52 Julieta #2
Mis labios se entreabrieron mientras intentaba descifrar sus palabras, pero era como si hablara un idioma extranjero. ¿Quizá se habían equivocado acerca de por qué estaba aquí?
—Esta no es mi casa. —Por alguna razón, las palabras se sentían como ceniza en mi lengua—. No estaba segura en mi apartamento, así que Romeo me trajo aquí. Es algo temporal.
Sienna iba a decir algo, pero Sofiya la detuvo.
—Tranquila, Sienna. No todo el mundo se mueve tan rápido como nuestros chicos.
—Vino a mi lado y me dio un apretón en la mano—.
Dudo mucho que Romeo vea esto como algo temporal.
Pero sé que puede llevar un tiempo sentirse estable cuando toda tu vida cambia.
Y si aún no estás lista para remodelar este lugar, puedes ayudarme a elegir el diseño de mi cocina.
¿Tal vez debería elegir armarios de madera?
—El jefe sentiría un gran alivio —bromeó Dante.
Me sobresalté. Había olvidado que estaba aquí.
Sofiya lo fulminó con la mirada.
—Matteo dijo que le parecían bien los armarios de color rosa.
Dante sonrió satisfecho y yo tuve que ocultar mi sonrisa. No sabía mucho de la Mafia, pero imaginaba que no era normal que el Don tuviera una cocina rosa.
La puerta del apartamento se abrió y Angelo entró con Noodle a su lado.
—Hola, Malysh. —Canturreó Sofiya—. ¿Qué haces aquí?
—Estoy bastante seguro de que Noodle cree que Clementine es su bebé —opinó Angelo—. La estaba observando mientras dormía. —Llegó a mi lado y volvió a pasarme su teléfono.
—¿Hola?
—Joder, Julieta. Cinco minutos sin escuchar tu voz es demasiado tiempo. —Dios, ¿cómo se suponía que iba a actuar de manera normal cuando Romeo decía cosas como esa?—. ¿Crees que puedes salir del apartamento con Noodle? Me pareció que él te había relajado en el coche.
Se me estrujó el corazón al ver lo considerado que era. Noodle me dio un cabezazo en la pierna y me incliné para rascarle las orejas. Sacó la lengua y sonrió.
—Sí, puedo intentarlo.
—Esa es mi chica valiente. Si es demasiado, vuelve al apartamento y llámame.
—De acuerdo. —Me aclaré la garganta—. Gracias.
—No puedo esperar para verte esta noche.
—Lo mismo digo. Por favor, cuídate. —Aunque no sabía lo que estaba haciendo, supuse que había al menos un cierto peligro en ello.
—Qué adorable, maldición. Estaré a salvo, preciosa. Nos vemos pronto.
Colgué y le devolví el teléfono a Angelo. Sus ojos eran amables mientras lo agarraba.
—¿Quieres intentar tomar el ascensor?
Asentí, con un nudo en la garganta. Me pasó la correa de Noodle, pero miré a Sofiya.
—¿Te parece bien?
—Por supuesto —respondió—. Noodle no está trabajando ahora, pero estoy segura de que estará encantado de darte soporte emocional. No puede quedarse con nosotros en el campo de tiro, por eso no estaba conmigo. Los ruidos fuertes podrían dañarle los oídos.
Tomé la correa de Noodle y él apretó su cuerpo contra mis piernas, dándome su apoyo mientras nos dirigíamos a la puerta. Los pies me pesaban más a cada paso.
—No podía disparar estando embarazada porque los sonidos fuertes podían dañar los oídos del bebé.
¿Lo sabías? Porque yo definitivamente no lo sabía.
Hacer crecer a un humano es algo increíble.
En fin, ahora los chicos se han convencido de que tienen posibilidades de vencerme.
Como si me fuera a oxidar. —Sofiya se echó el cabello por encima del hombro antes de salir del apartamento en su silla.
—Todavía no has vencido a Romeo —apuntó Angelo. Me puso una mano ligeramente en la parte superior de la espalda mientras salía del apartamento, y yo mantuve mis dedos entrelazados en el pelaje de Noodle.
—Sí, sí. Simplemente estoy esperando mi momento, dándole una falsa sensación de seguridad antes de destruirlo.
Mi visión se volvió borrosa cuando todos entramos al ascensor. Era grande y estaba bien iluminado, con un espejo en la pared del fondo y paneles de madera a los lados.
—El jefe ha estado haciendo horas extras en el campo de tiro. Está practicando para la revancha —comentó Dante.
—Estoy segura de que así es —afirmó Sofiya—. No es que le vaya a servir mucho.
Sus voces se desvanecieron y se distorsionaron cuando las puertas se cerraron y el pánico se apoderó de mi pecho. Mis rodillas se debilitaron y me desplomé en el suelo, abrazando a Noodle y hundiendo mi cara en su pelaje.
—Ya casi llegamos —aseguró Sienna, agachándose a mi lado—. Cinco segundos más. —Contó por mí y apreté la mandíbula, con el estómago revuelto cuando nos detuvimos. Las puertas se abrieron y todos me ayudaron a salir rápidamente.
Sofiya tomó mi mano y la apretó con fuerza.
—¡Lo lograste! Es increíble. Ahora, ¿estás lista para ser una chica ruda con un arma?
Los ojos me daban vueltas al ver lo que me rodeaba. Nunca había estado en un campo de tiro, pero era más o menos como me lo había imaginado, un espacio grande e industrial con filas largas y blancos al final. Ya había algunos hombres aquí, enormes y de aspecto amenazante, y me puse tensa.
—Solo están aquí para aprender de Sofiya. —Se apresuró a explicar Sienna, percibiendo mi inquietud—. Si alguien te incomoda o quieres marcharte, solo tienes que decírmelo.
Tragué con dificultad. Todos estaban siendo increíblemente amables. No estaba acostumbrada a que me trataran así, y no era lo que habría esperado de la mafia.
—Vamos a intentarlo —musité.
Me despedí a regañadientes de Noodle y me concentré en Sofiya mientras me enseñaba las cosas básicas. Nunca había sostenido una pistola, ni había tenido el deseo de disparar una, pero ahora todo en mi vida estaba patas arriba, así que era mejor aceptarlo.
La pistola me pesaba en la mano cuando me puse en posición y apunté al blanco.