Su último aliento 16 Verdades
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16 Verdades

L as dudas del detective no hicieron más que asentarse al ver la cara del directivo de las empresas Banks.

Debía haber algo turbio que no querían que viese la luz.

Quizá algo relacionado con un tema de evasión de impuestos o con negocios no del todo lícitos.

Tomó nota mental de investigar si, en algún momento de los últimos años, habían estado en el punto de mira por cualquier causa.

Era fácil que, antes o después, este tipo de empresas tan grandes pisara terreno pantanoso cuando se expandían hacia negocios en los que no eran expertos.

Por otro lado, ya que el propio Timothy Render había sacado el tema de las pérdidas en bolsa. Se le ocurrió que quizá sería interesante averiguar algo al respecto. Quizá ahí se escondía alguna verdad incómoda.

—Insisto, detective, en que no me viene a la mente ningún nombre en concreto. Siento no poder ser de más ayuda —declaró, aunque el detective intuyó que no estaba siendo sincero.

Beckett le observó durante unos segundos.

El directivo le mantuvo la mirada sin atisbo de debilidad, aunque era evidente su incomodidad.

Estaba seguro de que no la apartaría bajo ninguna circunstancia, no alguien como él acostumbrado a mandar y dirigir.

Sería una forma de rendirse, de claudicar, algo que no iba con su carácter.

El investigador decidió ser directo.

—Creo que me está mintiendo, señor Render.

Y perdone mi atrevimiento por ser tan brutalmente sincero, pero es que no puedo permitirme perder el tiempo, ya se lo he dicho antes.

Si lo único que va a hacer es mostrarse falsamente amable y colaborador para que Gregory Banks no pueda decir que no me atendió, entonces prefiero que se quite la piel de cordero y saque directamente al lobo.

No me gusta que me traten como a un imbécil, se lo aseguro.

—No sea tan insolente, señor Beckett. No puede venir aquí a acusarme de ser un mentiroso porque no le dé las respuestas que usted espera. Tampoco creo que sea ético por su parte —señaló, visiblemente molesto.

—Ahora mismo la ética me da igual, se lo aseguro, en especial teniendo en cuenta que hay suelto un asesino de niños —respondió el detective de manera severa—.

En el fondo, le comprendo. Tengo la impresión de que lo que sucede es que usted cree que, si me da el nombre o los nombres que tiene ahora mismo en mente, puedo perjudicar a la empresa en algún modo.

Pero le aseguro que ese no es mi objetivo.

Recuerde que yo ya no pertenezco a la policía.

Si estoy aquí es por un único motivo y no es otro que encontrar al asesino de Harry Banks.

Los tejemanejes del negocio me traen sin cuidado.

Render le desafió con la mirada, entrecerrando un poco más sus ojos. La expresión que lucía en aquel instante, le hacía parecer una alimaña preparada para atacar. En contra de lo que pensaba el detective, le sorprendió con su respuesta.

—Está bien. Pero le aseguro que si dice que ha salido de mi boca, lo negaré rotundamente. Greg no está al tanto y no debe saber nada de lo que se diga en este despacho. Esos son los términos que le impongo.

—No puedo asegurárselo, pero desde luego no tengo intención de compartirlo con él si no es necesario. Como ya le he dicho, solo quiero encontrar al responsable de la muerte del crío.

—Es mucho lo que está en juego, señor Beckett —insistió, endureciendo la expresión de su rostro.

—Adelante. Cuénteme —concedió finalmente Tom Beckett.

Timothy Render parecía deliberar sobre un profundo dilema interno.

Tom se hacía cargo. Seguramente para aquel hombre cuyos únicos motivos válidos en la vida eran el dinero y los negocios, contar algo que los afectara en alguna medida debía suponer lo más grave que había hecho jamás.

Al detective se le revolvían las tripas pensando en ello.

Resultaba repugnante que lo más importante para alguien fuera el dinero, y no la vida de un pobre niño que podía haber muerto por los pecados de otros.

—Hubo una temporada en la que estuvimos recibiendo amenazas.

—¿A quién iban dirigidas?

—A Greg y su familia.

—¿Y no se lo dijo?

—No. Lo necesitaba centrado en aquel momento.

—¿A qué momento se refiere?

—A la salida a bolsa de una de nuestras empresas emergentes en aquel momento.

Las sospechas que minutos antes se generaron en la mente del detective empezaban a tomar forma. No obstante, no del modo que él suponía.

—Le agradecería que me relatase todo con detalle. No omita nada, por favor.

Render apretó las mandíbulas. No estaba acostumbrado a recibir órdenes de nadie ni a someterse a los designios de otros.

Un resquicio de moral o, quizá, una pizca de aprecio por Gregory Banks y un mínimo de empatía por el dolor de la pérdida que había sufrido el multimillonario, le estaban impulsando a hablar.

—Quiero que tenga presente que tenemos que filtrar mucha información antes de que llegue a Greg.

Las amenazas suelen estar a la orden del día, en especial entre trabajadores que son despedidos y sienten que eso no es justo.

También ocurre cuando la gente pierde mucho dinero por culpa de sus malas decisiones o por dejarse asesorar por ineptos que no saben nada.

—Al grano, señor Render. ¿Por qué entonces esas amenazas que ha citado son diferentes o, como mínimo, para tomárselas más en serio?

—Porque incluían fotos de Agatha y de Harry.