51 Romeo
ROMEO
Julieta dejó su tazón vacío en la mesita y se sentó de nuevo en el sofá soltando un quejido.
—Estoy tan llena.
Sonreí.
—¿Te gustó?
—Estaba buenísimo. Me encanta la comida tailandesa. —Apoyó la cabeza en los cojines del sofá, con los ojos caídos.
Me di una palmada en la pierna.
—Ven aquí, cariño. Recuéstate.
La acomodé para que apoyara su cabeza en mi regazo. Buscó su almohadilla térmica, pero me le adelanté, se la puse sobre el estómago y la cubrí con una manta. Me regaló la sonrisa más dulce del mundo.
Acaricié su cabello perfecto con mis dedos, jugando con las puntas rosadas. No tardó en cerrar los ojos y quedarse dormida.
Deseé poder congelar este momento en el tiempo y quedarme aquí para siempre.
Siempre había tenido una energía inquieta en mi interior que me impedía quedarme quieto.
Había buscado peleas, peligros, cualquier tipo de acción para alimentar el incesante picor que sentía bajo la piel.
Sin embargo, desaparecía ante la presencia de Julieta.
Mis músculos se relajaron, todo en mi interior se calmó y únicamente estábamos ella y yo juntos en ese momento.
Me concentré en el programa de repostería que se emitía suavemente en la televisión para distraerme y no tener una erección.
Agarré mi teléfono para ponerme en contacto con Angelo.
Había estado trabajando con los soldados de la Bratva que Dimitri había enviado, poniéndolos al corriente de la amenaza albanesa y asignándoles sus puestos en la ciudad.
Angelo había aceptado inmediatamente hacerse cargo cuando me marché para estar con Julieta.
Romeo
Informe de la situación.
Angelo
Todo en orden. Uno de los chicos de la Bratva es experto en explosivos. Tenemos que usar más granadas.
Puse los ojos en blanco.
Romeo
Me encargaré de eso enseguida
¿Pero todo lo demás está bien?
Angelo
Todo bien. Cuida a tu chica.