Su Julieta (Imperio de Realeza 2) 52 Julieta
64%

52 Julieta

JULIETA

Romeo se marchó temprano esta mañana, no sin antes despertarme con dulces besos que recorrieron mi cuerpo hasta acomodar su cabeza entre mis piernas.

Gracias a Dios, hacía un par de días que mi periodo había parado.

Me había lamido hasta que me corrí en una neblina somnolienta, sin saber si seguía soñando.

Luego me llamó buena chica, me besó en la frente y me dijo que volviera a dormir.

Me desperté de verdad unas horas más tarde, odiando que la cama estuviera vacía.

Estar sola en el apartamento me resultaba inquietante y no podía evitar andar de puntitas mientras me preparaba para el día.

Aunque el cabezal de lluvia de la ducha era bastante mágico, y había agua caliente ilimitada, a diferencia de mi mísero apartamento.

Cuando me dirigí a la cocina, encontré una bolsa de bagels en la encimera y queso crema de fresa en la nevera.

Parpadeé rápidamente. No iba a llorar por unos bagels.

Me limpié los ojos con el dorso de la mano mientras ponía un bagel en el tostador lujoso de Romeo.

No me había dado cuenta de lo fría que se había vuelto mi vida, de lo carente de amor y cariño que estaba hasta que estuve sentada en la cocina de un hombre al que apenas conocía desde hacía un par de meses, llorando mientras me comía el desayuno que me había traído.

Después de comer, deambulé un rato por el apartamento antes de acomodarme en el sofá. No estaba acostumbrada a tener tanto tiempo libre. Intenté leer, pero mi mente iba a mil por hora y no podía concentrarme. Finalmente, decidí poner Mario Kart. Tal vez podría mejorar mientras Romeo no estaba.

Habíamos pasado mucho más tiempo juntos en la última semana que antes, pero de algún modo, en este momento lo extrañaba aún más.

No sabía cuánto tiempo había pasado cuando tocaron la puerta. Puse inmediatamente en silencio el videojuego y escuché. Ahí estaba otra vez.

Se me aceleró el corazón. ¿Se suponía que tenía que abrir?

Me acerqué en silencio a la puerta y observé por la mirilla para encontrar a las dos mujeres que había conocido en la librería: Sienna y Sofiya.

Sofiya, que ahora sabía que era la misma Sofiya casada con el jefe de Romeo, ya no tenía barriga de embarazada.

Las mujeres estaban acompañadas por Angelo y el otro tipo que había estado con ellas aquel día.

Tomé mi teléfono y le envié un mensaje a Romeo, esperando desesperadamente no interrumpir algo importante.

Julieta

Oye, no quiero molestarte, pero Sofiya, Sienna, Angelo y otro chico están en la puerta. ¿Tengo permiso para abrirla?

Romeo

Por supuesto, nena. El otro tipo es Dante, el guardaespaldas de Sienna

Y tú nunca eres una molestia

Respiré profundamente y abrí la puerta.

—¡Hola! —saludó Sofiya. Eché un vistazo por el pasillo para ver si su perro de servicio estaba con ella y me decepcionó su ausencia.

—No sé si nos recuerdas —abordó Sienna—. ¿Estuvimos en la librería?

—Sí, me acuerdo —afirmé.

—Sentimos haberte visitado con engaños. Sabíamos que Romeo estaba interesado en ti, así que teníamos curiosidad —explicó Sofiya avergonzada.

—Oh. —Mi cerebro todavía estaba poniéndose al día con lo que estaba pasando, pero también estaba bailando por dentro porque Romeo les había hablado de mí.

—Y siento que no pudiéramos asistir a la firma de libros.

Ha habido algunos problemas de seguridad con lo de salir del apartamento.

—Sofiya arrugó la nariz—. Pero nos emociona mucho que estés aquí.

Romeo te ha estado escondiendo, así que tuvimos que aprovechar la oportunidad de pasar tiempo contigo.

—Ah, y estos son nuestros guardaespaldas, Angelo y Dante —expresó Sienna.

Fruncí el ceño mientras miraba a Angelo.

—Pensé que trabajabas para Empire Properties.

Ambas voltearon a mirarlo, y juré que se sonrojó.

—Ahh, no sabía cuánto sabías cuando te recogí —murmuró.

Sienna puso los ojos en blanco.

—Empire Properties es una empresa real, pero sobre todo opera como fachada legítima para algunos otros de nuestros negocios. —Antes de que pudiera descifrar el significado de sus palabras, continuó—: Iremos al campo de tiro y nos preguntábamos si querrías acompañarnos.

Parpadeé.

—¿Campo de tiro?

—Tenemos uno en la planta baja y yo doy clases —explicó Sofiya—. Tengo que asegurarme de que estos chicos no pierdan la práctica. —Señaló a los dos hombres grandes que estaban detrás de ella.

—Oh, no sé nada de armas —repliqué.

—Sofiya es una excelente instructora —aseguró Sienna, sonriendo—. Nos encantaría conocerte mejor, sobre todo porque estoy segura de que todo esto es un poco abrumador. Los hombres mafiosos no entienden el concepto de límites. Las chicas tenemos que permanecer unidas.

«Hombres mafiosos».

Maldita sea.

Escuchar a otra persona pronunciar esas palabras, sobre todo tan a la ligera, lo hacía aún más real. No es que creyera que Romeo mentía, sin embargo, una parte de mí seguía en estado de negación.

Sofiya y Sienna parecían realmente entusiasmadas por pasar tiempo conmigo, y yo también quería eso. No obstante, la sola idea de salir del apartamento o utilizar el ascensor me dificultaba la respiración.

