75 Sofiya
SOFIYA
Me sentí muchísimo más ligera cuando Romeo me cargó fuera del avión, seguido de un Matteo gruñón con la ayuda de Enzo.
Llevaría tiempo curar el dolor que había entre nosotros, pero tenía la esperanza de que ambos pudiéramos volver a estar juntos.
Matteo me amaba.
«Él me amaba».
Su amor era valioso, sobre todo en ese momento que comprendía perfectamente lo que le costaba dármelo.
Llegamos al final de la escalera y solté un grito de alegría cuando vi a Sienna esperándonos con Noodle a un lado y mi silla de ruedas al otro. Se me llenaron los ojos de lágrimas cuando Noodle empezó a bailar alegremente. Todo su cuerpo se contoneaba furiosamente y lloraba de emoción.
Romeo me sentó en mi silla de ruedas y extendí los brazos hacia Noodle.
—Hola, bebé. Te extrañé tanto. —Me dio besos y apreté mi cara contra su pelaje—. Siento mucho haberme ido —murmuré, en voz baja y únicamente para él—. No fue por ti. Eres el mejor chico siempre.
Me aparté y me dio un beso en la cara. Esperaba que eso significara que me había perdonado. Noodle apoyó la cabeza en mi regazo, moviendo la cola, y levanté la vista hacia Sienna. Tenía lágrimas en los ojos mientras me abrazaba.
—Dios, ¿estás bien?
—Sí. —La abracé con fuerza—. Lo estoy.
—¿Quieres que lo mate? Porque lo haré. Traje un arma.
—Puedo escucharte —le recordó secamente Matteo.
Se apartó lo suficiente como para mirar mal a su hermano.
—Espera un poco para matarlo. Al menos por ahora. —Le di una palmadita en la mano a Sienna. Seguía con el ceño fruncido—. Si lo matas, no tendré el placer de verlo rogarme. Y... mi bebé no tendrá padre.
Se quedó boquiabierta y soltó un grito mientras brincaba.
—¿Estás embarazada? ¡Oh, Dios mío! —Me abrazó de nuevo y luego abrazó a su hermano, olvidando momentáneamente su enojo—. No puedo creerlo. Voy a ser tía. —Las lágrimas le resbalaban por la cara.
A pesar de que su emoción me conmovió, también experimenté un destello de incomodidad, esa sensación familiar que me decía que no debía alegrarme demasiado, que no debía mirar al futuro porque solo me traería decepción.
—Todavía es muy pronto, así que no hay ninguna garantía segura de que el bebé vaya a... —Me interrumpí, sin querer pronunciar las palabras.
—Este bebé será absolutamente perfecto. —Su voz era tan firme que casi le creí.
Matteo me agarró del hombro y se apoyó fuertemente en Enzo mientras me besaba la cabeza.
—Vamos a casa, Tesoro.
Sonreí y puse mi mano sobre la suya.
—Sí, a casa.