahora, ni nunca. No quería dejarse convencer por nadie de que merecía recuperar una vida en la que pudiera ser feliz.
—¿Empiezo yo o prefieres hacerlo tú? —preguntó Parker, puesto que Beckett ya le había comentado que tenía alguna información con la que necesitaba su ayuda.
—Cuéntame y luego te hago las preguntas oportunas.
—Bien, pues allá vamos. Creo que tengo algunas novedades que pueden ser relevantes para la investigación. Por un lado, no sé si recuerdas que te hablé de un polvo negro que había encontrado cuando analicé el cuerpo.
—Sí, recuerdo que lo mencionaste y que lo ibas a enviar al laboratorio.
—Sí, eso es. Y me ha parecido muy curioso el resultado, ya que el sospechoso polvo negro está compuesto de ingredientes químicos comunes —el forense se puso sus gafas de cerca y revisó sus notas antes de empezar a enumerarlos—.
Para ser concretos, el cóctel químico de estos polvos incluye óxidos de hierro, mica, dióxido de titanio, talco, sílice, estearato de zinc, dimeticona y triglicéridos.
Tom Beckett le miró con cara de no entender.
—Te agradezco mucho tu atención al detalle, Allan, pero si te soy sincero, para mí sería mucho más útil si me explicas específicamente de qué estamos hablando en un lenguaje llano.
—Claro, claro. Eso iba a hacer a continuación, Tom. Ya me imaginaba que esa lista no te iba a sugerir nada.
—Me alegro de que me comprendas.
—De lo que estoy hablando es de que, todos esos componentes químicos juntos, forman una base de polvos inertes combinados con colorantes para formar un cosmético.
Concretamente, me estoy refiriendo a un retocador del cabello.
Estos polvos están diseñados para adherirse, de forma temporal, a la fibra capilar.
De este modo, lo que se consigue es dar una sensación de más densidad al pelo en los casos en los que, por ejemplo, haya zonas en las que clarea debido a una alopecia o a una pérdida capilar motivada por cualquier causa. Además, se utiliza para cubrir canas.
—Es decir, que estamos ante un asesino preocupado por su aspecto, ¿lo he comprendido bien? —ironizó el detective.
El médico se rió.
—Lo cortés no está reñido con lo valiente, ¿no es lo que se suele decir?
El investigador movió levemente la cabeza hacia ambos lados en señal de incredulidad.
—Lo que no comprendo es que esos polvos estuvieran encima del crío. Supongo que se adherirán al cuero cabelludo. No creo que se vayan cayendo según avanza el día. El resultado sería bastante lamentable.
—No, claro que no. De hecho, están pensados para resistir incluso el sudor. Puede que le cayera una parte sobre su propia ropa y que de ahí se transfiriera al pequeño. Incluso cabe la posibilidad de que no se los aplique a sí mismo, sino a otra persona que no pueda hacerlo por sí misma.
Aquello le dio que pensar a Beckett, aunque no podía relacionar dicha información con nada que conociesen hasta el momento.
—Dijiste que tenías otra cosa para mí.
—Sí, eso dije. Esto creo que te va a sorprender incluso más.