Su rechazo (Trilogía su posesión nº 2) CAPÍTULO 10 #2
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CAPÍTULO 10 #2

Este era Luca, el subjefe. Incluso si hubiéramos estado en una habitación llena de gente, habría sabido quién era. Emanaba de él un poder despiadado, templado solo por la forma posesiva en que tocaba a la mujer a su lado.

Cuando ella vio que su atención se había desviado, se volvió y nos dedicó una sonrisa acogedora a Enzo y a mí. No se me escapó cómo se le iluminaron los ojos al posarse en el hombre que estaba a mi lado, y sentí una punzada de algo frío y duro hacia aquella mujer.

Sin embargo, no duró mucho, porque era difícil sentir nada malo hacia alguien que saltaba de su silla para correr a darte un abrazo de bienvenida tan fuerte que no podías ni respirar.

—Sera, ella es Veda —dijo Enzo—. Veda. Sera.

—He oído muy poco sobre ti —me dijo una vez que me liberó de su abrazo mortal—, pero me alegro muchísimo de conocerte.

—Gracias —respondí—. Y puedo decir lo mismo de ti.

Se rio. Era un sonido extraño para mí en un hogar como aquel. En el mío nunca hubo risas mientras crecía. No tan alegres y despreocupadas.

—Ya me cae bien —le dijo a Enzo.

Luca se levantó de la mesa y se acercó a Veda.

—Es un placer conocerte, Sera. Por favor, siéntete como en casa mientras estés aquí.

Tampoco me ofreció la mano, y se lo agradecí, pues las mías estaban temblando.

—Gracias —dije—. Lo aprecio.

Sus ojos azules recorrieron mi rostro, evaluándome, mientras decía:

—Veda, ¿por qué no le enseñas a Sera dónde se alojará? Haré que algunos de mis hombres suban sus cosas.

—No es necesario —le dije—. Solo tengo una maleta. Y —señalé hacia Enzo— él también.

—Por favor, permite que uno de los hombres se encargue de ello —dijo—. Insisto.

Sin otra opción, asentí.

—Gracias.

Se volvió hacia Enzo.

—Ven a mi despacho mientras Veda le enseña la casa a Sera. Necesito ponerte al día de algunas cosas.

Enzo me apretó la mano y la soltó. —Nos vemos pronto.

Le dediqué una leve sonrisa y seguí a Veda fuera de la habitación.

—Lisa, la cocinera y asistenta de Luca, empezará a preparar la cena pronto. Pero si tienes hambre o lo que sea, podemos buscarte algo para ir tirando después del recorrido.

—Estoy bien, gracias. —Fruncí el ceño—. ¿Asistenta?

Veda asintió con una risita. —Así es como la llamo yo. Es la única a la que permite trabajar aquí, así que cocina, hace la compra, limpia y lo que haga falta.

—Ah.

—¿Te gusta nadar? La piscina es preciosa…

Veda parloteó sin parar mientras me enseñaba la planta en la que estábamos, y luego subimos. La casa tenía seis dormitorios, cada uno con su propio baño. Ella y Luca ocupaban la habitación más grande, a la derecha. Enzo y yo nos alojaríamos en la del extremo izquierdo, para tener más intimidad.

—Pero si necesitas tiempo a solas —me dijo—, haz lo que hice yo y múdate a otra habitación.

Los descoloca y no saben cómo reaccionar.

—Sonrió, aunque con un deje de tristeza—.

Aunque tengo que admitir que las pocas veces que dormí en mi propia habitación fue porque no estaba bien.

Luca me dejó mi espacio, pero solo hasta que decidió que ya era suficiente.

—¿Cómo lo haces? —le pregunté en voz baja. Había visto las cámaras de seguridad durante el recorrido y no sabía si también grababan el sonido.

—¿Hacer qué? Ah, esta es tu habitación. ¿Qué te parece?

Miré a mi alrededor. El dormitorio estaba decorado en tonos blancos.

Paredes blancas, alfombra color crudo, molduras blancas en el artesonado del techo.

La cama también era blanca, del color del trigo más pálido, con un edredón y almohadas en azul grisáceo y un puf de cuero azul claro a los pies.

Pero fue el ventanal con vistas al lago en la pared del fondo lo que me atrajo más allá de la cama, bajo un arco divisorio, hacia la pequeña zona de estar justo delante.

El sofá de dos plazas y la chaise longue hacían juego con la cama, en blanco cremoso con cojines azules.

