29 Asesinatos
T om percibió cómo algo se agitaba dentro de él. Era la excitación de pensar que, por primera vez desde que comenzaron a investigar, cabía la posibilidad de que, por fin, hubieran dado con algo que podría conducirles en la dirección acertada.
—Se trata de dos pequeños de la misma edad que Harry Banks. Pero esa no es la única coincidencia, sino que también hay algo más: los dos críos eran hijos de familias adineradas y poderosas, aunque posiblemente no tanto como el caso de los Banks.
El investigador privado hizo memoria. Le sonaban esos casos entre los que localizó el día anterior en su búsqueda en internet.
Estaba convencido de que eran los mismos que aquellos que más le llamaron la atención, aunque no quiso descartar los demás.
No obstante, no se había dado cuenta de que pertenecían a familias con un nivel económico tan alto.
Lo que le había resultado más llamativo era que, en ambos casos, localizaron los cadáveres en la misma fecha.
—Creo que sé a cuáles te refieres —aseveró, sorprendiendo al policía—. Estuve haciendo mis deberes hasta altas horas de la madrugada.
—Eso explica tu mala cara hoy.
—Muchas gracias por el comentario. Me animas mucho —bromeó con una sonrisa torcida—.
Son dos niños que, si no me falla la memoria, aparecieron en Santa Cruz y en Salinas.
Las circunstancias de la muerte fueron bastantes similares a las de nuestra investigación.
De hecho, también fueron retenidos varios días antes de que encontrasen sus cadáveres.
Había algún caso más de los que había encontrado Beckett que guardaba importantes semejanzas con el de los Banks, pero sin duda, esos dos que había citado Blasco eran los que más se asemejaban.
—Tu memoria es excelente, por lo que veo. Y supongo que te diste cuenta de que había una coincidencia llamativa.
—Exacto. Ambos fueron asesinados el mismo día que el pequeño de los Banks.
—A eso me refería. Me parece que es un detalle bastante siniestro.
—Y obviamente debe ser una fecha señalada para nuestro sujeto desconocido por algún motivo que todavía desconocemos. ¿Has podido hablar con los departamentos de policía de las dos localidades? —preguntó el detective con ansias de conocer nueva información relevante.
—Todavía no, pero pensaba hacerlo hoy. Quería esperar a hablar contigo. Anoche a mí también se me hizo tarde.
Tom Beckett empezó a reflexionar sobre algo relacionado con lo que acababan de descubrir.
—Hay algo que no me gusta nada de esto —sugirió, mientras se rascaba la barbilla. El tacto áspero le recordó que empezaba a necesitar un afeitado.
—¿Qué exactamente?
—Si se trata del mismo hombre en los tres casos, este asesino demuestra un gran autocontrol. Es capaz de pasar un año entero sin actuar. Espera a la fecha concreta y, una vez que se cumple, mata a su víctima y desaparece hasta el año siguiente.
—Es cierto. Pero también nos deja una posible pista abierta —señaló Blasco con esperanzas renovadas.
Tom no estaba completamente seguro de que ambos investigadores estuvieran pensando lo mismo en aquel instante, pero valía la pena probar.
—Supongo que te refieres a que podemos buscar el origen de todo, ¿no es así?
—Por ahí van los tiros. Por un lado, ahora parece bastante claro que reside en la zona.
—Sí, opino igual. Conocer las rutinas de sus víctimas y decidir la mejor forma de llevárselas sin correr riesgos no es algo que se consigue viniendo quince días de vacaciones antes de secuestrar a los pequeños. Y más tratándose de los hijos de quienes son.
—Por otro lado— retomó su línea argumental Blasco—, parece que hay una fecha clave muy importante para él. Algo debió suceder que cambió su vida de alguna manera.
—¿Te refieres a un aniversario?
—Eso creo. Y lo bueno de que sea tan previsible en ese aspecto es que podemos investigar que sucedió ese día concreto el año anterior a su primer crimen.
—Quizá tengamos que remontarnos más tiempo. No podemos dar por sentado que solo transcurrieron doce meses desde entonces.
—Quizá. Pero, de cualquier modo, podemos acotar nuestra búsqueda a ese día D de los años anteriores. Y tuvo que haber un niño de siete años involucrado en algún suceso devastador para él. Tal vez, la muerte de su propio hijo.