Intenté inventar una buena excusa de por qué no podía acompañarlas.

Tengo que preparar la cena. «Sí, claro, no sé cocinar una mierda».

Tengo que trabajar. «Ajá. Saben que trabajas en la librería».

Tengo que… bañarme. «Por el amor de Dios».

No había ninguna buena razón por la que no pudiera bajar con ellos, salvo el hecho de que no podía bajar con ellos porque era una rarita defectuosa.

—No me gustan los ascensores —solté.

Aunque me miraron con expresiones confusas, eran amables. Angelo me observó detenidamente y tecleó algo en su teléfono.

—Oh —dijo Sofiya—. Está bien. A mucha gente no le gustan los ascensores.

—¿Quieres ir por las escaleras? Son como veinte pisos, pero podemos conseguir nuestros pasos y encontrarnos con Sofiya y Angelo allí abajo. —Sienna se encogió de hombros, sin inmutarse ante la idea.

¿Podría ir por las escaleras? Aun así, tenía que abandonar la seguridad del apartamento de Romeo y rodearme de gente nueva. Y una escalera estrecha probablemente no sería mucho mejor que el espacio cerrado del ascensor.

Angelo gruñó y dio un paso adelante, acercándome su teléfono.

Fruncí las cejas y lo tomé, llena de confusión mientras me lo acercaba a la oreja.

—¿Hola?

—Hola, Ángel.

La voz de Romeo calmó al instante la tensión de mi pecho. Respiré mejor y relajé mis hombros. La influencia que ejercía sobre mí tenía que ser una especie de brujería.

—Hola —repetí, como una idiota.

Soltó una risita, cálida y grave.

—Angelo me dijo que Sofiya y Sienna te invitaron al campo de tiro.

—Sí. —Me giré para no estar mirándolas directamente, aunque estaban haciendo un gran trabajo fingiendo que no me prestaban atención.

—¿Quieres ir, nena?

—Tal vez. —Mi voz era un susurro ronco—. Pero me da miedo salir del apartamento. —Romeo maldijo.

—Debería estar allí contigo, sin embargo, estoy en el norte del estado en este momento.

—No puedes quedarte aquí conmigo todos los días, todo el día. Además, te aburrirías.

—De ninguna manera, joder. Nada sobre ti es aburrido, especialmente cuando estoy enterrado en ese dulce coño o cuando estás durmiendo toda tierna con tu cabeza sobre mi regazo.

Mis mejillas ardían, pero no pude evitar sonreír.

—Espero de verdad que no haya nadie cerca para escuchar lo que estás diciendo.

Romeo se burló.

—Lo único que escucharían es lo obsesionado que estoy con mi chica. ¿Son mejores las escaleras que el ascensor?

—Tal vez. —Mi corazón se estremeció al pensarlo—. Pero aun así tendría que salir del apartamento.

—Me encanta que te sientas segura en tu nueva casa. Pero no quiero que te quedes encerrada en el apartamento.

Mis dedos se apretaron alrededor del teléfono.

—Lo sé. —Quería ser valiente. Odiaba sentirme tan atrapada en mi cabeza.

—Tengo una idea —dijo—. Devuélvele el teléfono a Angelo.

Le pasé el celular. Escuchó lo que Romeo decía y asintió con la cabeza.

—Vuelvo enseguida —le dijo a Dante—. ¿Las cuidas?

Levantó la barbilla, quedándose los tres en el pasillo, mirándome fijamente.

—Oh —vacilé—. Um, ¿quieren pasar? —Me avergoncé de lo grosera que había sido al quedarme parada en la entrada.

—Esperaba que lo preguntaras —comentó Sofiya, con un brillo travieso en sus ojos—. Nunca he entrado en el apartamento de Romeo y siento curiosidad.

Eso me hizo sonreír. Me hice a un lado para que pudiera entrar con su silla de ruedas, Sienna y Dante la siguieron.

—Oh, esto es muy bonito —pronunció Sofiya, trasladándose directamente a la cocina—. Quizá deberíamos optar por lo oscuro.

—Oh Dios mío, decídete. —El tono de Sienna era burlón mientras miraba a su amiga con exasperación.

—Pronto vamos a empezar a remodelar mi cocina —explicó Sofiya—.

Para hacerla accesible a la silla de ruedas.

Tengo el síndrome de hipermovilidad de Ehlers-Danlos, así que puedo caminar y a veces uso un andador, pero Matteo cree que es más seguro para mí usar mi silla en la cocina, ya que cocino y horneo mucho.

—En eso tiene razón —dijo Dante.

Sofiya puso los ojos en blanco.

—Sí, bueno, no por eso es menos autoritario. En fin, tenemos que terminar el diseño de la cocina pronto, pero no me decido por nada. Me gusta todo lo que Sienna me muestra.

—El diseño de interiores es mi otra pasión —comento Sienna—. Diseñé este apartamento para Romeo. Aunque fue fácil diseñar para él. —Miró de reojo a Sofiya—. Sobre todo, porque no tenía opiniones. Me encantaría renovarlo para que se ajuste más a tu estilo.

Automáticamente miré detrás de mí como si Sienna estuviera hablando con otra persona.

—¿Mi estilo?

—Sí —respondió, recorriendo con sus dedos las encimeras de color negro oscuro—. Hay un montón de cambios fáciles que podemos hacer para añadir más personalidad: pintura, papel tapiz, iluminación, revestimientos de pared. Aunque si quieres hacer una remodelación más grande, sin duda podemos.