11 Romeo
ROMEO
Me quedé observando mi teléfono, mi dedo flotando sobre el nombre de Julieta.
Había vuelto a mi apartamento después de ir al puerto.
No habíamos encontrado nada, pero varias horas agazapado detrás de contenedores de transporte significaban que mi espalda me estaba matando, recordándome que ya no era un hombre joven, maldita sea.
Me tumbé en el sofá, mirando su nombre en la pantalla como si fuera a invocarla. Si bien apenas habían pasado unas horas desde que había estado con Julieta, ya tenía síndrome de abstinencia.
No dejaba de pensar en ella. La forma en que soltaba un pequeño bufido cuando se reía. Las curvas suaves de su cuerpo. La forma en que se había inclinado para consolarme aquella primera noche, cuando admití lo que nunca había dicho en voz alta sobre que necesitaba el perdón de mi padre.
Habíamos estado a punto de besarnos antes de que nos interrumpieran. Quizás ese era el problema. No había tenido la oportunidad de sacarla de mi sistema.
En cuanto lo pensé, me sentí asqueado. Julieta ya estaba en mi organismo y no quería sacármela follándomela.
Quería tenerla cerca, atesorarla y mimarla.
Darme cuenta de que quería más con ella me dejó aturdido.
¿Había tenido alguna vez esta sensación?
Mi entusiasmo se aplastó inmediatamente bajo una ola helada de realidad.
Julieta no formaba parte de mi mundo. No entendería la oscuridad en la que yo vivía, y yo no la arrastraría a ella.
Tiré el teléfono al sofá con un gruñido. Debería dejarla vivir su vida y seguir con la mía, pero no sabía si era lo bastante fuerte para hacerlo.
Tal vez podríamos ser amigos. De ese modo, podría asegurarme de cuidarla y, al mismo tiempo, mantener una distancia suficiente para garantizar su seguridad.
Hablando de cuidarla, tenía algo más que hacer. Salté del sofá, ignorando cómo me crujían las rodillas, y me dirigí al apartamento de Sienna. Saludé con la cabeza a Dante, su guardaespaldas que estaba en el pasillo, y toqué a su puerta.
Pasaban los segundos y mi impaciencia aumentaba. Finalmente abrió la puerta con los brazos cruzados y las cejas levantadas.
—¿Sabes que es más de medianoche? Podría haber estado durmiendo.
Puse los ojos en blanco. Todos en este edificio éramos noctámbulos.
—Sabes que estarás despierta al menos dos horas más.
Refunfuñó, pero se hizo a un lado para dejarme entrar.
—Necesito un favor.
—Sorpresa, sorpresa —dijo Sienna.
La seguí hasta la cocina, donde había un plato de galletas junto a la tetera hirviendo. Durmiendo, sí cómo no.
Me descubrió mirándolas y puso los ojos en blanco.
—Una galleta, ¿está bien? Te juro que mi hermano se las comió casi todas hace un rato. Apenas pude llevarme estas.
Sofiya era una increíble repostera, y todos luchábamos como criaturas rabiosas por apoderarnos de todas las delicias que nos fuera posible.
Agarré dos galletas de chispas de chocolate, y ella frunció el ceño.
—No es el comportamiento de un hombre que quiere un favor.
Sonreí. Molestar a Sienna era divertido. Puede que fuera hijo único, pero ella era como una hermana para mí.
Nos sirvió tazas de té y me miró fijamente.
—Bien, ¿cuál es este favor que necesitas a medianoche?
—¿Puedes ver información sobre negocios específicos gestionados por Empire Properties?
Arrugó la nariz.
—Eso es literalmente lo último que pensé que dirías. ¿Ahora te interesa el lado legítimo de las cosas?
—Para nada —me burlé. No había ningún mundo en el que pudiera imaginarme abandonando a la Familia y trabajando de forma legal. Trabajar fuera de la ley era demasiado divertido—. Solo necesito información sobre un negocio en particular.
—Ajá —expresó, dejando el té en la mesa y agarrando su laptop—. ¿Y de qué negocio se trata?
—La librería Olive Branch.
