Su último aliento 22 Darse cuenta
41%

22 Darse cuenta

D espués de la conversación con Daniel Curtis, Tom estaba cada vez más convencido de que aquel crimen no estaba motivado por la venganza, tal y como habían presupuesto desde un primer momento, sino que tenía connotaciones y raíces más oscuras.

Sabía que debía seguir todas las pistas y que había motivos para considerar que, detrás de ese crimen atroz, había alguien con deseos de hacer daño a la familia del pequeño.

Sin embargo, la naturaleza misma del crimen que tenía entre manos desmentía esa posibilidad.

El hijo de los Banks había sido retenido contra su voluntad en condiciones infrahumanas, encadenado por uno de sus tobillos, sin apenas alimento ni agua durante cerca de una semana.

Su captor había disfrutado mientras le veía sufrir, deteriorándose poco a poco, sufriendo durante cada segundo que estuvo encerrado.

El hecho de que el cautiverio se produjera en ese estado de privación refrendaba esta teoría.

Por si eso fuera poco, le había golpeado en numerosas ocasiones y terminó por asesinarlo cerca de la casa de la familia.

En cierta medida, parecía una última forma de tortura, hacerle saber que estaba cerca de los suyos y que estos no harían nada para impedir que le arrebataran la vida.

Demostraba un tipo de sadismo que ponía los pelos de punta.

Eso último, el hecho de que el crimen se cometiera tan cerca de la vivienda, era lo que les había llevado a pensar, entre otras cosas, en la venganza.

No obstante, todo lo demás hablaba de otra cosa.

Hablaba de una persona realmente cruel que disfrutaba con el maltrato.

Hablaba de alguien que no era capaz de sentir como el resto de los seres humanos.

Hablaba de un humano sin rastro de humanidad.

Alguien que quisiera vengarse, habría pretendido hacer sufrir a Gregory Banks o a Agatha, si fuera esta su objetivo en lugar de su esposo. En ese supuesto, con cercenar la vida de su vástago habría sido más que suficiente. El daño estaría hecho y los padres sufrirían lo indecible.

No obstante, no parecía que un trabajador cualquiera fuera capaz de algo tan desmesurado debido a un despido improcedente. Y aunque lo fuera, la forma de torturar al crío resultaba excesiva para una persona que no fuera especialmente violenta por naturaleza o debido a algún tipo de trastorno.

Los cuatro hombres que se encontraban investigando en ese instante no tenían antecedentes de violencia.

Los cuatro, además, eran padres de familia con hijos pequeños a su cargo.

En sus historiales no había faltas, salvo las quejas airadas después de ser despedidos.

No obstante, como trabajadores, no tenían tacha alguna.

Por la información que Blasco compartió con él, tampoco había logrado encontrar nada en su comportamiento que fuera reseñable.

Pagaban puntualmente sus impuestos y no existían referencias preocupantes en aspecto alguno.

De todos modos, tampoco tuvo demasiado tiempo para profundizar en sus vidas, pero si hubiera algo realmente turbio, era fácil que hubiera emergido en esa primera búsqueda.

No cuadraba.

Estaban errando en su planteamiento.

Debían buscar otro tipo de asesino.

Los depredadores sexuales estaban también fuera del radar. Aunque la policía estaba investigando también a los pedófilos que ya estaban fichados, en realidad no había motivos que lo justificara, ya que Harry no tenía ningún indicio de que hubieran abusado sexualmente de él.

Estaban ante un asesino que tenía otras motivaciones.

Buscaba la mera satisfacción que le producía herir y dominar a un ser vulnerable.

Debía ser alguien deleznable, de una clase de vileza imposible de disimular.

Seguramente, habría tenido encontronazos de forma habitual con la gente.

Alguien le recordaría por mostrarse desagradable y ruin.

Quizá era hora de hacer la investigación a la inversa, es decir, buscar tipos a los que recordaran por haber sido especialmente groseros o desagradables en el trato con alguien.

Pero no estaban ante alguien con pocas luces.

Seguramente no buscaría llamar la atención en modo alguno.

No buscaría jaleo por sí mismo, pues no intentaría llamar la atención sin motivo.

Simplemente, respondería ante un evento que no le agradara de la peor forma posible, pero no lo provocaría ni pretendería ser recordado por alguna razón más allá de mostrarse poco amable.

Era como buscar una aguja en un pajar.

Necesitaba buscar un filtro válido para esta nueva hipótesis.

Si estaba en lo cierto, resultaba bastante posible que todo el trabajo que habían hecho hasta el momento no sirviera de nada.

Se maldijo por ello, por los días perdidos buscando lo que no era.

Sentía la frustración ganar terreno dentro de él.

Tal vez es que ya no tenía el mismo instinto que era habitual en él, o simplemente que ese tipo de casos le quedaban grandes, en especial sin contar con los recursos necesarios que sí tendría si continuara dentro del estamento oficial de la policía.

El perfil psicológico del hombre al que buscaban poco o nada tenía que ver con lo que habían estado investigando hasta ahora.

El replanteamiento que estaba haciendo en su cabeza Tom Beckett apuntaba hacia un psicópata sin el menor resentimiento y que había actuado con cautela y frialdad, lejos de cualquier tipo de emoción como habían supuesto hasta la fecha.

La venganza es emocional y este asesino carecía de sentimiento alguno.

Llamó a Blasco.

Con el paso de los días, se había dado cuenta de que se entendían bastante bien.

Le apetecía compartir con él sus conclusiones y contrastarlas con lo que él pensara.

Era algo que echaba de menos de trabajar con otros, la posibilidad de contar con el parecer de algún investigador más, cosa que siempre le había parecido muy enriquecedora.

Entre otras cosas, compartir tus pensamientos con otros podía ayudarte a salir de tu error, algo casi imposible si alguien no te lo hacía ver.

Tendemos a confirmar nuestras hipótesis, a justificarlas y perpetuarlas, y todo lo que las contradice lo obviamos, salvo que alguien nos haga conscientes de ello.

Pero, para eso, tenemos que estar dispuestos a escuchar.