El sol empezaba a ponerse y el cielo se teñía de rojo, rosa, naranja y azul sobre el agua. Era precioso.

—El baño está aquí. —Veda señaló una puerta a su izquierda, cerca de la cama—. También hay un vestidor dentro.

—Es precioso —le dije con sinceridad.

Se unió a mí junto a las ventanas y se dejó caer en la chaise longue mientras uno de los hombres de Luca entraba con nuestro equipaje y lo dejaba cerca de la cama. —Entonces, ¿cuál era tu pregunta?

Aparté la mirada de la ventana. —Te pregunté cómo lo haces. Cómo vives aquí con él. Con Luca —susurré—. Sabiendo lo que es. —Enzo me había comentado que Veda no era de nuestro mundo, aunque no me dio detalles de cómo había acabado aquí.

Miró por la ventana mientras pensaba la respuesta.

—No es fácil —me dijo con voz solemne—. Pero lo quiero, y él no va a cambiar.

Así que era aceptarlo tal como es o vivir sin él.

Elegí estar con él. —Hizo una pausa y su mirada se ensombreció con recuerdos que no estaba segura de querer conocer jamás—.

Luca luchó mucho por mí. Y los dos estamos pagando el precio. Pero nos tenemos el uno al otro.

—¿No te da miedo? Quiero decir, podrían arrestarlo. O matarlo. Y a ti también, solo por estar con él.

—Me aterroriza —admitió—. Luca es un hombre poderoso, pero no es invencible, por mucho que él se lo crea.

—Y aun así sigues con él por voluntad propia.

—Claro. Ahora. —Se rio—. Pero al principio, nuestra relación era mucho más unilateral.

A su favor. No al mío. Y la única razón por la que nos conocimos fue porque él creyó que estaba secuestrando a mi hermana gemela.

—Una sombra oscura cruzó su bonito rostro—.

Me vi atrapada en el juego entre Luca y su hermano, y a veces me sorprende haber sobrevivido.

—Se encogió de hombros—. Pero aquí estoy.

Debería haberme sorprendido, pero no. En absoluto.

—No pareces sorprendida —dijo.

—Porque no lo estoy. Mi padre es mafioso. Crecí rodeada de esta mierda.

—Bueno, supongo que eso es bueno. Te costará mucho menos adaptarte a vivir aquí que a mí. Joder, yo todavía voy a terapia.

Su sonrisa había vuelto, y no quería estropear el momento contándole la verdad sobre mi situación. —¿Enzo y tú sois muy amigos? —pregunté en su lugar—. Parecías contenta de verlo cuando llegamos. —No había sido mi intención hacer esa pregunta, pero mi boca iba por libre.

—Mmm —ladeó la cabeza con gesto indeciso—, no sé si «amigos» es la palabra correcta.

Enzo no deja que nadie se le acerque demasiado.

Excepto quizás Luca y Tristan. Pero ellos tienen mucha historia.

Sin embargo, cuando las cosas iban mal entre Luca y yo, él fue probablemente lo más parecido a un amigo que tuve desde que llegué aquí.

Era el que siempre tenía que vigilarme, y llegamos a conocernos un poco.

Y me estaba enseñando defensa personal, así que pasamos mucho tiempo juntos.

—Ah. —Definitivamente no me gustaba la idea de lo íntimo que tendría que ser el contacto entre ellos para eso.

—También moriría por Luca, y tanto él como Tristan han recibido balas que iban dirigidas a Luca. Así que ¿cómo no iba a quererlo?

No recordaba haber visto señales de heridas anteriores.

Aunque, claro, tampoco es que le hubiera mirado el cuerpo más que de reojo, con admiración.

Siempre había sido demasiado tímida para eso.

A diferencia de Enzo, que probablemente conocía cada estría y cada peca de mi cuerpo después de solo unas pocas noches juntos.

—Lo considero un amigo, Sera. Nada más.

Parpadeé, volviendo a la conversación. —Ah. No. Te creo. Y da igual de todas formas. Solo tenía curiosidad. Eso es todo. —Las mentiras me salían de la boca sin parar, y no sabía a quién intentaba convencer más, si a Veda o a mí misma.

No podía encariñarme con él. De ninguna manera iba a terminar atrapada aquí como Veda. Yo quería ser libre.

Y Enzo Delligatti nunca podría ser libre. Su mundo siempre estaría dominado por la familia del crimen organizado. Y si elegía estar con él, el mío también.