Su Julieta (Imperio de Realeza 2) 10 Romeo
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ROMEO

No, maldita sea.

Joder, por supuesto que no.

De ninguna puta manera Julieta estaba viviendo aquí.

Su edificio de apartamentos era un enorme rectángulo sucio, y bastaba un vistazo para saber que los tres tipos que merodeaban por la puerta principal eran traficantes.

La sujeté con más fuerza. ¿Qué probabilidades había de que notara algo si seguíamos caminando hasta llegar a un apartamento lo bastante bueno? Se lo compraría, en cualquier edificio de la ciudad que quisiera. O podría llevármela a casa.

La visión de ella metida en mi cama bailaba ante mis ojos, extrañamente tentadora.

El mensaje de Matteo decía que habíamos recibido información urgente.

Debía haber llegado a casa hace diez minutos, pero ahora no podía quitarme de la cabeza la idea de llevarme a Julieta conmigo.

Podría sentarse en mi regazo toda adorable, como Sofiya hacía a menudo con Matteo.

—¿Romeo?, ¿está todo bien?

Miré la expresión de confusión de Julieta.

—¿Qué? —Mi voz salió demasiado áspera y ella se mordió el labio. Respiré profundamente y suavicé mi tono—. ¿Este edificio es seguro?

—Oh. Llevo viviendo aquí un par de años y no he tenido ningún problema. Casi siempre soy muy reservada.

No me moví, mi mente daba vueltas mientras intentaba decidir qué hacer.

Julieta me picó en el costado.

—Pensé que tenías prisa.

—La tengo. —Sin embargo, seguía sin soltarla. ¿Por qué era tan difícil? Nunca había sentido algo así por otra persona, y la intensidad de eso me incomodaba.

Mi teléfono volvió a vibrar y suspiré.

—Necesito que te mantengas a salvo, Stellina. Lo digo en serio.

Ella sonrió.

—Lo haré.

La acompañé a pasar junto a los tres tipos de la entrada y abrió la puerta del vestíbulo. Mi teléfono volvió a vibrar y apreté la mandíbula. Quería acompañarla a su apartamento, pero tenía que irme. Además, si no me iba ahora, la echaría sobre mi hombro y saldría corriendo de aquí.

—Hablaremos pronto —le dije, y la abracé por última vez—. Que pases una buena noche, Ángel.

Sus mejillas se tiñeron de rosa mientras me miraba.

—Tú también. Cuídate en lo que sea que estés haciendo.

Mi boca esbozó una sonrisa.

—Entendido.

La miré mientras atravesaba el vestíbulo lúgubre y subía las escaleras. Cuando la perdí de vista, me acerqué a los traficantes de la escalera principal.

—¿Saben quién soy?

Inmediatamente dejaron de hablar y negaron con la cabeza. Puede que no supieran quién era yo, pero podían percibir el peligro que me rodeaba.

—Soy Romeo De Luca.

Sus ojos se abrieron de par en par.

—Bien, ahora ya saben quién soy. ¿Esa chica con la que estaba? Manténgase alejados de ella.

Asintieron furiosamente con la cabeza.

Rodé los hombros y me dirigí a la calle. Era hora de volver a mi vida real.

—¿Dónde demonios has estado? —preguntó Matteo cuando entré a su oficina.

—Necesitaba un poco de aire.

Me miró con escepticismo, sin embargo, no estaba listo para contarle a alguien sobre Julieta, así que tomé asiento frente a él.

—¿Franco encontró algo? —inquirí.

Suspiró, restregándose la cara con la mano.

—No, pero Sofiya habló con las chicas que rescataste.

Arqueé una ceja, sorprendido de que hubiera dejado que Sofiya fuera a los apartamentos de la casa de seguridad.

—No fue decisión mía. Ella insistió —reviró.

—¿Ahora la obligas a descansar? —Mi sonrisa se ensanchó ante su mirada fulminante como respuesta. Me gustaba fastidiarlo, pero de pronto comprendí su renuencia a separarse de su esposa—. ¿Qué dijeron las chicas? —indagué.

—No hablan mucho inglés, pero los hombres que las transportaron al club no paraban de decir la palabra “liberty”.

Fruncí el ceño.

—¿Como la Estatua de?

—O el Puerto.

Carajo. Había una instalación de transporte de contenedores en Staten Island llamada Port Liberty.

—¿Crees que así es como están metiendo a las chicas?

—Franco consiguió algunas de las imágenes de vigilancia. El software de reconocimiento facial tuvo una coincidencia parcial con el Carnicero. La cara del hombre estaba en las sombras, pero podría haber sido él. Eso fue hace dos noches.

—¿Crees que trajeron más chicas?

—No tengo la menor idea. Seguiremos vigilando las grabaciones, pero necesito que lo investigues esta noche.

Asentí.

—Reuniré un pequeño equipo y me comunicaré con Franco por radio.

—Gracias. —Matteo se movió en su silla. Esperé a ver si iba a decir algo más—. Siento no poder acompañarte. Sofiya no me quiere en el campo, sobre todo ahora que está a punto de dar a luz.

—Tiene sentido. Nosotros nos encargamos de esto, Fratello. Para esto me tienes a mí.

Se pasó la mano por la cara y miró por la ventana hacia la ciudad oscura.

—No estoy acostumbrado a quedarme de brazos cruzados.

—Las cosas han cambiado.

Antes de que conociera a Sofiya, nunca habría imaginado que mi hermano cambiaría su comportamiento por una mujer, aunque supuse que eso era lo que te hacía el amor.

—Sí —respondió—. Estaré escuchando por radio esta noche.

Asentí y me di la vuelta para marcharme, pero Matteo me detuvo.

—¿Me dirías si pasara algo? Sé que anoche fue duro. —Sus palabras sonaron forzadas.

Resoplé.

—¿Ahora vamos a hablar de nuestros sentimientos?

Me hizo una seña con el dedo y sonrió.

—Sofiya ha estado molestándome acerca de las emociones y esa mierda.

—Estoy bien. Ya me vengué de esos bastardos.

No obstante, mientras salía de la oficina, volví a tener la sensación de que la venganza no era suficiente.