Su último aliento 6 Familia Banks
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6 Familia Banks

L a familia Banks llevaba asentada en la zona cerca de dos siglos.

Sin embargo, el imperio empresarial que era en la actualidad no fue levantado de la noche a la mañana.

Requirió mucho esfuerzo y pundonor que las generaciones posteriores ya habían olvidado, acostumbrados como estaban los descendientes del apellido a vivir en la opulencia desde muy temprana edad.

No obstante, sí seguían compartiendo como un valor principal el de luchar sin opción a rendirse, sin pensar en quien se llevaban por delante, y el de afrontar la vida con la cabeza alta. Quizá esos rasgos de carácter estuvieran escritos en su ADN.

En sus orígenes, William Banks se dedicó a labrar la tierra.

Poco a poco, fue adquiriendo terrenos y haciéndose con ganado.

Vendía lo que producía de manera inteligente y sabía invertir bien.

Parecía algo innato en él, puesto que no tenía estudios de ningún tipo, sino que era un hombre hecho a sí mismo que aprendía de lo que veía.

Aquel pequeño agricultor pasó a convertirse en ganadero y no en uno cualquiera, sino en uno de los más importantes de aquella parte del estado en la que precisamente esa no era la actividad económica principal.

Las siguientes generaciones, fueron transformando los sectores de inversión de la familia, explorando nuevos campos acordes con el cambio de los tiempos.

Daba la impresión de que los Banks eran portadores de un olfato extraordinario para detectar negocios emergentes y poner su granito de arena en el momento preciso.

Sus tentáculos se extendieron al mundo del motor, incluyendo la fabricación de algunos elementos para aviación, medios de comunicación, telefonía y, más recientemente, energías renovables.

Los negocios de la familia, sin lugar a dudas, se situaban a la vanguardia de los tiempos.

No tenían reticencias a la hora de implementar aquellos cambios que fueran necesarios, con el único objetivo de no quedarse atrás.

Como buenos depredadores que eran, les gustaba la sangre y no temblaban en liquidar a sus oponentes cuando era lo que la situación requería.

La mayor parte de sus empresas en el momento actual no habían sido fundadas desde cero por ellos, sino que habían llegado a sus manos gracias a su extenso capital y su habilidad para invertir en el momento oportuno.

Era más fácil y eficaz hacerse con el control de otras que ya tenían cierto bagaje en el campo objetivo que fundar desde la nada una filial que podría fracasar por desconocimiento de ese terreno económico en el que se adentraban.

Por tanto, en muchas ocasiones iban adquiriendo cada vez más valores de un negocio concreto hasta que terminaban por convertirse en los accionistas mayoritarios y los dueños prácticamente a todos los efectos.

Gregory Banks tenía fama de ser un empresario despiadado.

Lo que en el argot suele conocerse como un auténtico tiburón de los negocios.

No le temblaba el pulso a la hora de liquidar empresas que no le resultaban rentables.

Tenía sus prioridades muy claras y tomaba decisiones sin que le supusieran ni el menor remordimiento las nefastas consecuencias que acarreasen para otros.

Entre dichas decisiones, se incluía el despido a discreción de quien fuera necesario, sin miramientos ni culpa alguna.

Nunca se paraba a pensar en las consecuencias que eso podía suponer para las familias que veían que, de la noche a la mañana, entraba un sueldo menos en casa, a veces, el único a todos los efectos.

Eso le había granjeado enemistades y mala fama, hasta cierto punto, bien merecidas.

No obstante, también generaba cierta admiración entre otros empresarios que no eran tan fríos y que se pensaban dos veces las cosas.

Quizá no fuera por consideración humana, sino por miedo a las posibles repercusiones legales si los despidos no eran totalmente procedentes.

Sin embargo, también era una realidad que muchos trabajadores querían formar parte de alguna de las empresas Banks, puesto que se rumoreaba que, si trabajabas duro y contabas con un poco de suerte, podías ascender con relativa facilidad y hacer una pequeña fortuna.

El sueño americano en estado puro. ¿Por qué no creer en un futuro prometedor en la tierra de las oportunidades?

En los meses precedentes al secuestro del pequeño Harry y su posterior asesinato, hubo muchas revueltas debido a los despidos masivos que se produjeron en una de las plantas de fabricación de uno de sus vehículos más emblemáticos. La situación era realmente tensa, más que en ocasiones anteriores.

A pesar de que habían empezado a fabricar una versión híbrida que se estaba vendiendo bien, habían prescindido de un número considerable de los constituyentes de la plantilla gracias a la automatización de una parte de la cadena de producción.

Todo apuntaba que eso iría ampliándose hasta reducir la mano de obra humana a mínimos históricos.

La tecnología ofrecía oportunidades sin igual para minimizar la necesidad de concurrencia de mano de obra humana.

¿Por qué derrochar dinero en sueldos cuando un robot podía hacer lo mismo con menos coste? Esa era la filosofía principal: máximo beneficio con la menor inversión. Los imperios no se alzan a base de caridad, sino justo debido a lo contrario.

Por todo ello, cuando saltó la noticia de la desaparición del pequeño Harry Banks, las primeras teorías apuntaban a motivos relacionados con la venganza o, en otro orden de cosas, tal vez un trabajador que se había visto en la calle de la noche a la mañana y que buscaba obtener un rescate jugoso.

A nadie le sorprendería que hubiera sido así, considerando el número creciente de trabajadores que ahora engrosaban la lista de parados.

Parecían argumentos válidos y se habían extendido como las teorías más populares entre la gente. Pero la policía no compartía esa opinión y mantenían abiertas otras líneas de investigación que, a la postre, tampoco les habían conducido a encontrar al crío con vida.

Según pasaban las jornadas, debido a que nadie había reclamado dinero a cambio de la vida de Harry Banks, ambas teorías se fueron viniendo abajo. Empezaron a surgir otras hipótesis, la más espeluznante de todas era si no habría caído en manos de algún pederasta.

En todas aquellas teorías había algo que era difícil de encajar, puesto que el pequeño había desaparecido de su dormitorio.

Resultaba un hecho casi inaudito, ys que el acceso a la vivienda era realmente complejo salvo que se lo llevase alguien de dentro.

Sin embargo, tampoco encontraron a ningún sospechoso entre los trabajadores de la mansión.

La ausencia de pistas y de resultados, puso muy nerviosa a la familia, quien había confiado en la labor de la policía en un primer momento.

Acudieron incluso a los medios de comunicación con la esperanza de que eso ayudase a que su hijo apareciera, a pesar de que no les agradara exponerse así ante la opinión pública.

Y finalmente lo hizo.

Encontraron a Harry Banks.

Pero lo hallaron cuando ya había sido asesinado.