Storm Breaker (Stormbreaker 1) Capítulo 71 #2
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Capítulo 71 #2

Se deja caer al suelo y se apoya contra la pared de enfrente.

Se le cierran los ojos mientras respira con dificultad.

Incluso desde aquí, puedo ver que está temblando.

He de deshacerme de esta parálisis. Si nos queda alguna esperanza de sobrevivir, tengo que poder caminar. No me va a poder cargar ni un paso más.

Me centro en los miembros flácidos, animándolos a moverse. Consigo cerrar un puño y, poco a poco, levanto el brazo, como si saliera de un cascarón lacado.

—Rook —consigo susurrar, aunque sale distorsionado de mi lengua paralizada.

Abre los ojos de golpe. Cruza el túnel en un santiamén, de nuevo totalmente alerta.

—Está desapareciendo —dice, tomándome la mano y besándome los nudillos—. Joder, estaba muy preocupado.

Caigo en la cuenta de que todas sus expresiones de tranquilidad y consuelo eran tanto para él como para mí. Esperamos unos minutos más a que el resto de mi cuerpo recupere de nuevo la sensibilidad. Estoy débil y temblorosa, pero creo que por fin puedo caminar.

—Deberíamos seguir avanzando —dice Rook—. Sé que estás confusa y que tienes un millón de preguntas, pero aquí no podemos resolverlas. —Cada palabra que sale de su boca es como una piedra que atraviesa una pared.

—Necesitas ayuda —digo, señalándole el lugar por donde la sangre fresca se le ha empezado a filtrar por las vendas y la camisa.

—Estoy bien —dice—. No podemos pararnos aquí.

No está bien, pero ya me ha cogido de la mano y me está levantando. Cojo una de las mochilas y me la echo a los hombros mientras él recoge la segunda.

—Vamos —dice, tomándome de la mano mientras continuamos adentrándonos aún más.

Todo está en silencio, salvo por el sonido de nuestros pasos y las respiraciones pesadas y entrecortadas.

Ahora que ya no carga conmigo y con las dos mochilas, Rook parece haber recuperado fuerzas, mientras me insta a apresurar el paso.

—Casi estamos —dice, tras haber estado los dos callados durante un buen tramo—. No te pares.

Estoy agotada, me duelen las piernas y los brazos, y tengo la garganta seca. Pero no me quejo. Por lo menos yo no estoy sangrando, joder.

Oímos un sonido de disparo a lo lejos, y los dos nos detenemos, cruzando la mirada bajo la exigua luz.

—¿Nos han encontrado? —pregunto.

—Más rápido —dice—. La salida está por ahí.

Señala lo que parece un punto muerto.

Se nota que está haciendo un gran esfuerzo, en un desesperado intento por aguantar.

No obstante, se está poniendo más pálido por momentos.

Me pregunto cuánto más podrá aguantar.

Si se muere… No lo quiero ni pensar.

—Es aquí —dice, volviéndose en mi dirección.

Extiende las manos hacia mí, esperando que acepte. Lo miro a los ojos y luego miro hacia atrás al túnel en penumbras.

—Poet, no te obligaré a venir conmigo —dice, leyéndome el pensamiento—. Pero aquí ya no estás a salvo.

Después de un año de incertidumbre, me encuentro ante otro cruce de caminos. Obligada a tomar otra decisión imposible.

Otra decisión que cambiará mi vida para siempre.

—¿Quién eres? —pregunto, y hace un gesto de incomprensión.

—Soy exactamente quien te dije que era, Poet.

—Ah, ¿sí?

—En lo esencial, sí. Aunque había cosas que no podía contar. Vine aquí para conseguir algo, y no pensaba que pudiera confiar en nadie de Amery.

—¿Conseguiste ese algo?

Aprieta los labios con fuerza y niega con la cabeza.

—Ni siquiera estuve cerca de lograrlo, pero mis instrucciones eran abandonar la ciudad si alguien descubría lo que andaba buscando.

—¿Las instrucciones de quién?

Con cada palabra que sale de su boca, me surgen más y más preguntas.

—De mis superiores —dice, y estoy a punto de preguntarle qué significa eso cuando suena otro disparo a lo lejos, atrayendo nuestra atención.

Escudriñamos la oscuridad y luego nos miramos.

—Tenemos que irnos —dice, todavía con la mano extendida hacia mí.

Su tono de voz no es de orden, sino de súplica. Contemplo su rostro, sus ojos almendrados, entendiendo que se han difuminado los límites de la verdad de Rook. Dice ser exactamente el mismo que me dijo que era, pero es obvio que no lo conozco en absoluto.