Comí mis galletas mientras ella tecleaba en su computadora.
—Muy bien. Librería Olive Branch. Propiedad de Arturo Prati. Han sido dueños de la librería durante varias generaciones y siempre han tenido vínculos con la Familia.
Refunfuñé.
—¿Puedes ver si han tenido un aumento de alquiler recientemente?
—Tienes que darme una pista de lo que está pasando aquí —comentó.
—La otra noche tuve que esconderme en esa librería para escapar del Carnicero. Vi en una carta que les habían subido el alquiler y pensé en investigarlo como agradecimiento.
Sienna golpeó el teclado con sus largas uñas.
—Vaya, qué considerado de tu parte. Debías de estar aburrido ahí escondido si te pusiste a revisar su correspondencia. De acuerdo, veo un aumento del diez por ciento en el alquiler.
—¿Eso es mucho?
Se encogió de hombros.
—Nunca he pagado alquiler.
Hablando de vivir en mundos diferentes. Julieta tenía que preocuparse por el dinero, y a juzgar por el edificio de apartamentos de mierda en el que vivía, no tenía mucho. Era injusto. ¿Por qué iba a tener yo fondos ilimitados cuando Julieta estaba estresada por el alquiler de la librería?
Me pasé la mano por el cabello.
—¿Podemos revertirlo? ¿Bajar el alquiler? Ella no puede pagarlo.
—¿Ella? ¿Quién es ella? —A Sienna se le iluminaron los ojos y me maldije por mi error—. Ahora estamos llegando a algo —opinó, frotándose las manos.
Intenté disimular mi error.
—Ella solo es la encargada de la librería. Arturo está jubilado.
—¿Cómo sabes que está jubilado?
Mierda. Normalmente era mejor que esto evadiendo preguntas.
—Puede que la gerente estuviera allí la otra noche.
—Ahh, así que quieres asegurarte de que la linda vendedora de libros no tenga que pagar más alquiler.
Crucé los brazos.
—¿Cómo sabes que es linda?
Sienna simplemente se rio.
—No lo sabía. Puedo ajustar su alquiler en el sistema y enviarle una carta oficial haciéndoselo saber.
—Gracias —pronuncié fulminándola con la mirada.
—Creo que quieres decir, gracias, eres la mejor, más lista y más guapa hacker del mundo.
—Sí, sí.
—Tal vez vaya a esta librería. A echar un vistazo.
Me levanté para irme.
—No te metas, Sienna. Deja la librería en paz.
—Lo que tú digas.
Volví a mi apartamento, con mi resolución firme.
Romeo
¿Qué tal el resto de tu velada?
Julieta
Bueno, ahora sé que eres un noctámbulo.
Mierda. Era la una de la mañana.
Julieta
Pero está bien. Yo también lo soy. El resto de mi noche estuvo bien. Tranquila. ¿Y la tuya?
Romeo
Bastante tranquilo aquí también.
Estaba sudando la gota gorda. ¿Por qué era esto tan jodidamente difícil? Prefería estar en un tiroteo que redactar un texto para Julieta.
Romeo
Tengo una propuesta para ti.
Julieta
¿Qué tipo de propuesta?
Romeo
Creo que deberíamos ser amigos.
La burbuja apareció, indicándome que estaba escribiendo, y luego desapareció antes de volver a aparecer. Contuve la respiración, esperando su respuesta.
Julieta
Interesante propuesta.
Romeo
Sí, muy interesante.
¿Cuál es tu respuesta?
Julieta
Me robaste mi pizza y me tomaste como rehén aquella vez… pero supongo que esta noche lo compensaste con comida a domicilio.
Así que acepto.
Me invadió un alivio aturdidor. No me permití pensar demasiado en por qué esto era tan importante para mí… por qué ella era tan importante.
Romeo
Es muy amable de tu parte.
Julieta
Así soy yo.
Pero también… gracias. No tengo muchos amigos.
Un nudo fuerte se instaló en mi garganta. Mi mundo estaba lleno de secretos y engaños, y aquí estaba Julieta, honesta y vulnerable.
Romeo
Bueno, ya no te podrás deshacer de mí.