14 Piezas
C uando abandonó la oficina del forense del condado de Monterey, Tom Beckett sintió que le seguía faltando información trascendental.
El polvo negro que había encontrado en el cuerpo podría convertirse en una dato importante, si es que resultaba que no era tan común como simple ceniza u hollín.
No obstante, incluso si así fuera, dependiendo de los componentes químicos de los que estuviera compuesto, podría aportar alguna pista relevante para la investigación.
Como no era momento de construir castillos en el aire, decidió seguir recabando información de otro tipo hasta que la ciencia pudiera arrojar más luz.
Sin lugar a dudas, la familia Banks debía contar con un considerable número de enemigos.
Como mínimo, seguro que había una cantidad significativa de personas que les guardasen algún tipo de animadversión.
Ya que no había signos de abuso sexual en el pequeño, era presumible que los pedófilos y pederastas de la zona no fueran la primera opción a considerar como responsables del crimen.
Eso descartaba un buen número de posibilidades, lo que era de agradecer.
Además, ya se encargaría la policía de investigarlos.
Mientras lo hacían, él tocaría otros palos.
No podía permitirse perder el tiempo. No porque cambiara algo respecto al crío.
Ya estaba muerto y nada lo haría revivir.
Pero esos padres necesitaban respuestas.
Sabía de primera mano que era convivir con la ausencia de certezas.
Debido a la cantidad de negocios y empresas que manejaba la familia, era complejo decidir por dónde empezar.
Después de considerar el mejor punto de partida posible, Tom determinó que sería bueno hablar con las personas más cercanas al matrimonio.
Por un lado, familiares y amigos podrían ser una gran fuente de información.
No en vano, el niño había desaparecido de su propia habitación, lo que ya en sí podía ser indicativo de que se lo llevó alguien conocido que no levantaría sospechas.
Por otro lado, las personas de confianza que trabajasen junto a Gregory Banks podían ser portadores de datos relevantes en el caso.
Confiaba en que presentarse como el detective contratado por la familia le abriese todas las puertas necesarias, ya que estaba seguro de que la mayor parte de las personas con las que tenía en mente hablar mostrarían algún tipo de reticencia, bien por el estatus social que ocupaban, o bien por estar demasiado ocupados.
Antes de continuar, mantuvo una breve conversación con Jim Blasco, uno de los policías con los que habló en comisaría.
Este le dijo que estaban ya entrevistando al círculo cercano de la familia.
Era la segunda vez que lo hacían en pocos días, puesto que ya llevaron a cabo dichas entrevistas cuando el pequeño Harry desapareció de su hogar.
Por el momento, no habían obtenido ningún resultado interesante que debieran tener en cuenta.
Esa conversación le resultó útil. Por el momento, barajaría otras opciones mientras la policía seguía hablando con familiares y amigos.
Tras realizar un breve repaso de los contactos a considerar, se dirigió en primer lugar al centro de Carmel donde sabía que el magnate tenía la sede central de sus empresas. No le había avisado de sus movimientos, pero no creía que le importase que se presentase allí sin avisarle.
En primer lugar, quería hablar con su mano derecha.
Era por todos conocidos que Timothy Render era su hombre de confianza.
A sus más de setenta años contaba con una mente extremamente lúcida, lo que sumado a la larga experiencia que dan esos años le convertía en un baluarte de gran valor.
Había sido ya el hombre de confianza de su padre durante cerca de cuarenta años.
Conocía todos los entresijos de las empresas que constituían el grupo y era un hábil negociador, además de muy perspicaz.
Cuando Gregory asumió el mando del holding , valoró la posibilidad de sustituirlo por savia nueva.
Dicha vacilación duró una fracción de segundo, puesto que enseguida comprendió que prescindir de sus servicios podría ser su gran error.
Aquel hombrecillo enjuto, de mirada sagaz y cabeza privilegiada podría ser su mejor aliado, al menos al principio de asumir las riendas.
Con el paso del tiempo, se convenció de que sería una estupidez sustituirle, puesto que, pese a la edad reflejada en su documento de identidad, estaba al día de todas las novedades de los distintos mercados y parecía inconcebible que pudiera quedarse atrás en ninguna materia que fuera de su interés.
Ni siquiera el avance rápido de la tecnología le había supuesto impedimento alguno para estar a la última.
Algunas de las mejores decisiones que había tomado Gregory Banks, desde que ocupó el despacho que otrora fuera de su padre, habían sido gracias al certero asesoramiento de Timothy Render.
Era un hecho innegable que se repetía asiduamente, puesto que rara era la vez que no le pedía opinión antes de tomar alguna decisión relevante.
Tom Becket quería conocer en persona a aquel hombre del que había oído decir que era el verdadero artificiero del éxito de la familia Banks.
Sospechaba que debía tener un sueldo acorde con su valía.
De lo contrario, aquello podría suponer un motivo de rencillas con la familia.
No obstante, de no ganar lo que él considerase justo, seguramente provocaría que otra empresa pudiera hacerle una oferta irresistible.
No dudaba de que se le multiplicarían las novias si se producía el más mínimo rumor acerca de que estaba pensando en cambiar de aires por algún tipo de desavenencia.
Por el momento, no eran más que vanas elucubraciones que no tenía sentido alimentar hasta que pudiera entrevistarse en persona con él. Confiaba en que una conversación con él fuera bastante productiva.
Le costó encontrar aparcamiento cerca de la calle en la que se situaba la oficina central de la empresa.
No le importó. Es más, agradeció la posibilidad que se le ofrecía de ir caminando hasta allí.
Las aceras estaban concurridas, gracias a que la temperatura a esa hora estaba siendo bastante agradable.
Carmel era una localidad llena de vida. Le gustaría poderse contagiar del buen ánimo que se respiraba en la zona.
Sin embargo, perdió esas capacidad de disfrutar de los pequeños momentos muchos años atrás.
Vivía en un lugar que invitaba al disfrute, pero él parecía haber perdido la habilidad de hacerlo.
El edificio era lujoso, lo esperado para un conglomerado empresarial como aquel. Ultramoderno, con decoración elegante y minimalista, se encontraba tan limpio que el detective veía reflejada su imagen en el suelo. Debían encerarlo, al menos, un par de veces por semana.
Los espacios eran amplios y luminosos. El detective se vio sorprendido por una enorme secuoya que crecía en mitad de la recepción.
No comprendía cómo se las arreglarían para que sobreviviera en el interior del edificio.
Supuso que las condiciones de ventilación y luz debían estar bien medidas y cuidadas para favorecer su supervivencia en el interior.
Pasar el control de seguridad fue sencillo. Era evidente que estaban al tanto de lo que estaba haciendo para la familia. En cuanto mostró su identificación, se encontró con mínimas resistencias a su acceso al corazón de los negocios de la familia Banks.
Se encaminó al mostrador de recepción. Supuso que ahí empezarían los obstáculos. Como mínimo, le citarían para otro momento. Aunque él hubiera sido optimista dirigiéndose hacia allá sin avisar previamente, posiblemente la realidad le esperase a la vuelta de la esquina con una negativa.