Solo tengo dos opciones.

Puedo irme con él y arriesgarme, o puedo quedarme aquí y tener una muerte segura.

—¿Ahora confías en mí? —le pregunto.

No sé por qué me importa, pero necesito saberlo.

Rook no duda.

—Sí. —Inspira hondo y suelta un gruñido cuando lo consume una ráfaga de dolor—. Y te pido que confíes en mí. Al menos para llevarte a un lugar seguro.

Prometió que me protegería. Y quizá sea la mujer más idiota del mundo, pero le creí.

Y, por lo que parece, lo sigo haciendo, porque cuando me quiero dar cuenta estoy asintiendo.

Cierra su mano sobre la mía y me atrae hacia él.

—¿Vendrás? —pregunta, con el alivio escrito en cada uno de sus rasgos.

—Sí —respondo. Me sale como un suspiro.

—Gracias —susurra, y se da la vuelta.

No estoy segura de por qué me da las gracias exactamente, pero sigo a Rook hasta el punto muerto cuando se oyen más sonidos a lo lejos, pero ahora más cerca.

Pasa las manos por la superficie hasta que acciona un resorte.

La roca tiembla y luego se empieza a deslizar, mostrando una abertura estrecha y un túnel que va hacia arriba.

Estoy demasiado sorprendida para moverme. Una entrada secreta a Nuevo Manhattan. ¿Cómo la ha hecho? Lo más probable es que no haya sido Rook, sino esos superiores que acaba de mencionar.

—Vamos —dice, volviendo a cogerme de la mano.

Pero nos han descubierto. Las voces resuenan a la vuelta de la esquina, llamándonos.

—Venga —insiste, y avanzo a trompicones con su brazo sirviendo de apoyo a mis pasos aún vacilantes.

Los pasos y las voces se oyen cada vez más fuertes. Ni siquiera intentan ser sigilosos. Están dentro del túnel y se están acercando.

Rook me empuja por la abertura y después entra él. Revisa la pared en busca de cualquier mecanismo que cierre la puerta desde este lado.

—¡Allí! —grita alguien—. ¡Detenedlos!

Rook maldice, presiona y hurga en las piedras, con los dedos temblorosos.

—¿Dónde está? —murmura para sí.

Ahora los guardias se acercan rápidamente, corriendo a toda velocidad. Suena un disparo, que impacta en las piedras por encima de mi cabeza. Grito cuando las piedras caen sobre nosotros, pero Rook sigue buscando.

—Poet, sube por el sendero —me ordena, pero soy incapaz de moverme.

Por fin, se oye un sonido metálico, y la puerta vibra y comienza a cerrarse lentamente. Los guardias se encuentran a solo unos pasos, y el que viene primero salta hacia delante justo cuando la roca se le cierra en las narices.

Rook se deja caer contra la pared, respirando con dificultad.

—Joder, qué cerca ha estado.

Entonces la roca comienza a vibrar y nos caen escombros alrededor. Al otro lado están haciendo algo, intentando llegar a nosotros.

—Tenemos que seguir avanzando —dice, cogiéndome la mano.

La suya está fría y sudorosa. No sé cómo es capaz de seguir caminando.

Me adelanta y tira de mí por un camino empinado.

A lo lejos, oigo a los guardias. No han encontrado el interruptor para abrir la barrera, pero solo es cuestión de tiempo.

—Casi llegamos —promete Rook mientras nos adentramos en el túnel.

Oigo el chirrido familiar de la roca contra la piedra. Han abierto la puerta. Rook me aprieta la mano, caminando más rápido hasta que echamos a correr. Nuestros pasos resuenan a nuestro alrededor, mezclándose con los de la persecución de los guardias a lo lejos.

Llegamos a otro punto muerto, y Rook saca su brújula del bolsillo. Está llena de sangre, pero observo anonadada cómo la encaja en una ranura y la gira.

Una llave.

Es una puta llave.

Oigo un tintineo metálico y luego un fuerte chasquido.

Otro bloque de roca se estremece y se abre con un chirrido, deslizándose lentamente.

Tardo varios segundos en notar una brisa fresca y la luz de las estrellas que se filtra por las grietas.

Con la mano de Rook aferrada a la mía, lo contemplo asombrada mientras mi mundo vuelve a cambiar.

La puerta tarda otro segundo más en acabar de abrirse del todo y entonces me encuentro en el umbral de… las Cloacas.