49 Julieta
JULIETA
Un rato después, cuando ya nos habíamos aseado, Romeo acarició mi cabello con sus dedos mientras estábamos acostados uno frente al otro en la cama.
—Hablar contigo así por la noche me parece tan normal, excepto que ahora estás aquí —murmuré.
Me estrechó contra su pecho y metió una pierna entre las mías, enganchándola para que mi pierna de arriba se viera obligada a rodear su cadera.
—Lo prefiero así —replicó en voz baja.
Me moví un poco para quedar aún más cerca, con nuestras frentes juntas, y acarició mi piel con sus dedos.
—¿Te gusta el apartamento?
—Sí, es increíble. —Toda la pared trasera del apartamento eran ventanas con una vista increíble de Central Park.
—¿Te sientes segura aquí?
—Sé que hay buena seguridad.
—No, quiero decir… —Me abrazó con más fuerza, me puso la mano en la nuca y apretó mi cara contra su cuello—.
Quiero decir, ¿se siente seguro, como uno de tus lugares seguros?
Dijiste que solamente te sentías segura en tu apartamento, en la librería y en la tienda de bagels.
Quiero que esto se sienta como uno de tus lugares seguros.
Se me hizo un nudo en la garganta y lo abracé.
—Sí. Se siente como uno de mis lugares seguros. —O, al menos, como si pudiera llegar a serlo. Todavía me sentía incómoda aquí, especialmente si Romeo no estaba, pero no entraba en pánico. No tenía nada que ver con el apartamento ni con la seguridad, sino con Romeo.
Estaba bastante segura de que me sentiría segura dondequiera que él estuviera.
—Tengo que ocuparme de unas cosas mañana y estaré fuera gran parte del día. —Jugó con mi cabello, enroscando y desenroscando las puntas alrededor de sus dedos.
Si bien se me encogió el corazón, mantuve un tono relajado.
—Está bien. Sé que tienes que trabajar. Estaré bien aquí.
Sus labios rozaron mi cabeza.
—No quiero irme. A la mierda el trabajo.
—¿Estarás bien para trabajar? ¿No deberías tener permiso por enfermedad?
Se rio entre dientes.
—Son solo unos cuantos moretones. Estaré bien.
Le di un beso en la garganta.
—Si estás seguro.
—Estoy seguro. Estaré al pendiente de ti a lo largo del día, y siempre puedes llamarme si necesitas algo.
Asentí y lo abracé con más fuerza. Ya lo extrañaba.